lunes, 23 de diciembre de 2013

Días 20, 21, 22 y 23: Intercomunicaciones cuánticas

Alguien que lleve juiciosas cuentas notará que hoy es el día 24 del blog, pero hubo un salto cuántico que me transportó al día de ayer. Así que hoy es 22 de diciembre, día 23 del blog. En unas pocas horas, la integridad del espacio-tiempo se recuperará y tendré que escribir la entrada correspondiente al día de hoy. 

Pero esta es solo una excusa para introducir el tema, hoy quiero hablar de Física Cuántica.

Hoy, mientras escuchaba una versión en reggae del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band leí una de esas notas de ciencia popular que tanto me gustan y de las que me alimento hasta estar al borde del sobrepeso. Hablaba sobre teletransportar luz por medio de enlaces cuánticos de partículas elementales. Dejo aquí el link para lecturas más profundas: http://www.livescience.com/13715-teleportation-schrodingers-cat-quantum-light.html 

En alguna parte el artículo dice que tal vez nunca seremos capaces de teletransportar un ser humano y decir "Beam me up, Scotty" a lo Star Trek. Apenas leí esa sentencia pesimista se me vino a la mente un fragmento de "Perfiles del Futuro" del señor Arthur C. Clarke (la mente creativa detrás de 2001: A Space Odyssey) en la que condena con vehemencia toda clase de augurio pesimista sobre el futuro de la tecnología. Hace ochenta años nadie pensaba que el teletransportar luz fuera una posibilidad real; era a lo más, un delirio de alguno de esos escritores de pulp fictions del estilo Amazing Stories o Astounding que tanto idolatro.

Puede que con mucha inversión y ciencia se logre teletransportar a un Spock cualquiera de vuelta al puente de una Enterprise NCC-1701 cualquiera, pero en mi opinión, nunca será necesario hacerlo. Mucho más cercana está la tecnología necesaria para teletransportar información, ya sea por medio de apareamiento cuántico (aparear dos partículas separadas incluso por miles de años luz para que una acción sobre una genere la reacción correspondiente en la otra) o transportando la luz, como en el experimento descrito en el link. 

Pero, ¿y el deseo aventurero, el explorar otros mundos, civilizaciones alienígenas, galaxias lejanas?

Durante toda nuestra ruta evolutiva hemos tenido pegados nuestros órganos sensoriales a nuestro órgano computacional (llámese cerebro). Esto nos ha hecho, de alguna manera, pensar que nuestro procesador de información debe estar presente en el lugar donde ocurre el fenómeno. Pero no creo que esto sea necesario en el futuro. Piense el lector en la sensación de realidad que se crea en una sala de cine 3D. Sin estar presente en el lugar de la grabación, uno llega a pensar que uno mismo es parte del escenario. Solo es necesario sofisticar los métodos y las formas para codificar la información y llevarlas al instante a nuestro cerebro. Podemos estar en algún mundo inhabitable de Andrómeda sin siquiera levantarnos de la cama. De ahí la importancia de la comunicación cuántica (obviando contactos alienígenas al instante que con nuestra actual tecnología tomarían miles de años en un simple "Hola, ¿cómo estás?").

Me excuso conmigo y con el hipotético lector por la forma tan atropellada en que desarrollé mi argumentación. Al pensar en todo esto por primera vez —y aún ahora cuando lo escribo— desbordo en entusiasmo. Esto es Ciencia Ficción de la pura y buena, mi terreno.  

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