Entre ayer y hoy he estado cayendo en cuenta de algo que necesito aceptar y asimilar lo más pronto posible y de la mejor manera si es que quiero mantenerme, perseverar y triunfar en esta nueva etapa de la vida.
Exactamente hoy dentro de cuatro meses, si tengo vida, empezaré oficialmente el doctorado. Es decir, son mínimo cuatro años más que estaré habitando y siendo parte de la Universidad Nacional. Esta es mi casa y llevo aquí más de la mitad de mi vida. Más allá de que fue aquí donde surgió la oportunidad que estaba esperando y que yo no quería irme 4 años al extranjero a comer mierda en soledad y depresión estudiando en entornos académicos con culturas de trabajo tóxicas, me quiero concentrar en el hecho de que por 4 años más seré estudiante de la Nacho y si todo sale bien recibiré otro diploma.
Los tres hermanos varones en mi familia fuimos admitidos a la Nacho, pero solo yo me pude graduar. Tres grados para tres hermanos, pero los tres grados fueron míos. No lo digo por ego ni falta de humildad sino por el reconocimiento de la responsabilidad que esto acarrea. Si la vida me permite llegar hasta allá, el título de doctorado será dedicado a Yeferson.
Lo que quiero expresar hoy en esta entrada y que es lo que debo aceptar y asimilar es que mientras yo siga estudiando y siendo parte de la UNAL, mi hermanito va a estar atravesado en mi corazón. Tengo muy instalado el instinto de buscar su mirada entre la mirada de los estudiantes jóvenes, creyendo y anhelando con todo el corazón que en algún momento imprevisto lo veré de nuevo, en la chaza, en la cancha jugando volley, saliendo del FEM después de parcial de Física III o en la entrada del Uriel en su bicicleta, camino a casa. Veo su mirada en la mirada de todos los estudiantes. Veo su estela en todos los edificios y pasillos, en las plazas y canchas, no hay un solo lugar dentro del campus al que pueda mirar sin que mi mente sea invadida por una legión de imágenes, escenas, recuerdos, su presencia inunda mi habitar en el campus.
Apenas ha pasado un mes. Quizás en un par de años no sea tan intenso. Quizás el color de la experiencia sea distinto. Pero por ahora, esto es lo que toca vivir.
Daría todo por verlo y abrazarlo una vez más. Decirle "Te amo hermanito".
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