viernes, 30 de enero de 2015

Tropecé dos veces

Ya no creo en tus mentiras
No me importan tus verdades
Ni las mías
Ya no creo

El brillo de los días pasados
El calor de tus besos soñados
Son resacas
Espejismos

En tus ojos vi el futuro
Tus palabras me enseñaron
Utopías
Imposibles

Los rayos no caen dos veces
En el mismo punto
Caíste en mí
Y caí

Prometí no tropezar dos veces
Con tu corazón de piedra
Prometí
Sin cumplir

Me clavaste tus puñales
Y al igual que al mal poeta
No me duelen
No hacen mal

Muchas noches te soñé 
Tu sonrisa vivió en mí
Ya no te vivo
No te sueño

Me dijiste que querías escribir
poemas de amores imposibles
Aquí tienes
El primero

Tropecé dos veces...

martes, 13 de enero de 2015

Día 403-404 o lo que sea: La vida es normal

Hoy la musa está dormida y la diosa fortuna, aún lúcida, juega a darle calvazos y distraer a este remedo de escritor. Realmente no sé qué escribir, estoy disparando palabras con un rifle chueco, los ojos vendados y las manos atadas. La vida es normal (hablando en términos estadísticos, lo que es igual a decir que es aleatoria y difícil de predecir), dentro de poco empezaré mi primer posgrado y al parecer ella también. El percutor falla y mi rifle chueco, con dificultad, dispara sus últimas palabras:

-Andate a la cama gran huevón que ya estás pensando de más.


viernes, 9 de enero de 2015

Día 401: Frases atropelladas para un libro en construcción

Hoy estuve trabajando en mi proyecto literario. El texto está apenas en construcción, por ende aún necesita varias correcciones y revisiones. Dejo aquí unos pocos párrafos de lo que hice hoy, por si alguien se encuentra con esta entrada (de pura casualidad), se haga una pequeña idea de lo que quiero narrar. 

(...)

Silencio. Por cinco segundos (que duraron una eternidad para Cubillos) solo se escuchó la pesada respiración de la gerente de la compañía minera más grande en operación en Colombia. Finalmente, de Rhodes contestó:

- Wilson, ¿me interrumpió en medio de una reunión con los accionistas para decirme que la solución a todos nuestros problemas es un… meteorito? No estoy para bromas, no en este momento, ¡por dios, la compañía se está cayendo a pedazos y usted me viene con estupideces! Lo espero el viernes a primera hora con el informe de su trabajo en campo y una proyección de utilidades-.

- ¡Por favor escúcheme Tamaira! –suplicó Cubillos-. Podemos salvar la compañía, es una oportunidad que solo tendremos una vez y no la perderemos, ¡esperar incluso unos pocos días sería un error del que nos lamentaremos toda la vida!

-Viernes, primera hora.


Tamaira terminó la llamada y apagó el teléfono antes de volver a sentarse en su lugar. La crisis por la que estaba atravesando la compañía no era un secreto para los accionistas, por lo que de Rhodes tuvo que citarlos para tratar de convencerlos de mantener sus inversiones en El Dorado Mining Company. Los cuatro accionistas con mayor porcentaje de participación en El Dorado tuvieron un momento a solas en la oficina de Tamaira de Rhodes y ninguno de ellos mostraba intenciones de mantener su dinero en el negocio del oro. Indudablemente fue un error táctico salir de la reunión, muchas cosas pudieron decirse a espaldas de la gerente durante su corta ausencia. De Rhodes estaba furiosa con Cubillos por su impertinencia y esa estupidez del meteorito, con ella misma por haber dejado a solas a los accionistas y con el mercado mismo por la caída abrupta de los precios del oro. Todos estaban jugando en su contra.

(Continúa....)

jueves, 8 de enero de 2015

Día 400 (creo): La resurrección del blog bazofia

Este blog nació por allá a finales del 2013, creo que hoy se cumplen 400 días desde que publiqué la primera entrada. Siempre se ha tratado de lo mismo, escribir toda la basura que me venga a la mente. Sin tramas, sin personajes, sin literatura, este lugar es mi pequeño altar al freestyle. Detrás de esto hubo al principio un objetivo muy claro, mantenerme todos los días tecleando. Este blog es una declaración de guerra contra la hoja en blanco.

El blog está lleno de anécdotas que seguramente a nadie interesan (por ello creé este espacio aparte, en vez de llenar mi otro blog con los vergonzosos textos que improviso aquí). Dejé de escribir por casi un año y ahora necesito afilar de nuevo las espadas del texto. Pienso que la mejor forma de revivir este espacio es contando por qué me olvidé del pequeño y poco talentoso escritor que llevo en mí y cómo decidí resucitar a Lázaro. Como es usual, hoy no encuentro mejor forma de hacerlo que con una anécdota.

Hace un par de años tuve una idea para un texto, sobre un viajero espacial que vuelve a la Tierra para encontrarla completamente destruida y descubrir que es el único ser con vida en el planeta. El único signo de civilización que encuentra es el Big Ben en ruinas, marcando las 5:17 pm. No sé por qué esa hora en específico, seguro hubo un motivo en su momento aunque no lo recuerde.

Tiempo después empecé a ser explotado miserablemente trabajar para una multinacional en turno de doce horas (que casi todos los días se convertían en 14 o 15). El ritmo de trabajo no me daba un solo segundo para pensar siquiera en basura para dejar aquí, aunque, ahora que lo pienso mejor, de haber tenido la energía, este espacio habría sido una excelente catarsis. Cuando ni el cuerpo ni el espíritu (si existe tal cosa) dieron más, decidí que lo mío no era soportar estoicamente la explotación laboral, así que renuncié. Días después me enteré de que podría hacer estudios de posgrado y empezarlos en 2015, por lo que realmente no me arrepiento de esa decisión.

Ayer la casualidad puso de nuevo frente a mis ojos las notas iniciales del texto sobre el astronauta y el Big Ben. Me causó mucha curiosidad que, aunque las notas eran vagas y poco específicas, la hora que marcaría el Big Ben estaba bien definida. Mientras pensaba que algún día debía terminar de escribir el texto, sonó mi celular. Algún donnadie de la multinacional aún no sabía sobre mi renuncia y me buscaba para que le solucionara la novedad (cuya traducción más exacta de jerigonza empresarial a español corriente es "mierdero"). Su primera frase en la conversación fue un mazo que me dio directo en el cráneo y aún me tiene algo aturdido.

¿Jerson? Qué pena molestarlo, le tengo una novedad de 5:17 de la tarde. 

Qué curiosa coincidencia. En ese momento supe que debía volver a escribir basura. Volver a hacerlo todos los días. Supe que tenía que terminar ese texto viejo y olvidado, probablemente lo publicaré en los próximos días.

Este texto deleznable es la resurrección de mi blog bazofia. Here I am, back in the game, bitches!

21 años y 364 días

Desde hace cinco años hago esto. Empecé haciéndolo en mi primer intento de blog, uno que nadie leyó. Al siguiente año lo escribí, lo publiqué y lo dediqué. El otro año lo escribí casi que por compromiso. El siguiente, el de hace un año, fue una catarsis.

Y hoy... hoy es un día extraño.

Un día estoy jugando microfútbol al frente de la facultad después de un parcial y al siguiente estoy levantándome a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar la ruta que me lleva a la empresa. Fue así, de golpe, como me di cuenta de que la vida universitaria se estaba terminando. Aún tenía clases, aún iba a la universidad todos los días después de trabajar, pero cada vez el final de esa etapa se estaba acercando más. Lo sabía, lo sentía, simplemente se veía venir.

Sin embargo eso nunca me preocupó. Desde el principio supe que debía seguir estudiando. Tuve muy buenas razones para decidirme a continuar en la vida académica. Además, trabajo significa salario, ahorros, costear una maestría. También el trabajo, de hecho, me ha enseñado muchas cosas sobre las que en la universidad no tenía idea alguna. Es otro tipo de aprendizaje al universitario pero con la misma intensidad e igual de valioso.

Hay quienes me hacen notar eso en favor del aprendizaje empresarial. Sé que puedo perderme de algunas cosas atractivas (un buen ingreso, estabilidad, comodidad), cosas que de hecho son las que parecen disfrutar más quienes han tenido muchos años de aprendizaje empresarial. Mucha gente elige lo atractivo. No los juzgo, es una apuesta segura; yo la tomaría si no tuviera una mejor opción.

El asunto es que tengo una mejor opción.

Yo no hablo ni pienso en términos de dinero. No es mi motivación. Cuando me levanto todos los días temprano, mi motivación nunca es el dinero que voy a ganar por hacerlo. Me motiva aprender, vérmelas todos los días frente a algo nuevo, siempre un reto diferente, siempre algo nuevo para aprender a hacer y luego hacerlo. Es una excelente forma de entrenamiento. De eso se trata un poco la educación, problemas nuevos a los que uno nunca se ha enfrentado y aprendizaje para solucionarlos. Y por el tema mismo de la maestría que quiero hacer, sí que habrá problemas nuevos que habrá que aprender a solucionar.

Quiero hacer una maestría. Esa es mi motivación.

En menos de un mes tendré la prueba de admisión que quiero pasar. En 21 años y 364 días he tenido varios exámenes de admisión que quería superar más que nada en el mundo, y en todos ellos logré el objetivo, y en todos ellos fui increíblemente feliz. No significa que yo sea agorero y confiado. Para nada. Me estoy preparando fuertemente, a mi propia manera, la que tanto me gusta y me ha dado siempre resultados.

En 21 años y 364 días he vivido incontables cosas. He aprendido de la vida y su estilo recio de enseñanza lo suficiente para tomar concienzudamente una decisión muy importante, y aún soy tan ignorante como para tomar las siguientes decisiones importantes. Sé lo que quiero, estoy apostándolo todo por ello. No me gustan las apuestas fáciles.


Publico esto hoy 8 de enero de 2015 y aunque nadie va a leer este texto (mejor que así sea), quiero recordarme a mí mismo que sí vale la pena esforzarse. En menos de un mes empezaré la maestría.


domingo, 20 de abril de 2014

Un cigarrillo al atardecer

En una especie de accidente, una serendipia si se quiere, he encontrado un lugar al que puedo llamar mío.

Lejos de los relucientes edificios de cristal, de las luces de neón y las pantallas LED que le sonsacan majestuosidad a la noche, estoy rodeado de inquilinatos, casas de ladrillos baratos y tejas metálicas, cuerdas roídas por el tiempo que apenas logran sostenerse bajo el peso de las ropas de la clase trabajadora. Mis vecinos, mi familia, yo.

Una cadena de montañas me impide ver el horizonte. De todas maneras, a lo lejos puedo ver el atardecer. Hoy, y en general todas las tardes, el cielo visto desde aquí es un lienzo donde las formas y los colores más inverosímiles se combinan en inexplicables y mágicas figuras que se llevan todo el aliento que me queda después de darle una fuerte bocanada a un cigarrillo. Cada tecla que oprimo es un rayo menos de luz en el cielo, la oscuridad empieza a ganar terreno. Una a una se van encendiendo las luces de los postes y las casas que apenas puedo distinguir desde la distancia. Las observo con devoción, son nuestras estrellas artificiales, nuestras constelaciones de "progreso".

Pienso en un atardecer extraterrestre. ¿La sensación de calma que nos produce un atardecer es característica de nosotros o habrá evolucionado con miles de especies inteligentes en todo el universo? No lo sé, pero me divierte un poco la idea de estar viendo el ocaso de Sirio o de Betelgeuse en vez del de nuestro sol, viejo y familiar.

La mayor parte de mi vida ha sucedido fuera de esta casa. Por como se desenvolvieron los vaivenes de la vida, pocas veces he estado en casa a la hora del ocaso, pocas veces he tenido la oportunidad de fantasear con el crepúsculo desde mi propio hogar. Hoy, de algún modo, me siento con fortuna.

Mientras en Radiónica suena el The Division Bell de Pink Floyd, el álbum que marcó el atardecer en la carrera de una de las mejores bandas de rock de la historia, pienso en la mía, en mi propia historia; en lo que me trajo el día y lo que me aguarda en la tranquila noche. Pienso en mi futuro, en qué camino tomar. Pienso en lo que he pensado todos los días de los últimos tres años. Pienso en ella, en ellos y en todo lo demás. A veces pienso de más.

El cigarrillo se consume, al igual que otras cosas.

Recién ayer volví, después de contemplar tres atardeceres en un lugar distante, extraño y hermoso. ¿Sentirá alguien lo mismo que yo siento hoy, después de volver a su lugar tras años enteros de ausencia?

El día agoniza y el intenso naranja que me acompañaba al empezar a escribir es ahora un tenue destello de azul claro entre las montañas. Estoy de espaldas al sol, de cara a las estrellas. Sigo sentado en mi lugar, contemplando, tratando de poner en palabras la intensa batalla de pensamientos y confusión que tiene lugar dentro de mí. En pijama y chancletas, permanezco sentado en una escalera rústica a la intemperie y mirando los tejados de lata y la luz artificial de mi bombillo (en resignación del día que ya no existe más).

Pienso en el día de mañana, en la rutina, en los viajes y en los viajes, en los otros. ¿Pensarán ellos lo mismo que yo, tendrán los mismos miedos, las mismas ambiciones y el vértigo por estar viviendo sin tener idea de cómo hacerlo? ¿Se atreverán a buscar, por todos los medios, vivir la vida que quieren y no la que les tocó? Me gusta pensar que sí, que al menos en ello somos todos iguales.

Pero la verdad es que muchos ya se resignaron, otros tantos ni siquiera tuvieron que hacerlo, pues nunca pensaron que se puede vivir de otras maneras. Ya están demasiado consumidos por la cotidianidad, sus existencias son rutinas, y ellos autómatas que se olvidaron de luchar la interminable guerra entre el individuo y sus sueños contra la sociedad y las ambiciones de quienes la controlan.

De cualquier modo, la noche de domingo ya está aquí, en casa, y el álbum de Pink Floyd va a terminar. La semana tan significativa y definitoria que recién viví quedará en el recuerdo, como un paréntesis escrito en el ocaso. Ahora, solo me queda estar bien preparado para encarar el próximo amanecer y plantarme fuerte ante los huracanes de la vida real.

I knew the moment had arrived
For killing the past
And coming back to life.





sábado, 19 de abril de 2014

No importa mucho, la verdad

Como muchas de las entradas en este blog, no sé de qué manera arrancar a desarrollar mi idea, así que lo haré de la forma facilista: a lo animal.

Nuestro egocentrismo es impresionante, algunos seres humanos tienen incluso el atrevimiento de asegurar que ellos son los poseedores de la verdad absoluta, revelada por gracia de alguna deidad imaginaria, como si ellos fueran menos insignificantes que otros humanos y por ello fueran merecedores de la verdad última, otorgada por los mismos creadores del todo. El asunto con las interpretaciones personales de la realidad empírica (o aquella a la que nos hemos visto enfrentados directamente) es que tienen latente la aspiración de convertirse en verdades universales. Casi como si la opinión propia fuera inmutable.

Estamos hechos todos, me refiero a todos los cuerpos con masa, de partículas sujetas a las leyes (esta vez sí inmutables) de la física cuántica. A nivel cuántico las cosas van muy diferente. Fluctuaciones de vacío, aparición y desaparición espontánea de fotones, teletransportación y emparejamiento de partículas, entre otras cosas, me hacen pensar en una invalidez casi completa del grueso de experiencias y vivencias propias al que nos atrevemos a llamar realidad.

Quiero solo citar dos ejemplos: 1) el cuerpo humano, toda la esencia, los defectos, las virtudes, la memoria, los sentimientos y la complejidad intrínseca de nuestra naturaleza es 99,999999999% espacio vacío (sin exagerar, al contrario, ahorrando cifras decimales); 2) El color es solo un mecanismo que tiene el cerebro animal para saber qué ondas de luz irradian más energía, toda vez que algo solo tiene color cuando está expuesto a la luz.

Ahora, sabemos que toda la materia de la que estamos hechos (salvo el hidrógeno) se creó en el corazón de las estrellas. Reacciones termonucleares en cuerpos increíblemente masivos generaron todos los elementos que componen la macroestructura de la materia. Dentro de unos cuatro o cinco mil millones de años nuestra propia estrella va a explotar, engullir la Tierra y con ella, muy probablemente también los átomos que conforman lo que soy, al menos materialmente. Luego, puede que en otros miles de millones de años, nazca una nueva estrella con planetas y todos esos átomos vuelvan a crear otro organismo vivo, tal vez inteligente. Ese sería un gran avance para mis átomos, pero mi esencia, yo mismo ya habré dejado de existir mucho tiempo atrás. La conciencia, la "esencia" es solo una ilusión.

Dentro de cinco mil millones de años poco importará si hoy me levanté media hora más tarde de lo habitual o si dije algo que pudo herir a una persona. El universo raya en los límites de lo infinito y lo eterno. Como humanos aún no nos hemos dado cuenta de lo insignificantes que nuestros actos han sido, son y serán. Al fin y al cabo, si todo sale según lo planeado (ejem, ejem), el universo entero morirá congelado.

Todo lo que existe en este universo es también el universo en sí. Al ser humano le gusta verse desconectado, tener su lugar especial, privilegiado. Pero si uno lo piensa bien, nuestra especie, todos nosotros estamos hechos de materia estelar y estamos sujetos a las leyes universales de la cuántica. Nosotros somos el universo.

Como decía Carl Sagan, somos la forma que tiene el universo para contemplarse y conocerse a sí mismo.

Así que, después de todo, sí existe una motivación válida para vivir, mi excusa favorita para no extraviarme en el inmenso vacío cuántico que soy, que somos, que nos rodea y nos engulle. Somos el universo. La contemplación y el disfrute de las experiencias, la adquisición de conocimiento, el intercambio de ideas, la imaginación, el amor desinteresado a todos y a todo del que hablan los hinduistas. Estas son las formas de ir desvelando poco a poco los misterios del universo y de nosotros mismos.

Y todo lo demás... Bueno, no importa mucho, la verdad.