Hoy salí del consultorio médico un tanto confundido; de hecho, muy confundido. Miré al cielo y vi, navegando entre un océano naranja, nubes de nítido violeta. Amables rayos de verde sol teñían los tejados de barro. Siempre me ha gustado detenerme a observar esa clase de espectáculos con que la vida moderna nos privilegia. Los cálidos tejados aguamarina exageran su estética al verlos contrastando el dorado y muerto concreto que impera en las ciudades. "Las doradas selvas de cemento", una de las frases más trilladas del siglo.
La función circense de contrastes solo fue interrumpida por el claxon de un taxi que me regresó al mundo real. ¡Cómo odio ese azul chillón de los taxis! A veces pienso que deberían pintarlos de otro color; grises como en México, rosados en un sobrio estilo inglés. Cualquier color, menos ese terrible azul.
Seguí caminando, ya no confundido, sino disfrutando de cada combinación de colores, cada difuminación, cada juego de luz y contraluz. Desde que salí del consultorio sentí que algo extraño estaba ocurriendo; hoy fue la primera vez en toda mi existencia que me dediqué con seria disciplina a contemplar los óleos con que está pintado el universo. Toda la estética del color me había pasado de largo hasta que la doctora hizo su diagnóstico. Dos palabras suyas fueron el germen del cual nació toda una revolución en mi forma de ver el mundo. —Eres daltónico —dijo.
Ya pasó la impresión de novedad, siento que me estoy habituando poco a poco a este nuevo mundo (que es básicamente el mismo de ayer, pero con los colores cambiados) y empiezo a pensar en las implicaciones. No deja de haber algo perturbador en todo esto. ¿Cuántas de mis percepciones estuvieron erradas en la base? ¿Cuántos de mis juicios fueron viciados por mis defectuosos órganos sensores? ¿Seré un preso incapaz de escapar de la tiranía de mis sentidos atrofiados?
Mi vida era normal, al menos lo fue hasta ayer. Hoy... hoy declaro mi temor perfectamente justificado a los semáforos.
(Nota: Yo sé que el daltonismo no funciona así. Esta entrada, al igual que muchas otras en este blog, solo es una hipérbole).
No hay comentarios:
Publicar un comentario