Hannukah, Kwanza, Ramadán, Navidad o lo que sea. Feliz algo para usted, que leyó por accidente esta entrada de blog.
Ahora vaya y finja que es feliz, y sonría sinceramente cuando le regalen ese par de medias. Piense que su tía cincuentona no tiene ninguna obligación con usted y que si no fuera por ella, usted tendría que comprarse sus propios calcetines. Imagínese yendo un fin de semana cada tres meses a alguna insufrible tienda a escoger medias para usted mismo (como si existiera algo más deprimente que eso) y dese cuenta del gran servicio social que cumplen las tías que se las regalan. Abrácelas fuerte, deséeles larga vida y mucho trabajo, mucho dinero, para que todos los 24 de diciembre a media noche le renueven su abastecimiento de medias.
No espere que un familiar lejano le regale el iPad que lleva todo el año morboseando en la página de Apple; eso no va a suceder. ¿O usted le regalaría a su primito pequeño que tanto odia un Xbox One?
Las medias del 24 son todo el amor que usted necesita de su familia lejana. Todo lo demás viene por añadidura, cualquier monedita es cariño.
Si usted no es feliz en este momento, no le dañe el rato a sus familiares; seguro que no todos ellos están radiantes de la dicha, seguro que a alguno le fastidia su presencia. Pero al menos sonría un poco, no pierde nada. Puede que así asegure su necesaria provisión de medias en la próxima navidad. Sea estratega, piense en el futuro.
Y de nuevo, a usted que se topó accidentalmente con esta entrada de blog, le deseo un Feliz Loquesea.
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