viernes, 27 de diciembre de 2013

Día 28: Primer día

Me levantaré; bueno, me caeré de la cama. De mala gana, cómo no señores, cómo no. Bajaré las escaleras, sí, eso es. Encontraré la forma de bajar. Me tomaré un café y leeré el diario. Nunca leo los diarios, pero hoy ya soy un hombre adulto; se supone que los adultos leen los diarios. Beberé otra taza por si acaso, de sobremesa para el diario o lo que sea. Es una excusa. Beberé una excusa en realidad. 

Pasaré un peine por mi cabello, cosa que no he hecho en diez siglos o más. Cuidaré que ningún abyecto cabello roto caiga sobre el cuello almidonado ni se cole entre las rayas de mi corbata nueva. Muy elegante debo estar en mi primer día de tipo adulto. Cientos de ojos de hienas hambrientas se posarán sobre mí, sobre su presa. Mejor verme bien y abrirles el apetito un poco por la vista. Hoy usaré un abrigo, hace frío afuera. 

Me pondré cien microgramos bajo la lengua y voilà, ¡listo para enfrentarme a la realidad! 

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