Mi instinto jedi nunca falla...
Hay días para quedarse a mirar y hay días en que hay poco para ver. Hay días en los que el aire lleva en sí mismo una carga eléctrica muy particular, indescriptible, para la cual no existen palabras, ni gestos, ni siquiera existe una definición que se ajuste a lo que quieres expresar. ¿La electricidad? ¡Maldito idiota, toda la materia tiene carga eléctrica! No. No es la electricidad en el aire. Es el trino lejano de las aves, es el viento y el color taciturno de las nubes, son las palabras que estallan como mil bombas atómicas en el lóbulo parietal y se niegan a salir por tu garganta. Es el bloqueo mental, es el cigarrillo que hoy no te supo a tabaco, es el cigarrillo que hoy supo a vacío.
Siento una gran perturbación en la Fuerza...
¡Sí, eso es! Una gran perturbación en la Fuerza. Todo el universo te dice a gritos que algo está mal, que no es lo que esperabas, que pronto todo se va a ir a la mierda aunque no quieras. Lo anticipas, vives de predecir el futuro y lo haces bastante bien. Pero prefieres ignorarlo esta vez. Tu instinto jedi no suele fallar, te dices a ti mismo, antes de descartar por completo la idea y seguir repasando diapositivas, pasándolas sin pensar. Tienes la mente en blanco. Dictarás la clase más importante del semestre y no te importa, sigues mirando a la ventana del bus, a la gente sin rostro y a la nada. Te identificas con el gris impersonal de la sucia capital, hoy también eres gris, sonríes pero estás muerto por dentro. No sabes por qué, pero lo sabes. Tienes la mente en gris.
Hoy quiero estar equivocado. Una vez, tan sólo una...
Sabes que nada bueno puede surgir de un acierto en la pesada premonición que tienes hoy. El sol está cargado de presentimiento, algo no anda bien, ¡no lo niegues! ¡Tu instinto jedi no suele fallar! En las felices resacas de largas noches y de recientes sueños interestelares, cuestionaste la validez de lo real. Dudaste y fue normal, algo tan bueno no puede ser cierto. Un espejismo. Sí, eso es, tus últimos meses no han sido más que un espejismo. Lo bueno, lo pleno, lo perfecto, lo ideal y lo soñado, lo que solo puedes vivir en lo más profundo de tu vasta imaginación, es sólo eso. Tu imaginación. Solo que esta vez estás equivocado. ¡Despierta, imbécil, esta vez sí es real!
You're just too good to be true. Can't take my eyes off you...
Llevas años deambulando, divagando, perdido... Nadie vale la pena. Tú no vales la pena. ¡Sí, eso es! Lo ignoras, intentas disimular el vacío y sigues buscando, sigues deambulando, encuentras y conoces, intentas y te esfuerzas pero nadie te convence. No convences, no te convences, te cansas y llega la parálisis. Oh... la parálisis. Dejas de buscar. Dejas de buscar y te encuentran. ¡Oh... la ironía! En el escenario menos imaginado y de la forma más inesperada, como si los planetas se alinearan justo cuando dejas de mirarlos, alguien aparece como una y mil estrellas fugaces en el cielo nocturno del desierto. Tu instinto jedi nunca falla y la Fuerza es intensa en ella. Vives de predecir el futuro y lo haces bastante bien, en una mirada cruzada puedes ver todo lo que has estado esperando en mucho tiempo, en tanto tiempo que incluso ya perdiste la cuenta. Y no le puedes sacar los ojos de encima, ella es demasiado buena para ser real. Pero lo es. ¡Es real!
Mi instinto jedi nunca falla...
Eres consciente. Las predicciones de futuro no siempre son acertadas, equivocarse también hace parte de tu oficio. Pero no te importa. Todo a tu alrededor te grita seguridad y ella lo grita más fuerte que nadie y nada más. Te dibuja, se dibuja ella misma, dibuja tus sueños y empiezas a desear en lo más profundo que los suyos se dibujen en el confuso lienzo de lo real. ¿Todo esto es verdad? Dudas, pones una barrera, intentas aislarte y no te ilusionas. El tiempo se encargará de aclararlo todo, te repites a ti mismo todas las mañanas, todas las noches, viendo sus dibujos. Son lo último que ves antes de dormir. Sueñas con ella y te despiertas feliz a ver de nuevo sus dibujos. Cuentas las horas para volverla a ver, volver a perderte en su fascinante conversación y en la belleza indescriptible de su ser. Te fundes con ella y en ella. Te sientes bien a su lado. Extrañamente bien.
Una perturbación en la Fuerza...
¿Es demasiado pronto para hacer predicciones de futuro? ¡Bah! El futuro es lo que quieres que sea, primera regla del prestidigitador. Lo sabes. Tu instinto jedi nunca falla. Estás decidido a derribar tus barreras... A ella le gusta hacer grullas con los empaques de los chocolates que a veces le regalas. Las grullas, dicen los japoneses, te ayudan a mantener el equilibrio interno. Necesitas equilibrio y ella te lo da. Tu cuarto se vuelve un zoológico de origami. Ella, aunque no lo sepa, se esfuerza en derrumbar tus barreras. ¿Acaso no aprendiste nada viendo The Wall? Turn down the wall! Turn down the wall!
Electricidad en el aire...
Hay días en los que el aire lleva en sí mismo una carga eléctrica muy particular, indescriptible, para la cual no existen palabras, ni gestos, ni siquiera existe una definición que se ajuste a lo que quieres expresar. Es tal vez el trino lejano de las aves, es el viento y el color taciturno de las nubes; los días fatídicos siempre son iguales. Tu instinto jedi nunca falla, lo sabes, sabes que todo se irá a la mierda aunque no quieras. El cigarrillo hoy no supo a tabaco, sus besos lejanos hoy supieron a vacío. Sus palabras dijeron lo que no querías escuchar, aunque en el fondo lo sospechabas. Justo cuando estuviste dispuesto a derribar tu muro, ella puso bien alto el suyo. Infranqueable. Habrías querido que durara más- Y fumas y fumas y fumas repitiéndote lo mismo, los cigarrillos te saben a vacío. El familiar y tan odiado vacío. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. ¡Maldición, habrías querido que durara más! ¡Mierda, maldición, jueputa! Habrías querido que durara mucho más.
Tal vez, después de todo, era demasiado bueno para ser real. Pero te cuesta admitirlo ¡Demonios, sí que es difícil admitirlo! ¿Acaso tu predicción feliz de futuro no merecía ser real? Sientes una perturbación en la Fuerza y no puedes hacer nada al respecto. Habrías querido que durara más...
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Ps: Es difícil escribir cuando las espadas del texto están oxidadas y desafiladas. Lo es aún más cuando el agujero negro que se acaba de formar en tu diafragma apenas te permite teclear, apenas te deja pensar. Respiras, pero no es fácil respirar...
miércoles, 25 de mayo de 2016
jueves, 19 de marzo de 2015
Casandra nadando en petróleo
Casandra era una mujer hermosa, de esas con las que los mismos dioses fantasean. Cuentan que el mismísimo Apolo le ofrendó como regalo un extraordinario talento para la profecía a cambio de su mano. Casandra, sin embargo, traicionó a su prometido. Apolo la castigó llevándose para siempre su don de la persuasión. Podría predecir el futuro con notable precisión, pero igual nadie tomaría jamás en serio una sola palabra suya. Ella acertó al vaticinar la caída de Troya, vio en el futuro los arqueros, las espadas y el fuego brotando como sangre del caballo de madera, pero la maldición de Apolo lo fue también para la gran ciudad de las murallas inexpugnables. A Casandra nadie le creyó, el resto es historia.
Si vivir es fácil con los ojos
cerrados, como solía decir el hippie más famoso de la historia, tenerlos
abiertos ha de ser, en el mejor de los casos, una suerte de condena. Los ojos abiertos
duelen. Al mundo actual no le gusta admitir que está jodido hasta la mierda, que tiene el corazón podrido y que, incluso con toda la fuerza con la que esta pueda brillar, su buena estrella no hará diferencia en la oscura noche que le espera. El mundo desvía la mirada, mantiene gacha la cabeza y, cuando no tiene más alternativa, junta los párpados y aprieta fuerte.
Abrirlos es un proceso largo, complejo, difícil, desalentador. Pero una vez abiertos, no puedes cerrarlos más. Tienes que pagar tu condena autoinflingida, el conocimiento tiene un precio. Los expulsados del Edén saben esto mejor que nadie.
A nadie le gusta ser agorero del apocalipsis, le dije hace poco a una amiga. Lo sé, pero es el trabajo sucio y hay que hacerlo, respondió. Y tiene razón. Si los científicos locos que tanto me agradan y si los autores de ciencia ficción que tanto leo, aún más locos que los primeros, no hubieran dedicado parte de su tiempo a hacer el trabajo sucio, seguramente yo no estaría pensando en Casandra ni en la larga noche que nos espera detrás de este, el hermoso atardecer que el mundo se rehúsa a contemplar. Estamos en el ocaso de la civilización, y es un ocaso maravilloso, pero vivir es más fácil con los ojos cerrados.
¿Qué habrá pensado Casandra al estrellar por primera vez su mirada, capaz de trascender las murallas del tiempo, con el gigantesco caballo de madera que bien conocía de sus pesadillas?
La única certeza que tengo entre mil y una incertidumbres, cual gota de agua perdida en un mar de petróleo, es que el mundo tendrá que abrir los ojos cuando el último rayo de luz se vaya y solo nos queden las tinieblas. Solo tenemos una ruta para sobrevivir a la tenebrosa noche, y es una ruta desconocida, traicionera. Es el deber de quien ya tiene los ojos abiertos dibujar los mapas, trazar la ruta, encender las antorchas, ayudar a que los ciegos voluntarios recuperen la visión y esperar que nuestra especie no se pierda en la inminente y amenazadora oscuridad.
¿Casandra, aun teniendo una imagen precisa del lúgubre porvenir, habrá logrado sobrevivir a la fatídica noche troyana? Es algo en lo que prefiero no pensar. Vivir es fácil con los ojos cerrados.
viernes, 30 de enero de 2015
Tropecé dos veces
Ya no creo en tus mentiras
No me importan tus verdades
Ni las mías
Ya no creo
No me importan tus verdades
Ni las mías
Ya no creo
El brillo de los días pasados
El calor de tus besos soñados
Son resacas
Espejismos
El calor de tus besos soñados
Son resacas
Espejismos
En tus ojos vi el futuro
Tus palabras me enseñaron
Utopías
Imposibles
Tus palabras me enseñaron
Utopías
Imposibles
Los rayos no caen dos veces
En el mismo punto
Caíste en mí
Y caí
En el mismo punto
Caíste en mí
Y caí
Prometí no tropezar dos veces
Con tu corazón de piedra
Prometí
Sin cumplir
Con tu corazón de piedra
Prometí
Sin cumplir
Me clavaste tus puñales
Y al igual que al mal poeta
No me duelen
No hacen mal
Y al igual que al mal poeta
No me duelen
No hacen mal
Muchas noches te soñé
Tu sonrisa vivió en mí
Ya no te vivo
No te sueño
Me dijiste que querías escribir
poemas de amores imposibles
Aquí tienes
El primero
Tropecé dos veces...
martes, 13 de enero de 2015
Día 403-404 o lo que sea: La vida es normal
Hoy la musa está dormida y la diosa fortuna, aún lúcida, juega a darle calvazos y distraer a este remedo de escritor. Realmente no sé qué escribir, estoy disparando palabras con un rifle chueco, los ojos vendados y las manos atadas. La vida es normal (hablando en términos estadísticos, lo que es igual a decir que es aleatoria y difícil de predecir), dentro de poco empezaré mi primer posgrado y al parecer ella también. El percutor falla y mi rifle chueco, con dificultad, dispara sus últimas palabras:
-Andate a la cama gran huevón que ya estás pensando de más.
-Andate a la cama gran huevón que ya estás pensando de más.
viernes, 9 de enero de 2015
Día 401: Frases atropelladas para un libro en construcción
Hoy estuve trabajando en mi proyecto literario. El texto está apenas en construcción, por ende aún necesita varias correcciones y revisiones. Dejo aquí unos pocos párrafos de lo que hice hoy, por si alguien se encuentra con esta entrada (de pura casualidad), se haga una pequeña idea de lo que quiero narrar.
(...)
(...)
Silencio. Por cinco
segundos (que duraron una eternidad para Cubillos) solo se escuchó la pesada respiración
de la gerente de la compañía minera más grande en operación en Colombia.
Finalmente, de Rhodes contestó:
- Wilson, ¿me interrumpió
en medio de una reunión con los accionistas para decirme que la solución a
todos nuestros problemas es un… meteorito? No estoy para bromas, no en este
momento, ¡por dios, la compañía se está cayendo a pedazos y usted me viene con
estupideces! Lo espero el viernes a primera hora con el informe de su trabajo
en campo y una proyección de utilidades-.
- ¡Por favor escúcheme
Tamaira! –suplicó Cubillos-. Podemos salvar la compañía, es una oportunidad que
solo tendremos una vez y no la perderemos, ¡esperar incluso unos pocos días
sería un error del que nos lamentaremos toda la vida!
-Viernes, primera hora.
Tamaira terminó la
llamada y apagó el teléfono antes de volver a sentarse en su lugar. La crisis
por la que estaba atravesando la compañía no era un secreto para los
accionistas, por lo que de Rhodes tuvo que citarlos para tratar de convencerlos
de mantener sus inversiones en El Dorado Mining
Company. Los cuatro accionistas con mayor porcentaje de participación en El Dorado tuvieron un momento a solas en
la oficina de Tamaira de Rhodes y ninguno de ellos mostraba intenciones de
mantener su dinero en el negocio del oro. Indudablemente fue un error táctico
salir de la reunión, muchas cosas pudieron decirse a espaldas de la gerente
durante su corta ausencia. De Rhodes estaba furiosa con Cubillos por su
impertinencia y esa estupidez del meteorito, con ella misma por haber dejado a
solas a los accionistas y con el mercado mismo por la caída abrupta de los
precios del oro. Todos estaban jugando en su contra.
(Continúa....)
jueves, 8 de enero de 2015
Día 400 (creo): La resurrección del blog bazofia
Este blog nació por allá a finales del 2013, creo que hoy se cumplen 400 días desde que publiqué la primera entrada. Siempre se ha tratado de lo mismo, escribir toda la basura que me venga a la mente. Sin tramas, sin personajes, sin literatura, este lugar es mi pequeño altar al freestyle. Detrás de esto hubo al principio un objetivo muy claro, mantenerme todos los días tecleando. Este blog es una declaración de guerra contra la hoja en blanco.
El blog está lleno de anécdotas que seguramente a nadie interesan (por ello creé este espacio aparte, en vez de llenar mi otro blog con los vergonzosos textos que improviso aquí). Dejé de escribir por casi un año y ahora necesito afilar de nuevo las espadas del texto. Pienso que la mejor forma de revivir este espacio es contando por qué me olvidé del pequeño y poco talentoso escritor que llevo en mí y cómo decidí resucitar a Lázaro. Como es usual, hoy no encuentro mejor forma de hacerlo que con una anécdota.
Hace un par de años tuve una idea para un texto, sobre un viajero espacial que vuelve a la Tierra para encontrarla completamente destruida y descubrir que es el único ser con vida en el planeta. El único signo de civilización que encuentra es el Big Ben en ruinas, marcando las 5:17 pm. No sé por qué esa hora en específico, seguro hubo un motivo en su momento aunque no lo recuerde.
Tiempo después empecé aser explotado miserablemente trabajar para una multinacional en turno de doce horas (que casi todos los días se convertían en 14 o 15). El ritmo de trabajo no me daba un solo segundo para pensar siquiera en basura para dejar aquí, aunque, ahora que lo pienso mejor, de haber tenido la energía, este espacio habría sido una excelente catarsis. Cuando ni el cuerpo ni el espíritu (si existe tal cosa) dieron más, decidí que lo mío no era soportar estoicamente la explotación laboral, así que renuncié. Días después me enteré de que podría hacer estudios de posgrado y empezarlos en 2015, por lo que realmente no me arrepiento de esa decisión.
Ayer la casualidad puso de nuevo frente a mis ojos las notas iniciales del texto sobre el astronauta y el Big Ben. Me causó mucha curiosidad que, aunque las notas eran vagas y poco específicas, la hora que marcaría el Big Ben estaba bien definida. Mientras pensaba que algún día debía terminar de escribir el texto, sonó mi celular. Algún donnadie de la multinacional aún no sabía sobre mi renuncia y me buscaba para que le solucionara la novedad (cuya traducción más exacta de jerigonza empresarial a español corriente es "mierdero"). Su primera frase en la conversación fue un mazo que me dio directo en el cráneo y aún me tiene algo aturdido.
¿Jerson? Qué pena molestarlo, le tengo una novedad de 5:17 de la tarde.
Qué curiosa coincidencia. En ese momento supe que debía volver a escribir basura. Volver a hacerlo todos los días. Supe que tenía que terminar ese texto viejo y olvidado, probablemente lo publicaré en los próximos días.
Este texto deleznable es la resurrección de mi blog bazofia. Here I am, back in the game, bitches!
El blog está lleno de anécdotas que seguramente a nadie interesan (por ello creé este espacio aparte, en vez de llenar mi otro blog con los vergonzosos textos que improviso aquí). Dejé de escribir por casi un año y ahora necesito afilar de nuevo las espadas del texto. Pienso que la mejor forma de revivir este espacio es contando por qué me olvidé del pequeño y poco talentoso escritor que llevo en mí y cómo decidí resucitar a Lázaro. Como es usual, hoy no encuentro mejor forma de hacerlo que con una anécdota.
Hace un par de años tuve una idea para un texto, sobre un viajero espacial que vuelve a la Tierra para encontrarla completamente destruida y descubrir que es el único ser con vida en el planeta. El único signo de civilización que encuentra es el Big Ben en ruinas, marcando las 5:17 pm. No sé por qué esa hora en específico, seguro hubo un motivo en su momento aunque no lo recuerde.
Tiempo después empecé a
Ayer la casualidad puso de nuevo frente a mis ojos las notas iniciales del texto sobre el astronauta y el Big Ben. Me causó mucha curiosidad que, aunque las notas eran vagas y poco específicas, la hora que marcaría el Big Ben estaba bien definida. Mientras pensaba que algún día debía terminar de escribir el texto, sonó mi celular. Algún donnadie de la multinacional aún no sabía sobre mi renuncia y me buscaba para que le solucionara la novedad (cuya traducción más exacta de jerigonza empresarial a español corriente es "mierdero"). Su primera frase en la conversación fue un mazo que me dio directo en el cráneo y aún me tiene algo aturdido.
¿Jerson? Qué pena molestarlo, le tengo una novedad de 5:17 de la tarde.
Qué curiosa coincidencia. En ese momento supe que debía volver a escribir basura. Volver a hacerlo todos los días. Supe que tenía que terminar ese texto viejo y olvidado, probablemente lo publicaré en los próximos días.
Este texto deleznable es la resurrección de mi blog bazofia. Here I am, back in the game, bitches!
21 años y 364 días
Desde hace cinco años hago esto. Empecé haciéndolo en mi primer intento de blog, uno que nadie leyó. Al siguiente año lo escribí, lo publiqué y lo dediqué. El otro año lo escribí casi que por compromiso. El siguiente, el de hace un año, fue una catarsis.
Y hoy... hoy es un día extraño.
Un día estoy jugando microfútbol al frente de la facultad después de un parcial y al siguiente estoy levantándome a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar la ruta que me lleva a la empresa. Fue así, de golpe, como me di cuenta de que la vida universitaria se estaba terminando. Aún tenía clases, aún iba a la universidad todos los días después de trabajar, pero cada vez el final de esa etapa se estaba acercando más. Lo sabía, lo sentía, simplemente se veía venir.
Sin embargo eso nunca me preocupó. Desde el principio supe que debía seguir estudiando. Tuve muy buenas razones para decidirme a continuar en la vida académica. Además, trabajo significa salario, ahorros, costear una maestría. También el trabajo, de hecho, me ha enseñado muchas cosas sobre las que en la universidad no tenía idea alguna. Es otro tipo de aprendizaje al universitario pero con la misma intensidad e igual de valioso.
Hay quienes me hacen notar eso en favor del aprendizaje empresarial. Sé que puedo perderme de algunas cosas atractivas (un buen ingreso, estabilidad, comodidad), cosas que de hecho son las que parecen disfrutar más quienes han tenido muchos años de aprendizaje empresarial. Mucha gente elige lo atractivo. No los juzgo, es una apuesta segura; yo la tomaría si no tuviera una mejor opción.
El asunto es que tengo una mejor opción.
Yo no hablo ni pienso en términos de dinero. No es mi motivación. Cuando me levanto todos los días temprano, mi motivación nunca es el dinero que voy a ganar por hacerlo. Me motiva aprender, vérmelas todos los días frente a algo nuevo, siempre un reto diferente, siempre algo nuevo para aprender a hacer y luego hacerlo. Es una excelente forma de entrenamiento. De eso se trata un poco la educación, problemas nuevos a los que uno nunca se ha enfrentado y aprendizaje para solucionarlos. Y por el tema mismo de la maestría que quiero hacer, sí que habrá problemas nuevos que habrá que aprender a solucionar.
Quiero hacer una maestría. Esa es mi motivación.
En menos de un mes tendré la prueba de admisión que quiero pasar. En 21 años y 364 días he tenido varios exámenes de admisión que quería superar más que nada en el mundo, y en todos ellos logré el objetivo, y en todos ellos fui increíblemente feliz. No significa que yo sea agorero y confiado. Para nada. Me estoy preparando fuertemente, a mi propia manera, la que tanto me gusta y me ha dado siempre resultados.
En 21 años y 364 días he vivido incontables cosas. He aprendido de la vida y su estilo recio de enseñanza lo suficiente para tomar concienzudamente una decisión muy importante, y aún soy tan ignorante como para tomar las siguientes decisiones importantes. Sé lo que quiero, estoy apostándolo todo por ello. No me gustan las apuestas fáciles.
Publico esto hoy 8 de enero de 2015 y aunque nadie va a leer este texto (mejor que así sea), quiero recordarme a mí mismo que sí vale la pena esforzarse. En menos de un mes empezaré la maestría.
Y hoy... hoy es un día extraño.
Un día estoy jugando microfútbol al frente de la facultad después de un parcial y al siguiente estoy levantándome a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar la ruta que me lleva a la empresa. Fue así, de golpe, como me di cuenta de que la vida universitaria se estaba terminando. Aún tenía clases, aún iba a la universidad todos los días después de trabajar, pero cada vez el final de esa etapa se estaba acercando más. Lo sabía, lo sentía, simplemente se veía venir.
Sin embargo eso nunca me preocupó. Desde el principio supe que debía seguir estudiando. Tuve muy buenas razones para decidirme a continuar en la vida académica. Además, trabajo significa salario, ahorros, costear una maestría. También el trabajo, de hecho, me ha enseñado muchas cosas sobre las que en la universidad no tenía idea alguna. Es otro tipo de aprendizaje al universitario pero con la misma intensidad e igual de valioso.
Hay quienes me hacen notar eso en favor del aprendizaje empresarial. Sé que puedo perderme de algunas cosas atractivas (un buen ingreso, estabilidad, comodidad), cosas que de hecho son las que parecen disfrutar más quienes han tenido muchos años de aprendizaje empresarial. Mucha gente elige lo atractivo. No los juzgo, es una apuesta segura; yo la tomaría si no tuviera una mejor opción.
El asunto es que tengo una mejor opción.
Yo no hablo ni pienso en términos de dinero. No es mi motivación. Cuando me levanto todos los días temprano, mi motivación nunca es el dinero que voy a ganar por hacerlo. Me motiva aprender, vérmelas todos los días frente a algo nuevo, siempre un reto diferente, siempre algo nuevo para aprender a hacer y luego hacerlo. Es una excelente forma de entrenamiento. De eso se trata un poco la educación, problemas nuevos a los que uno nunca se ha enfrentado y aprendizaje para solucionarlos. Y por el tema mismo de la maestría que quiero hacer, sí que habrá problemas nuevos que habrá que aprender a solucionar.
Quiero hacer una maestría. Esa es mi motivación.
En menos de un mes tendré la prueba de admisión que quiero pasar. En 21 años y 364 días he tenido varios exámenes de admisión que quería superar más que nada en el mundo, y en todos ellos logré el objetivo, y en todos ellos fui increíblemente feliz. No significa que yo sea agorero y confiado. Para nada. Me estoy preparando fuertemente, a mi propia manera, la que tanto me gusta y me ha dado siempre resultados.
En 21 años y 364 días he vivido incontables cosas. He aprendido de la vida y su estilo recio de enseñanza lo suficiente para tomar concienzudamente una decisión muy importante, y aún soy tan ignorante como para tomar las siguientes decisiones importantes. Sé lo que quiero, estoy apostándolo todo por ello. No me gustan las apuestas fáciles.
Publico esto hoy 8 de enero de 2015 y aunque nadie va a leer este texto (mejor que así sea), quiero recordarme a mí mismo que sí vale la pena esforzarse. En menos de un mes empezaré la maestría.
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