A mí me llegó tarde el sueño infantil de ser futbolista. Recuerdo a mis compañeros de primaria en una actividad algo insulsa e improvisada por parte de la profesora. La idea era pasar al frente y hablar sobre la profesión que queríamos desempeñar cuando creciéramos. Las niñas querían ser modelos, reinas de belleza, azafatas, en fin... Los niños todos querían ser futbolista. Todos menos uno.
Mi sueño infantil era ser inventor.
Fue hasta mis catorce que me dio la obsesión por ser futbolista. Un poco tardía, sí, pero me dio la oportunidad de luchar con gran intensidad por mi sueño. Mejoré mucho en mi juego, en apenas dos años pasé de ser el niño que elegían de ultimo en todos los partidos a vestir la camiseta de las divisiones menores de un equipo profesional muy importante. Esto anterior es solo una anécdota.
De verdad tenía ganas en ese entonces de ser futbolista. Jugaba con el 9, día y mes de mi cumpleaños, clásico de los centrodelanteros a lo Inzaghi, mi ídolo. Hice del 9 mi número de la suerte y me volví numerólogo amateur. Sumando los números que componían la fecha en que ingresé a mi primer equipo de fútbol obtuve un 9 lleno de buenos augurios.
Esa experiencia cambió mi vida, me redefinió. De alguna manera considero que el 9 en la fecha fue una señal.
Hoy, 28 de enero de 2014, mi vida empezó una nueva etapa con el potencial de redefinirme como persona. La sorpresa es que 2+8+0+1+2+0+1+4=18 y 1+8...