Esta entrada de blog es particularmente especial.
Pensé que podría terminar el libro de Georgescu-Roegen en tan solo dos días y esa idea, que ahora descarto, es patente de que estuve pordebajeando la potencia del razonamiento del genio rumano. No porque lo haya subestimado, sino porque no imaginé que una disertación sobre el papel de la entropía en el proceso económico tuviera que estar tan sólidamente fundamentada en filosofía de la ciencia. O bueno, sí lo imaginé, si no lo hubiera visto venir significaría que el último año de trabajo fue perdido y, te lo puedo asegurar con todo lo que soy, querida/o lector(a) imaginaria(o) que el último año de trabajo fue el más provechoso de mi vida hasta ahora. Simplemente no pude dimensionar el nivel de densidad del libro, que igual tampoco es taaaan denso, pero sí exige tomarlo con calma pues, en palabras del gran Clovis Cavalcanti, ese libro te hace hervir el pensamiento. Ya pasó una semana desde que me prometí, de forma absurda, terminarlo antes del grado, o mejor, como regalo de grado. Que igual lo viene siendo, aunque también vino un libro que me tiene casi igual de ansioso, un regalo de un amigo de los de vieja data, de los del primer semestre del pregrado.
En estas breves líneas puedo evidenciar de alguna forma lo que siempre he sospechado desde que empecé a escribir: el libro que uno está leyendo influencia el estilo literario a la hora de la verdad, cuando uno está frente a la hoja en blanco y las manos están ansiosas por sacarle fuego a la tecla. Ese extraño fenómeno hace que la elección de los libros por venir sea de relevancia fundamental para cualquier escritor yanoamateur casicasiprofesional como su humilde servidor. Sí, ya no me considero taaaan amateur como cuando empecé a escribir este blog y los otros blogs que lo precedieron, aunque este texto grite lo contrario. Ya estoy en otro nivel, se supone. De alguna forma y más allá de las ceremonias, las fotos, los brindis, las palabras, la fiesta, la embriaguez de gloria, de whisky y de aguardiente, me siento en un nivel diferente.
Esta entrada de blog es particularmente especial. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo aquí sin estar triste, desanimado, deprimido, con el corazón roto, tremendamente confundido, con ganas de mandarlo todo a la mierda, de nadar en mierda o de simplemente buscar el camino para poder vivir hablando mierda sobre este mundo de mierda, desesperado buscando una salida de mi océano de mierda... Esta es una entrada especial, extraña, diferente. La palabra es diferente. Lo puedo notar en cada golpe que dan las yemas de mis dedos al teclado de mi computador viejo, lo puedo notar en el estilo, en las palabras que fluyen, en cómo fluyen. Es altamente evidente que este texto carece de lo que se ha convertido en la marca característica de este bien querido blog bazofia: el estilo taciturno, las figuras rebuscadas, las constantes distorsiones de la gramática, la incorrecta redacción (no, la incorrecta redacción se mantiene, pero hoy es diferente) y las ideas oscuras, fluyan mis lágrimas dijo el policía. No. Hoy no tengo ideas oscuras. Hoy tengo ideas arbóreas.
Estuve más de un año atascado en arenas movedizas, el coronel es un genio pero vio demasiadas cosas y vamos a ejecutarlo en aguas peligrosas. Pasé días y noches sin descanso, sobreanalizando las contradicciones del capitalismo, principalmente en relación al doble rol de la alienación de la mano de obra en los procesos de producción y consumo, usándome a mí mismo como conejillo de indias. Fui mi propio sujeto de investigación y, por algunas falencias en el diseño experimental, maté a mi rata de laboratorio. No fue fácil renacer, no fue un proceso indoloro, muchas veces pensé estar finalmente listo, tan solo para recaer, llorar de desesperación y darme cuenta de que no era así, siempre faltaba algo. No sé qué era. Pero faltaba algo. Tal vez lo que faltaba era deshacerme en lágrimas una vez más, esta vez frente a (casi) todos mis amigos cercanos, tal vez lo que faltaba era la ceremonia, el protocolo, la catarsis etílica y el guayabo más feliz de mi vida hasta ahora. En todo caso, ya no falta nada. O eso creo. Me siento... diferente.
Hoy tuve una especie de déjà vu. Volví al año 2014 y me vi en mi primer día de trabajo como profesional, inexperto, callado, en una reunión, haciendo nada más que comentarios obvios y anotando todo cuanto escuchaba en mi libreta (no la de ideas arboreodisruptivas sino otra, ahora tengo varias libretas). Pero no fue un déjà vu, fue algo diferente. Hoy no estaba en el primer círculo del infierno escuchando el veredicto del mismo Satanás que recitaba cada uno de mis pecados, evitando mencionar los castigos que me esperaban ansiosos en los otros círculos, pues la incertidumbre era el primer castigo. Hoy fue diferente, hoy me sentí tranquilo, con las ideas muy claras, expectante, centrado, hoy no estaba en el infierno. Al parecer, descubrí el secreto para hacer que la alienación funcione en mí. La respuesta, la mejor solución que pude encontrar después del indecible sufrimiento resultó siendo sorprendentemente sencilla: la clave fue encontrar un hobby con salario que me permitiera enfocarme en el trabajo que realmente deseo hacer aunque nadie me pague por hacerlo.
La verdad es que, dicho así, suena bastante fácil, pero créeme que no lo fue. Créeme que casi pierdo todo lo que soy tratando de encontrar esa respuesta. Casi podría atreverme a decir que hoy tuve éxito por primera vez en la práctica del yoga de la acción. Casi podría atreverme a decir que lo de hoy fue una pequeña muestra de... ¿felicidad? No. Esto no es felicidad, es algo... diferente. Podría llamarlo "paz interior", sabiendo que no lo es exactamente, pero se acerca. Como sea, creo que ya sé cómo decirlo.
Stars when you shine, you know how I feel. Rivers running free, you know how I feel...
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