jueves, 11 de enero de 2018

Más de cinco razones para volver

No sé cómo empezar este post y no precisamente porque no sepa qué decir. Al contrario, si volví al blog bazofia es porque la vida me dio más de cinco razones para volver, no solo al blog sino a la vida misma. Pero no supe cómo empezar porque están desafiladas las espadas del texto y esa es de hecho la primera razón para volver. No en orden de importancia, prioridad, relevancia, no. Simplemente fue la primera que se me ocurrió para darle una estructura a este texto igual de bazofia que todo lo demás que he publicado en este bien querido blog bazofia que me ha sabido acompañar en los momentos más difíciles, en los cambios más radicales, en los giros de la tómbola que es la vida, la vida que quiero vivir a lo Maradona el del guante blanco calzado en el pie del lado del corazón, y también cuando se esfuerza la máquina, de noche y de día, me llaman calle, calle baldosa la revoltosa, bala perdida... 

La última vez que pasé por aquí vine después de un concierto y una noche de sueños muy intensos y dirigidos; me vi forzado a escribir de nuevo aunque había pasado un buen tiempo sin darle a la tecla más que en ocasionales noches de piano-teclado-sintetizador o cualquier palabreja que me venga en mente para evitar la terrible "organeta". Detesto esa palabra, aunque no tanto como la llama mi viejo, "pianola". Llama mi viejo, casualmente (el universo tiene una forma bien curiosa de tejer su entramado) e interrumpe esta disertación que más parece divagación sin origen ni destino, un montón de palabras a la deriva y es que esa es la segunda razón que me dio la vida para volver. Perdí el rumbo hace tanto tiempo que si volviera a pasar por el momento fatídico simplemente no lo reconocería. Muchos años los desgasté viviendo un engaño... on the outside I was the greatest guy but I was dead inside... y sí, si me estoy robando el título de esta entrada de una canción pues por qué no robar frases de otras canciones, como si no lo hubiera hecho un millón de veces ya. Meh. No me importa. No importa porque de nuevo siento que tengo un rumbo y un montón de razones, más de cinco razones para volver...

Muchas veces dije que la autodestrucción consciente era una de las armas más poderosas para luchar contra el sistema de mierda que nos rodea y nos permea hasta la médula del hueso, el sistema de mierda que mata el alma y la convierte en un número y un signo pesos dólares euros yenes yuanes whatever, tú me entiendes, yo me entiendo. Pero la autodestrucción debe parar cuando ya no hay nada más por destruir, cuando se ha cavado tan profundo que no quedan más que el minúsculo relicto de alma que el sistema aún no ha podido podrir y un montón de desperdicios alrededor de lo que alguna vez fue un sujeto admirable por fuera y admirablemente muerto por dentro. En ese instante, cuando el alma queda desnuda, puede empezar la reconstrucción y debo decir que si la autodestrucción es titánica tarea evadida por todos hasta el cansancio, hasta la náusea y el vómito, hasta la embriaguez de los licores fáciles e inmediatos, pues la reconstrucción es el verdadero reto, es el Himalaya, y esa es la tercera razón para volver y querer conquistar los ocho mil ochocientos cuarenta y ocho, pues la vida me dio más de cinco lecciones pa' no seguir y otras cinco razones o más para vivir...

La penúltima vez que esta página en blanco convirtió mis sentimientos en letras me había quedado con las ganas de querer en mis labios, en los suyos, en mi alma, en la suya, en mi corazón abierto al suyo y en su corazón cerrado al mío vaya a saber quién sabe cuál dios por qué demonios. Pero ya está, nadie que está muerto por dentro puede querer sin hacer daño ni hacerse daño. Eso explica de cierta forma que todos mis intentos por querer a mi mujer favorita de turno hayan resultado, tarde o temprano, en estrepitosas caídas al abismo sin saber por qué, culpando siempre a la suerte y al universo por mis errores. Recién ahora entiendo lo que significó el fin del mundo de los mayas, recién entiendo que con ella no pudimos salvar el mundo aquella vez porque no quise y recién logré perdonarme porque recién descubrí el que fue mi error, mi mejor acto de sabotaje, mi ceguera autoinducida. Aquí está la cuarta razón para volver y querer volver a querer querer pues alguna vez leí que querer es un estado volicional de segundo grado o simplemente que uno quiere querer y ya está, aunque es putamente difícil dejar de querer querer y si no lo crees pues dilo tú que, si por obra de todos los dioses del Olimpo estás leyendo estas frases absurdas, ya debes estar harta de que quiera derrumbar la Muralla China entre los dos. No puedo o no quiero dejar de querer quererte o tal vez sí o simplemente no lo sé y me acostumbré mal, me gusta cuando estás y me gusta si te vas, no sé de qué manera me gusta más. Tengo más de cinco razones para quererte y sé que quise decir tu nombre cuando mi primita me preguntó a quién quería querer... si pudiera elegir sabría qué decir, no quiero estar solo nunca más (otra vez robando frases de canciones). Ahora tengo tanta vida que quiero volver a querer y para querer es necesario volver... 

Ni siquiera un choque eléctrico con esas máquinas de los hospitales que usan para revivir a los aspirantes a cadáver (y cuyo nombre no quiero googlear pues prefiero admitir que esta vez me falló el dizque extenso vocabulario) habría funcionado con el zombie que hasta hace poco fui. Necesité estar en el centro de una tormenta eléctrica y por un segundo pensar que ya no solo estaba muerto por dentro sino también por fuera, necesité ver el flash que lo cubre todo de blanco por siempre, aunque esa vez fue solo un segundo que duró una eternidad, necesité fundir todas mis sinapsis y volver a conectarlas desde cero, una a una, en un viaje al interior de mi mente y fuera del universo, necesité esforzar la máquina hasta el máximo para volver a sentir la vida que fluye por mis venas en ríos multicolor, entre vibraciones excelsas, gloriosas, que me hicieron celebrar como la más grande de todas las victorias el simple hecho de estar vivo por dentro y por fuera y sentir la vida de nuevo en cada célula. Necesité canalizar toda mi energía en un solo punto como el más poderoso láser, como el arpa que es capaz de perforar la estratósfera con sus notas y romper las costuras de la Tierra con su vibración para darme cuenta de que la vida me dio más de cinco razones para volver. Se esfuerza la máquina de noche y de día, me llaman calle y ese es mi orgullo no me rebajo ni por la vida... 



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