martes, 17 de diciembre de 2013

Día 18: Hipóstasis del cambio

—Jerson Lizarazo, Bachiller Técnico Industrial con especialidad en Electricidad y Electrónica —dijo alguien al micrófono. Subí cauteloso las escaleras que daban a la tarima, recibí el diploma, estreché algunas manos y bajé de nuevo al nivel del suelo. Un fotógrafo con una serie de gestos nerviosos me dio las instrucciones para ser retratado. De antemano sabía que iba a cerrar los ojos por el flash y arruinaría la foto. El hombre de la cámara disparó su arma contra mi humanidad y, fiel a mis predicciones, parpadeé. 

Cuando abrí los ojos, me encontré a mí mismo cinco años después, recibiendo el mismo diploma, de manos de la misma persona que me lo entregó la primera vez, en otro lugar y, evidentemente, en otro tiempo. El flash me transportó, el flash fue una anulación del tiempo, una hipóstasis del cambio, una evidencia del error intelectual que es atribuirle al mundo empírico rótulos no verificados de realidad. La persona que me entregó el diploma era la misma. Johanita, le llamábamos. Dos veces la misma Johanita. A pesar del repentino salto espacio-temporal, ella seguía inalterada, casi como si los años le hubieran pasado por el lado y sin tocarla. Yo había cambiado, de eso estoy seguro. Tal vez hay ciertas personas inmunes al tiempo; tal vez no lo soy yo. 

Aún no sé si la foto quedó arruinada o no. No sé si estoy preparado para saberlo. 

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