jueves, 2 de enero de 2014

Días 32, 33 y 34: All you need is love

No sé qué pensar sobre el año que recién terminó. Todos los 31 de diciembre me hago uno y solo un propósito: hacer que el año que viene sea el mejor de mi vida, hasta ahora. Lo logré en 2010, 2011 y en 2012 todo iba perfecto, todo hasta la última semana. 

Es cierto que por ello el 2013 empezó con una seria desventaja. Además, no habían pasado más de tres meses y ya el año me había dado tragedias en extremo inverosímiles. Agarrado de la mano del tiempo, descubrí que lo más sano es convertir todos esos momentos difíciles en otra cosa; lo sano es desafilar los cuchillos, mirar el pasado con lentes de comedia y convertir el dolor en risas. 

Si ignoro los primeros tres meses (tal vez los primeros cuatro), el año que apenas falleció pudo haber sido, por lejos, de todos el mejor. Gané concursos, fui publicado más veces que nunca, dejé la carrera a un pelo de terminarla (y renové mi motivación), conseguí una muy buena oportunidad en la empresa que siempre quise, conocí nuevas personas, nuevos universos y nuevos estados de percepción, encontré verdaderos amigos -mejor, la verdadera amistad en viejos amigos-...

Pero aún no sé qué pensar.

Al 2013 lo vi nacer en un vaso de whisky y lágrimas, escuchando canciones que detesto, acompañado por mi papá y otras personas que, al igual que a él, apenas si conozco. Aquellos primeros minutos del año fácilmente pudieron ser un pronóstico del desastre. Por fortuna -y aquí lo irónico de la frase-, por fortuna no creo en agüeros. Al 2013 lo vi morir en una botella llena de catarsis a seis grados de alcohol. Todos los errores fueron reparados; las ofensas, perdonadas. Y todas las cosas buenas calentaron el corazón... cosas buenas disfrazadas en abrazos fraternales de mi verdadera familia. 

Hace dos días me lo propuse de nuevo: el 2014 va a ser el mejor año de mi vida. Y a las doce de la noche, o mejor, más significativo, a las cero horas del año, inesperadamente, me llegó la revelación. Desde el primer segundo entendí el mensaje que el Cosmos me estaba enviando. ¡Cómo habría podido equivocarme en la interpretación de algo tan claro! 

A las cero horas del primero de enero de 2014 una voz empezó a cantar There's nothing you can do that can't be done, nothing you can sing that can't be sung, nothing you can say but you can learn how to play the game... It's easy . "All you need is love" de The Beatles y la certeza de que este será el mejor año de mi vida, hasta ahora. 

Tal vez sí creo un poquito en agüeros. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario