Hace mucho tiempo; de hecho, tanto tiempo que el tiempo ni siquiera existía por aquél entonces, mucho menos el entonces, una singularidad cuántica dio origen al todo, incluyendo el tiempo y el entonces. De la nada surgió el todo, un todo refulgente con el brillo de estrellas, galaxias e ilusiones. Con un universo tan vasto y repleto de oportunidades es difícil no hacerse a una ambición, a veces pareciera que toda esa materia y energía tienen como único fin darle sentido a los deseos.
Mas no.
Dentro del mismo conjunto de leyes y normas que permitió alguna vez -la primera vez- la creación autónoma e inesperada del todo, yace escondido el germen de su propia destrucción. El final no es algo que se pueda evitar, está ahí, es inevitable, es tan necesario y significativo como lo fue el inicio.
Llegará el momento en que la entropía será todo lo que exista, la materia, la energía y las ambiciones se disiparán y perderán toda su esencia, las estrellas, galaxias e ilusiones dejarán de refulgir. Es parte fundamental de la vida el morir.
Qué hacer para revertir la entropía debería ser un asunto prioritario entre nuestras cavilaciones. Lo contrario es el epítome de la más ramplona resignación. Aunque, ciertamente, por más que carburemos neuronas en el problema, es de verdad improbable que logremos una solución al rompecabezas. Así pues, la resignación no se antoja tan ramplona después de todo, ésta se postula incluso como una prudente opción.
Estos párrafos son solo palabrería. El caso es simple: voy a dejar de escribir por un tiempo en este y en el otro blog. La entropía está aumentando a un ritmo vertiginoso en mi impulso por escribir. Tal vez necesito un tiempo, tal vez que el tiempo deje de existir por completo. Pensar. reorganizarme, dejar de nadar en aguas turbias y aclarar un poco el panorama.
Puede que, como en el cuento de Isaac Asimov, encuentre la manera de revertir la entropía. Puede que halle el mecanismo para lograr que la consecuencia preceda a la causa, puede que de nuevo ocurra una singularidad y las estrellas, las galaxias y las ilusiones vuelvan a refulgir.
El tiempo dejará de existir, si bien no descarto que una nueva singularidad lo haga renacer. Solo en ese renovado entonces, el tiempo traerá consigo las respuestas.
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