miércoles, 22 de enero de 2014

Días 53 y 54: Los bombillos fundidos

Acabo de cerrar un documento en Excel que no terminé. Pensaba calcular la probabilidad de que dos bombillos comprados en diferente fecha se fundan el mismo día. Y no es necesario hacer toda la matemática (aunque habría sido interesante y lo hubiera hecho de no ser porque no estoy de ánimo), es obvio que un evento así es en extremo improbable. 

Tengo nociones de cómo se comportan las variables aleatorias en probabilidad, de que el tiempo de vida de un bombillo se distribuye normal con media especificada en la caja y con un nivel de confianza razonable (yo diría que unos tres o cuatro sigma). No habría sido excesivamente complejo hacer la cuenta. Tampoco habría sido necesario. Lo único que buscaba, hambriento de indicadores como el buen casi ingeniero que soy, era un número que me diera la razón y que me diera una innecesaria confirmación de lo evidente: hoy la suerte no estuvo de mi lado. 

Desde ayer empezaron a suceder eventos improbables, extraños, indeseables. Al principio creí que todo ello se debía al azar ontológico del universo, a uno de vez en cuando le tocan malas rachas. Hoy, pensé, iba a ser un día a prueba de azar. Todo estaba medido, ensayado y calculado con precisión. A uno a veces se le olvida que no hay nada impermeable al azar.

Los bombillos fundidos resultaron siendo una imagen hasta caricaturesca. Incluso lo más improbable, con el suficiente tiempo y con las variables correctas interactuando, se puede hacer un hecho.  

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