Pasaré un peine por mi cabello, cosa que no he hecho en diez siglos o más. Cuidaré que ningún abyecto cabello roto caiga sobre el cuello almidonado ni se cole entre las rayas de mi corbata nueva. Muy elegante debo estar en mi primer día de tipo adulto. Cientos de ojos de hienas hambrientas se posarán sobre mí, sobre su presa. Mejor verme bien y abrirles el apetito un poco por la vista. Hoy usaré un abrigo, hace frío afuera.
Me pondré cien microgramos bajo la lengua y voilà, ¡listo para enfrentarme a la realidad!
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