jueves, 8 de enero de 2015

21 años y 364 días

Desde hace cinco años hago esto. Empecé haciéndolo en mi primer intento de blog, uno que nadie leyó. Al siguiente año lo escribí, lo publiqué y lo dediqué. El otro año lo escribí casi que por compromiso. El siguiente, el de hace un año, fue una catarsis.

Y hoy... hoy es un día extraño.

Un día estoy jugando microfútbol al frente de la facultad después de un parcial y al siguiente estoy levantándome a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar la ruta que me lleva a la empresa. Fue así, de golpe, como me di cuenta de que la vida universitaria se estaba terminando. Aún tenía clases, aún iba a la universidad todos los días después de trabajar, pero cada vez el final de esa etapa se estaba acercando más. Lo sabía, lo sentía, simplemente se veía venir.

Sin embargo eso nunca me preocupó. Desde el principio supe que debía seguir estudiando. Tuve muy buenas razones para decidirme a continuar en la vida académica. Además, trabajo significa salario, ahorros, costear una maestría. También el trabajo, de hecho, me ha enseñado muchas cosas sobre las que en la universidad no tenía idea alguna. Es otro tipo de aprendizaje al universitario pero con la misma intensidad e igual de valioso.

Hay quienes me hacen notar eso en favor del aprendizaje empresarial. Sé que puedo perderme de algunas cosas atractivas (un buen ingreso, estabilidad, comodidad), cosas que de hecho son las que parecen disfrutar más quienes han tenido muchos años de aprendizaje empresarial. Mucha gente elige lo atractivo. No los juzgo, es una apuesta segura; yo la tomaría si no tuviera una mejor opción.

El asunto es que tengo una mejor opción.

Yo no hablo ni pienso en términos de dinero. No es mi motivación. Cuando me levanto todos los días temprano, mi motivación nunca es el dinero que voy a ganar por hacerlo. Me motiva aprender, vérmelas todos los días frente a algo nuevo, siempre un reto diferente, siempre algo nuevo para aprender a hacer y luego hacerlo. Es una excelente forma de entrenamiento. De eso se trata un poco la educación, problemas nuevos a los que uno nunca se ha enfrentado y aprendizaje para solucionarlos. Y por el tema mismo de la maestría que quiero hacer, sí que habrá problemas nuevos que habrá que aprender a solucionar.

Quiero hacer una maestría. Esa es mi motivación.

En menos de un mes tendré la prueba de admisión que quiero pasar. En 21 años y 364 días he tenido varios exámenes de admisión que quería superar más que nada en el mundo, y en todos ellos logré el objetivo, y en todos ellos fui increíblemente feliz. No significa que yo sea agorero y confiado. Para nada. Me estoy preparando fuertemente, a mi propia manera, la que tanto me gusta y me ha dado siempre resultados.

En 21 años y 364 días he vivido incontables cosas. He aprendido de la vida y su estilo recio de enseñanza lo suficiente para tomar concienzudamente una decisión muy importante, y aún soy tan ignorante como para tomar las siguientes decisiones importantes. Sé lo que quiero, estoy apostándolo todo por ello. No me gustan las apuestas fáciles.


Publico esto hoy 8 de enero de 2015 y aunque nadie va a leer este texto (mejor que así sea), quiero recordarme a mí mismo que sí vale la pena esforzarse. En menos de un mes empezaré la maestría.


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