domingo, 20 de abril de 2014

Un cigarrillo al atardecer

En una especie de accidente, una serendipia si se quiere, he encontrado un lugar al que puedo llamar mío.

Lejos de los relucientes edificios de cristal, de las luces de neón y las pantallas LED que le sonsacan majestuosidad a la noche, estoy rodeado de inquilinatos, casas de ladrillos baratos y tejas metálicas, cuerdas roídas por el tiempo que apenas logran sostenerse bajo el peso de las ropas de la clase trabajadora. Mis vecinos, mi familia, yo.

Una cadena de montañas me impide ver el horizonte. De todas maneras, a lo lejos puedo ver el atardecer. Hoy, y en general todas las tardes, el cielo visto desde aquí es un lienzo donde las formas y los colores más inverosímiles se combinan en inexplicables y mágicas figuras que se llevan todo el aliento que me queda después de darle una fuerte bocanada a un cigarrillo. Cada tecla que oprimo es un rayo menos de luz en el cielo, la oscuridad empieza a ganar terreno. Una a una se van encendiendo las luces de los postes y las casas que apenas puedo distinguir desde la distancia. Las observo con devoción, son nuestras estrellas artificiales, nuestras constelaciones de "progreso".

Pienso en un atardecer extraterrestre. ¿La sensación de calma que nos produce un atardecer es característica de nosotros o habrá evolucionado con miles de especies inteligentes en todo el universo? No lo sé, pero me divierte un poco la idea de estar viendo el ocaso de Sirio o de Betelgeuse en vez del de nuestro sol, viejo y familiar.

La mayor parte de mi vida ha sucedido fuera de esta casa. Por como se desenvolvieron los vaivenes de la vida, pocas veces he estado en casa a la hora del ocaso, pocas veces he tenido la oportunidad de fantasear con el crepúsculo desde mi propio hogar. Hoy, de algún modo, me siento con fortuna.

Mientras en Radiónica suena el The Division Bell de Pink Floyd, el álbum que marcó el atardecer en la carrera de una de las mejores bandas de rock de la historia, pienso en la mía, en mi propia historia; en lo que me trajo el día y lo que me aguarda en la tranquila noche. Pienso en mi futuro, en qué camino tomar. Pienso en lo que he pensado todos los días de los últimos tres años. Pienso en ella, en ellos y en todo lo demás. A veces pienso de más.

El cigarrillo se consume, al igual que otras cosas.

Recién ayer volví, después de contemplar tres atardeceres en un lugar distante, extraño y hermoso. ¿Sentirá alguien lo mismo que yo siento hoy, después de volver a su lugar tras años enteros de ausencia?

El día agoniza y el intenso naranja que me acompañaba al empezar a escribir es ahora un tenue destello de azul claro entre las montañas. Estoy de espaldas al sol, de cara a las estrellas. Sigo sentado en mi lugar, contemplando, tratando de poner en palabras la intensa batalla de pensamientos y confusión que tiene lugar dentro de mí. En pijama y chancletas, permanezco sentado en una escalera rústica a la intemperie y mirando los tejados de lata y la luz artificial de mi bombillo (en resignación del día que ya no existe más).

Pienso en el día de mañana, en la rutina, en los viajes y en los viajes, en los otros. ¿Pensarán ellos lo mismo que yo, tendrán los mismos miedos, las mismas ambiciones y el vértigo por estar viviendo sin tener idea de cómo hacerlo? ¿Se atreverán a buscar, por todos los medios, vivir la vida que quieren y no la que les tocó? Me gusta pensar que sí, que al menos en ello somos todos iguales.

Pero la verdad es que muchos ya se resignaron, otros tantos ni siquiera tuvieron que hacerlo, pues nunca pensaron que se puede vivir de otras maneras. Ya están demasiado consumidos por la cotidianidad, sus existencias son rutinas, y ellos autómatas que se olvidaron de luchar la interminable guerra entre el individuo y sus sueños contra la sociedad y las ambiciones de quienes la controlan.

De cualquier modo, la noche de domingo ya está aquí, en casa, y el álbum de Pink Floyd va a terminar. La semana tan significativa y definitoria que recién viví quedará en el recuerdo, como un paréntesis escrito en el ocaso. Ahora, solo me queda estar bien preparado para encarar el próximo amanecer y plantarme fuerte ante los huracanes de la vida real.

I knew the moment had arrived
For killing the past
And coming back to life.





sábado, 19 de abril de 2014

No importa mucho, la verdad

Como muchas de las entradas en este blog, no sé de qué manera arrancar a desarrollar mi idea, así que lo haré de la forma facilista: a lo animal.

Nuestro egocentrismo es impresionante, algunos seres humanos tienen incluso el atrevimiento de asegurar que ellos son los poseedores de la verdad absoluta, revelada por gracia de alguna deidad imaginaria, como si ellos fueran menos insignificantes que otros humanos y por ello fueran merecedores de la verdad última, otorgada por los mismos creadores del todo. El asunto con las interpretaciones personales de la realidad empírica (o aquella a la que nos hemos visto enfrentados directamente) es que tienen latente la aspiración de convertirse en verdades universales. Casi como si la opinión propia fuera inmutable.

Estamos hechos todos, me refiero a todos los cuerpos con masa, de partículas sujetas a las leyes (esta vez sí inmutables) de la física cuántica. A nivel cuántico las cosas van muy diferente. Fluctuaciones de vacío, aparición y desaparición espontánea de fotones, teletransportación y emparejamiento de partículas, entre otras cosas, me hacen pensar en una invalidez casi completa del grueso de experiencias y vivencias propias al que nos atrevemos a llamar realidad.

Quiero solo citar dos ejemplos: 1) el cuerpo humano, toda la esencia, los defectos, las virtudes, la memoria, los sentimientos y la complejidad intrínseca de nuestra naturaleza es 99,999999999% espacio vacío (sin exagerar, al contrario, ahorrando cifras decimales); 2) El color es solo un mecanismo que tiene el cerebro animal para saber qué ondas de luz irradian más energía, toda vez que algo solo tiene color cuando está expuesto a la luz.

Ahora, sabemos que toda la materia de la que estamos hechos (salvo el hidrógeno) se creó en el corazón de las estrellas. Reacciones termonucleares en cuerpos increíblemente masivos generaron todos los elementos que componen la macroestructura de la materia. Dentro de unos cuatro o cinco mil millones de años nuestra propia estrella va a explotar, engullir la Tierra y con ella, muy probablemente también los átomos que conforman lo que soy, al menos materialmente. Luego, puede que en otros miles de millones de años, nazca una nueva estrella con planetas y todos esos átomos vuelvan a crear otro organismo vivo, tal vez inteligente. Ese sería un gran avance para mis átomos, pero mi esencia, yo mismo ya habré dejado de existir mucho tiempo atrás. La conciencia, la "esencia" es solo una ilusión.

Dentro de cinco mil millones de años poco importará si hoy me levanté media hora más tarde de lo habitual o si dije algo que pudo herir a una persona. El universo raya en los límites de lo infinito y lo eterno. Como humanos aún no nos hemos dado cuenta de lo insignificantes que nuestros actos han sido, son y serán. Al fin y al cabo, si todo sale según lo planeado (ejem, ejem), el universo entero morirá congelado.

Todo lo que existe en este universo es también el universo en sí. Al ser humano le gusta verse desconectado, tener su lugar especial, privilegiado. Pero si uno lo piensa bien, nuestra especie, todos nosotros estamos hechos de materia estelar y estamos sujetos a las leyes universales de la cuántica. Nosotros somos el universo.

Como decía Carl Sagan, somos la forma que tiene el universo para contemplarse y conocerse a sí mismo.

Así que, después de todo, sí existe una motivación válida para vivir, mi excusa favorita para no extraviarme en el inmenso vacío cuántico que soy, que somos, que nos rodea y nos engulle. Somos el universo. La contemplación y el disfrute de las experiencias, la adquisición de conocimiento, el intercambio de ideas, la imaginación, el amor desinteresado a todos y a todo del que hablan los hinduistas. Estas son las formas de ir desvelando poco a poco los misterios del universo y de nosotros mismos.

Y todo lo demás... Bueno, no importa mucho, la verdad.

domingo, 9 de febrero de 2014

Día 72: La segunda ley de la termodinámica

Hace mucho tiempo; de hecho, tanto tiempo que el tiempo ni siquiera existía por aquél entonces, mucho menos el entonces, una singularidad cuántica dio origen al todo, incluyendo el tiempo y el entonces. De la nada surgió el todo, un todo refulgente con el brillo de estrellas, galaxias e ilusiones. Con un universo tan vasto y repleto de oportunidades es difícil no hacerse a una ambición, a veces pareciera que toda esa materia y energía tienen como único fin darle sentido a los deseos.

Mas no.

Dentro del mismo conjunto de leyes y normas que permitió alguna vez -la primera vez- la creación autónoma e inesperada del todo, yace escondido el germen de su propia destrucción. El final no es algo que se pueda evitar, está ahí, es inevitable, es tan necesario y significativo como lo fue el inicio. 

Llegará el momento en que la entropía será todo lo que exista, la materia, la energía y las ambiciones se disiparán y perderán toda su esencia, las estrellas, galaxias e ilusiones dejarán de refulgir. Es parte fundamental de la vida el morir. 

Qué hacer para revertir la entropía debería ser un asunto prioritario entre nuestras cavilaciones. Lo contrario es el epítome de la más ramplona resignación. Aunque, ciertamente, por más que carburemos neuronas en el problema, es de verdad improbable que logremos una solución al rompecabezas. Así pues, la resignación no se antoja tan ramplona después de todo, ésta se postula incluso como una prudente opción.

Estos párrafos son solo palabrería. El caso es simple: voy a dejar de escribir por un tiempo en este y en el otro blog. La entropía está aumentando a un ritmo vertiginoso en mi impulso por escribir. Tal vez necesito un tiempo, tal vez que el tiempo deje de existir por completo. Pensar. reorganizarme, dejar de nadar en aguas turbias y aclarar un poco el panorama. 

Puede que, como en el cuento de Isaac Asimov, encuentre la manera de revertir la entropía. Puede que halle el mecanismo para lograr que la consecuencia preceda a la causa, puede que de nuevo ocurra una singularidad y las estrellas, las galaxias y las ilusiones vuelvan a refulgir. 

El tiempo dejará de existir, si bien no descarto que una nueva singularidad lo haga renacer. Solo en ese renovado entonces, el tiempo traerá consigo las respuestas. 

martes, 4 de febrero de 2014

Día 67: Las tres leyes de la robótica

1. Un colaborador debe proteger los intereses de la compañía.
2. Un colaborador debe obedecer las normas, estándares, políticas y procedimientos de la compañía, a menos que éstas impliquen un detrimento a largo plazo para los intereses de la misma.
3. Un colaborador debe realizarse plenamente como persona, a menos que dicha realización vaya en contra de las primeras dos leyes.

martes, 28 de enero de 2014

Días 59 y 60: El numero 9

A mí me llegó tarde el sueño infantil de ser futbolista. Recuerdo a mis compañeros de primaria en una actividad algo insulsa e improvisada por parte de la profesora. La idea era pasar al frente y hablar sobre la profesión que queríamos desempeñar cuando creciéramos. Las niñas querían ser modelos, reinas de belleza, azafatas, en fin... Los niños todos querían ser futbolista. Todos menos uno.

Mi sueño infantil era ser inventor.

Fue hasta mis catorce que me dio la obsesión por ser futbolista. Un poco tardía, sí, pero me dio la oportunidad de luchar con gran intensidad por mi sueño. Mejoré mucho en mi juego, en apenas dos años pasé de ser el niño que elegían de ultimo en todos los partidos a vestir la camiseta de las divisiones menores de un equipo profesional muy importante. Esto anterior es solo una anécdota.

De verdad tenía ganas en ese entonces de ser futbolista. Jugaba con el 9, día y mes de mi cumpleaños, clásico de los centrodelanteros a lo Inzaghi, mi ídolo. Hice del 9 mi número de la suerte y me volví numerólogo amateur. Sumando los números que componían la fecha en que ingresé a mi primer equipo de fútbol obtuve un 9 lleno de buenos augurios.

Esa experiencia cambió mi vida, me redefinió. De alguna manera considero que el 9 en la fecha fue una señal.

Hoy, 28 de enero de 2014, mi vida empezó una nueva etapa con el potencial de redefinirme como persona. La sorpresa es que 2+8+0+1+2+0+1+4=18 y 1+8...

domingo, 26 de enero de 2014

Días 55, 56, 57 y 58: La sociedad de la mierda

Uno sabe que se ha convertido en adulto cuando sale con cara de idiota en el carnet que lo identifica como empleado de una empresa. Y ese es mi caso, ya tengo el carnet que me identifica como adulto. 

Madurar es un proceso doloroso, complejo, desagradecido. Uno tiene que cagarla abundantemente antes de atreverse a darle la cara a la realidad. Por fortuna la sociedad actual, con toda la podredumbre que genera y de la que se alimenta, le da a las personas un periodo de gracia para poder prepararse, ponerse los overoles antes de untarse de mierda. 

La cantidad de mierda de la que uno debe untarse depende siempre de qué tan bien preparado esté uno antes de romper la burbuja. Hay quienes la rompen en plena pubertad, haciéndose papás a los quince o menos; a ellos les toca desarrollar branquias para poder nadar en la mierda. Quienes deciden dejar de estudiar con el grado de bachiller (o antes) y aún no se han puesto la cruz de un crío en brazos tienen la oportunidad de conseguirse un snorkel y nadar con la cabeza bajo la mierda, aunque con el ducto de aire sobre la superficie. Quienes, teniendo la oportunidad, deciden no estudiar, son la mierda de la que todos los demás debemos untarnos. Valga la aclaración.

A quienes rompen su burbuja antes de terminar una carrera profesional (teniendo un título técnico o tecnológico) les basta con un buen par de botas y un pantalón de trabajo. Ellos caminan por las orillas de la mierda. 

Finalmente, quienes logran terminar una carrera profesional solo tienen que untarse las manos con hojas de vida impresas en mierda, y tecleando en computadores de mierda. Y siempre ellos aspirarán a un título de posgrado en el cual todo el trabajo será untar sus cerebros con argumentos de mierda y tratar de imponer los propios, que a la larga también son mierda. 

A punto de romper mi propia burbuja, no es un sinsentido trazarme objetivos. Mi meta en esta sociedad donde el excremento abunda es obtener un doctorado, que no es otra cosa que el título profesional de un hablamierda.  

miércoles, 22 de enero de 2014

Días 53 y 54: Los bombillos fundidos

Acabo de cerrar un documento en Excel que no terminé. Pensaba calcular la probabilidad de que dos bombillos comprados en diferente fecha se fundan el mismo día. Y no es necesario hacer toda la matemática (aunque habría sido interesante y lo hubiera hecho de no ser porque no estoy de ánimo), es obvio que un evento así es en extremo improbable. 

Tengo nociones de cómo se comportan las variables aleatorias en probabilidad, de que el tiempo de vida de un bombillo se distribuye normal con media especificada en la caja y con un nivel de confianza razonable (yo diría que unos tres o cuatro sigma). No habría sido excesivamente complejo hacer la cuenta. Tampoco habría sido necesario. Lo único que buscaba, hambriento de indicadores como el buen casi ingeniero que soy, era un número que me diera la razón y que me diera una innecesaria confirmación de lo evidente: hoy la suerte no estuvo de mi lado. 

Desde ayer empezaron a suceder eventos improbables, extraños, indeseables. Al principio creí que todo ello se debía al azar ontológico del universo, a uno de vez en cuando le tocan malas rachas. Hoy, pensé, iba a ser un día a prueba de azar. Todo estaba medido, ensayado y calculado con precisión. A uno a veces se le olvida que no hay nada impermeable al azar.

Los bombillos fundidos resultaron siendo una imagen hasta caricaturesca. Incluso lo más improbable, con el suficiente tiempo y con las variables correctas interactuando, se puede hacer un hecho.  

lunes, 20 de enero de 2014

Días 45,46,(...),52: Se me olvidó que tengo un blog

Ocho días sin escribir. Cierto, estuve muy ocupado en ajetreos de la empresa, trabajos de la universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, lluvia, nieve, lluvia con nieve...

He tenido muchas cosas en qué pensar y miles y miles de post-its repletos de ideas son testigos. Va a ser duro dejar la universidad, lo sé. Va a ser duro tener que levantarme dos horas antes del amanecer, va a ser duro empezar a ser un adulto. Pero de eso se trata la vida, ésta es mi realidad. 

Y es cierto, a veces la realidad puede ser una perra desalmada, una puta que se alimenta de ilusiones rotas y temores. La vida me va a cambiar de forma radical. Y estoy ansioso como nunca. De no ser por los breves y significativos escapes de la realidad con los que la bioquímica nos ha bendecido, tal vez estaría más ansioso de lo que yo mismo podría tolerar. 

Y entre tanto ajetreo, tantas entregas finales y tantos trámites que he debido encarar como el tipo adulto y responsable que ahora soy, se me olvidó que tengo un blog. Espero (y escribo esto más como una obligación, un compromiso) que cuando la cosa esa que llamo realidad -sin saber qué es exactamente- se ponga más complicada, no pase lo que en esta semana y me olvide de escribir. Empezar a renunciar a lo que uno ama en pos de la satisfacción de expectativas ajenas es el primer paso para dejar de ser uno mismo. Y no estoy dispuesto ni siquiera a considerar ese escenario.

Por cierto. Mi amor incondicional a quien haya leído el primer párrafo y haya pensado "Andrés Caicedo hijueputa". 

sábado, 11 de enero de 2014

Días 42 y 43: Realidad superior

Entre los días 42 y 43 viajé a una especie de realidad superior, el universo de universos. Aún estoy escribiendo las crónicas y mis conclusiones, mi nueva cosmogonía producto de aquel viaje. Hay mucho que decir. Hay demasiado que decir. 

Los seres humanos reaccionan no frente a la realidad, sino frente a las ideas que tienen en su mente.

jueves, 9 de enero de 2014

Día 41: Cómo convertir un cortometraje en cuento

La intención de este blog es mantenerme escribiendo. Llevo algo así como un par de horas haciéndolo hoy, así que esta entrada es una mera formalidad. 

Mientras trabajaba en la idea que ayer introduje en este mismo espacio, me dí cuenta de que en realidad no estaba creando un cuento sino el guión de un cortometraje. Y ya está listo. Es la primera vez que en un borrador hablo de tomas, escenas, fundidos, expresiones faciales durante los diálogos, secuencias y demás monserga cinematográfica. 

Recuerdo que alguien, alguna vez, me propuso escribir un guión. Yo le di largas al asunto y al final resulté no haciendo un carajo. Si esa persona, por inocente casualidad, llega a leer esta entrada, que se entere. Ya tengo listo lo que me pidió hace hará ya medio año.

Como no persigo el ser guionista, como mi intención es formalizar mi proceso de creación literaria (no se confunda con estandarizar), ahora tengo que convertir ese trabajo en un cuento corto. Dado que mis vacaciones se extendieron unos días más, me dedicaré hoy y mañana a descubrir cómo carajo es que se convierte un guión de cortometraje en cuento. 

Vamos a ver si me va bien en ello. 

miércoles, 8 de enero de 2014

Día 40: Manos al texto

Hoy no voy a ser víctima de un arrebato. Tengo una idea para un cuento corto y, en vez de escribirla a los trompicones y luego publicarla de afán, la trabajaré con calma, diseñaré la trama y escogeré con cuidado cada palabra. Cuando sienta que está lista, la publicaré. Se trata de escribir más, sí, pero también de escribir mejor. 

Mientras tanto, una anécdota ajena.

Llegué de trotar (hoy hice once kilómetros, nunca había corrido tanto) y después de la necesaria higiene, me puse a leer un rato. Aún estoy con The Demon-Haunted World, no quiero apresurarme, considero mejor disfrutar cada palabra y cada idea. Todas valen oro en ese libro. En fin, estaba leyendo un pasaje en el que Carl habla sobre la historia del primer quasar en ser descubierto. 

Unos físicos rusos descubrieron una radiofuente muy potente y distante que emitía señales sinusoidales con periodo de cien días. Al no contar con una explicación mejor, estos tipos pensaron que se trataba de la base de una civilización extraterrestre muy avanzada (Tipo III en la escala Kardashev, por si me lee algún entendido). Anunciaron sus conclusiones al público en 1963 y desataron un frenesí cultural sin precedentes. Todo por malinterpretar unos datos. 

Aquellos físicos llamaron a la radiofuente CTA-102 (ahora se sabe bien que se trata de un quasar) y algunos remanentes de la histeria alienígena flotan todavía. Les comparto uno de ellos. Cuando tenga el cuento listo, lo publicaré aquí y en el otro blog, como es usual.

  

sábado, 4 de enero de 2014

Días 35 y 36: Imagen mental

«Te imagino ya con tus estudios -siempre has seguido escribiendo- y se te presenta la oportunidad de algo serio, a esta editorial le gusta lo que escribes y el enfoque que le das a tus escritos, decides dejar a un lado la ingeniería y te vas para un país como Alemania o en los Países Bajos, ya instalado allá estarías viviendo no en una gran ciudad, un lugar como a las afueras de Stuttgart, preferiblemente cerca de la selva negra o inclusive en Róterdam, estarías escribiendo, viajando, conociendo. TU VIVIENDA, tendría que ser algo rústica, obvio la tecnología necesaria pero siempre con paredes de ladrillo, una sala de música, la biblioteca, dos chimeneas, una en la sala y otra en la biblioteca, la cocina, y la habitación principal siempre dando hacia un paisaje muy natural.

«Saldrías a caminar de madrugada con un cigarro para volver y darte cuenta de tan maravilloso paisaje, SE ME OLVIDABA EL PIANO, divino en la sala, dando hacia un ventanal enorme y sonaría algo con el estilo de praise you de Fatboy Slim.»



jueves, 2 de enero de 2014

Días 32, 33 y 34: All you need is love

No sé qué pensar sobre el año que recién terminó. Todos los 31 de diciembre me hago uno y solo un propósito: hacer que el año que viene sea el mejor de mi vida, hasta ahora. Lo logré en 2010, 2011 y en 2012 todo iba perfecto, todo hasta la última semana. 

Es cierto que por ello el 2013 empezó con una seria desventaja. Además, no habían pasado más de tres meses y ya el año me había dado tragedias en extremo inverosímiles. Agarrado de la mano del tiempo, descubrí que lo más sano es convertir todos esos momentos difíciles en otra cosa; lo sano es desafilar los cuchillos, mirar el pasado con lentes de comedia y convertir el dolor en risas. 

Si ignoro los primeros tres meses (tal vez los primeros cuatro), el año que apenas falleció pudo haber sido, por lejos, de todos el mejor. Gané concursos, fui publicado más veces que nunca, dejé la carrera a un pelo de terminarla (y renové mi motivación), conseguí una muy buena oportunidad en la empresa que siempre quise, conocí nuevas personas, nuevos universos y nuevos estados de percepción, encontré verdaderos amigos -mejor, la verdadera amistad en viejos amigos-...

Pero aún no sé qué pensar.

Al 2013 lo vi nacer en un vaso de whisky y lágrimas, escuchando canciones que detesto, acompañado por mi papá y otras personas que, al igual que a él, apenas si conozco. Aquellos primeros minutos del año fácilmente pudieron ser un pronóstico del desastre. Por fortuna -y aquí lo irónico de la frase-, por fortuna no creo en agüeros. Al 2013 lo vi morir en una botella llena de catarsis a seis grados de alcohol. Todos los errores fueron reparados; las ofensas, perdonadas. Y todas las cosas buenas calentaron el corazón... cosas buenas disfrazadas en abrazos fraternales de mi verdadera familia. 

Hace dos días me lo propuse de nuevo: el 2014 va a ser el mejor año de mi vida. Y a las doce de la noche, o mejor, más significativo, a las cero horas del año, inesperadamente, me llegó la revelación. Desde el primer segundo entendí el mensaje que el Cosmos me estaba enviando. ¡Cómo habría podido equivocarme en la interpretación de algo tan claro! 

A las cero horas del primero de enero de 2014 una voz empezó a cantar There's nothing you can do that can't be done, nothing you can sing that can't be sung, nothing you can say but you can learn how to play the game... It's easy . "All you need is love" de The Beatles y la certeza de que este será el mejor año de mi vida, hasta ahora. 

Tal vez sí creo un poquito en agüeros.