Hoy no voy a ser víctima de un arrebato. Tengo una idea para un cuento corto y, en vez de escribirla a los trompicones y luego publicarla de afán, la trabajaré con calma, diseñaré la trama y escogeré con cuidado cada palabra. Cuando sienta que está lista, la publicaré. Se trata de escribir más, sí, pero también de escribir mejor.
Mientras tanto, una anécdota ajena.
Llegué de trotar (hoy hice once kilómetros, nunca había corrido tanto) y después de la necesaria higiene, me puse a leer un rato. Aún estoy con The Demon-Haunted World, no quiero apresurarme, considero mejor disfrutar cada palabra y cada idea. Todas valen oro en ese libro. En fin, estaba leyendo un pasaje en el que Carl habla sobre la historia del primer quasar en ser descubierto.
Unos físicos rusos descubrieron una radiofuente muy potente y distante que emitía señales sinusoidales con periodo de cien días. Al no contar con una explicación mejor, estos tipos pensaron que se trataba de la base de una civilización extraterrestre muy avanzada (Tipo III en la escala Kardashev, por si me lee algún entendido). Anunciaron sus conclusiones al público en 1963 y desataron un frenesí cultural sin precedentes. Todo por malinterpretar unos datos.
Aquellos físicos llamaron a la radiofuente CTA-102 (ahora se sabe bien que se trata de un quasar) y algunos remanentes de la histeria alienígena flotan todavía. Les comparto uno de ellos. Cuando tenga el cuento listo, lo publicaré aquí y en el otro blog, como es usual.
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