martes, 28 de enero de 2014

Días 59 y 60: El numero 9

A mí me llegó tarde el sueño infantil de ser futbolista. Recuerdo a mis compañeros de primaria en una actividad algo insulsa e improvisada por parte de la profesora. La idea era pasar al frente y hablar sobre la profesión que queríamos desempeñar cuando creciéramos. Las niñas querían ser modelos, reinas de belleza, azafatas, en fin... Los niños todos querían ser futbolista. Todos menos uno.

Mi sueño infantil era ser inventor.

Fue hasta mis catorce que me dio la obsesión por ser futbolista. Un poco tardía, sí, pero me dio la oportunidad de luchar con gran intensidad por mi sueño. Mejoré mucho en mi juego, en apenas dos años pasé de ser el niño que elegían de ultimo en todos los partidos a vestir la camiseta de las divisiones menores de un equipo profesional muy importante. Esto anterior es solo una anécdota.

De verdad tenía ganas en ese entonces de ser futbolista. Jugaba con el 9, día y mes de mi cumpleaños, clásico de los centrodelanteros a lo Inzaghi, mi ídolo. Hice del 9 mi número de la suerte y me volví numerólogo amateur. Sumando los números que componían la fecha en que ingresé a mi primer equipo de fútbol obtuve un 9 lleno de buenos augurios.

Esa experiencia cambió mi vida, me redefinió. De alguna manera considero que el 9 en la fecha fue una señal.

Hoy, 28 de enero de 2014, mi vida empezó una nueva etapa con el potencial de redefinirme como persona. La sorpresa es que 2+8+0+1+2+0+1+4=18 y 1+8...

domingo, 26 de enero de 2014

Días 55, 56, 57 y 58: La sociedad de la mierda

Uno sabe que se ha convertido en adulto cuando sale con cara de idiota en el carnet que lo identifica como empleado de una empresa. Y ese es mi caso, ya tengo el carnet que me identifica como adulto. 

Madurar es un proceso doloroso, complejo, desagradecido. Uno tiene que cagarla abundantemente antes de atreverse a darle la cara a la realidad. Por fortuna la sociedad actual, con toda la podredumbre que genera y de la que se alimenta, le da a las personas un periodo de gracia para poder prepararse, ponerse los overoles antes de untarse de mierda. 

La cantidad de mierda de la que uno debe untarse depende siempre de qué tan bien preparado esté uno antes de romper la burbuja. Hay quienes la rompen en plena pubertad, haciéndose papás a los quince o menos; a ellos les toca desarrollar branquias para poder nadar en la mierda. Quienes deciden dejar de estudiar con el grado de bachiller (o antes) y aún no se han puesto la cruz de un crío en brazos tienen la oportunidad de conseguirse un snorkel y nadar con la cabeza bajo la mierda, aunque con el ducto de aire sobre la superficie. Quienes, teniendo la oportunidad, deciden no estudiar, son la mierda de la que todos los demás debemos untarnos. Valga la aclaración.

A quienes rompen su burbuja antes de terminar una carrera profesional (teniendo un título técnico o tecnológico) les basta con un buen par de botas y un pantalón de trabajo. Ellos caminan por las orillas de la mierda. 

Finalmente, quienes logran terminar una carrera profesional solo tienen que untarse las manos con hojas de vida impresas en mierda, y tecleando en computadores de mierda. Y siempre ellos aspirarán a un título de posgrado en el cual todo el trabajo será untar sus cerebros con argumentos de mierda y tratar de imponer los propios, que a la larga también son mierda. 

A punto de romper mi propia burbuja, no es un sinsentido trazarme objetivos. Mi meta en esta sociedad donde el excremento abunda es obtener un doctorado, que no es otra cosa que el título profesional de un hablamierda.  

miércoles, 22 de enero de 2014

Días 53 y 54: Los bombillos fundidos

Acabo de cerrar un documento en Excel que no terminé. Pensaba calcular la probabilidad de que dos bombillos comprados en diferente fecha se fundan el mismo día. Y no es necesario hacer toda la matemática (aunque habría sido interesante y lo hubiera hecho de no ser porque no estoy de ánimo), es obvio que un evento así es en extremo improbable. 

Tengo nociones de cómo se comportan las variables aleatorias en probabilidad, de que el tiempo de vida de un bombillo se distribuye normal con media especificada en la caja y con un nivel de confianza razonable (yo diría que unos tres o cuatro sigma). No habría sido excesivamente complejo hacer la cuenta. Tampoco habría sido necesario. Lo único que buscaba, hambriento de indicadores como el buen casi ingeniero que soy, era un número que me diera la razón y que me diera una innecesaria confirmación de lo evidente: hoy la suerte no estuvo de mi lado. 

Desde ayer empezaron a suceder eventos improbables, extraños, indeseables. Al principio creí que todo ello se debía al azar ontológico del universo, a uno de vez en cuando le tocan malas rachas. Hoy, pensé, iba a ser un día a prueba de azar. Todo estaba medido, ensayado y calculado con precisión. A uno a veces se le olvida que no hay nada impermeable al azar.

Los bombillos fundidos resultaron siendo una imagen hasta caricaturesca. Incluso lo más improbable, con el suficiente tiempo y con las variables correctas interactuando, se puede hacer un hecho.  

lunes, 20 de enero de 2014

Días 45,46,(...),52: Se me olvidó que tengo un blog

Ocho días sin escribir. Cierto, estuve muy ocupado en ajetreos de la empresa, trabajos de la universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, universidad, empresa, lluvia, nieve, lluvia con nieve...

He tenido muchas cosas en qué pensar y miles y miles de post-its repletos de ideas son testigos. Va a ser duro dejar la universidad, lo sé. Va a ser duro tener que levantarme dos horas antes del amanecer, va a ser duro empezar a ser un adulto. Pero de eso se trata la vida, ésta es mi realidad. 

Y es cierto, a veces la realidad puede ser una perra desalmada, una puta que se alimenta de ilusiones rotas y temores. La vida me va a cambiar de forma radical. Y estoy ansioso como nunca. De no ser por los breves y significativos escapes de la realidad con los que la bioquímica nos ha bendecido, tal vez estaría más ansioso de lo que yo mismo podría tolerar. 

Y entre tanto ajetreo, tantas entregas finales y tantos trámites que he debido encarar como el tipo adulto y responsable que ahora soy, se me olvidó que tengo un blog. Espero (y escribo esto más como una obligación, un compromiso) que cuando la cosa esa que llamo realidad -sin saber qué es exactamente- se ponga más complicada, no pase lo que en esta semana y me olvide de escribir. Empezar a renunciar a lo que uno ama en pos de la satisfacción de expectativas ajenas es el primer paso para dejar de ser uno mismo. Y no estoy dispuesto ni siquiera a considerar ese escenario.

Por cierto. Mi amor incondicional a quien haya leído el primer párrafo y haya pensado "Andrés Caicedo hijueputa". 

sábado, 11 de enero de 2014

Días 42 y 43: Realidad superior

Entre los días 42 y 43 viajé a una especie de realidad superior, el universo de universos. Aún estoy escribiendo las crónicas y mis conclusiones, mi nueva cosmogonía producto de aquel viaje. Hay mucho que decir. Hay demasiado que decir. 

Los seres humanos reaccionan no frente a la realidad, sino frente a las ideas que tienen en su mente.

jueves, 9 de enero de 2014

Día 41: Cómo convertir un cortometraje en cuento

La intención de este blog es mantenerme escribiendo. Llevo algo así como un par de horas haciéndolo hoy, así que esta entrada es una mera formalidad. 

Mientras trabajaba en la idea que ayer introduje en este mismo espacio, me dí cuenta de que en realidad no estaba creando un cuento sino el guión de un cortometraje. Y ya está listo. Es la primera vez que en un borrador hablo de tomas, escenas, fundidos, expresiones faciales durante los diálogos, secuencias y demás monserga cinematográfica. 

Recuerdo que alguien, alguna vez, me propuso escribir un guión. Yo le di largas al asunto y al final resulté no haciendo un carajo. Si esa persona, por inocente casualidad, llega a leer esta entrada, que se entere. Ya tengo listo lo que me pidió hace hará ya medio año.

Como no persigo el ser guionista, como mi intención es formalizar mi proceso de creación literaria (no se confunda con estandarizar), ahora tengo que convertir ese trabajo en un cuento corto. Dado que mis vacaciones se extendieron unos días más, me dedicaré hoy y mañana a descubrir cómo carajo es que se convierte un guión de cortometraje en cuento. 

Vamos a ver si me va bien en ello. 

miércoles, 8 de enero de 2014

Día 40: Manos al texto

Hoy no voy a ser víctima de un arrebato. Tengo una idea para un cuento corto y, en vez de escribirla a los trompicones y luego publicarla de afán, la trabajaré con calma, diseñaré la trama y escogeré con cuidado cada palabra. Cuando sienta que está lista, la publicaré. Se trata de escribir más, sí, pero también de escribir mejor. 

Mientras tanto, una anécdota ajena.

Llegué de trotar (hoy hice once kilómetros, nunca había corrido tanto) y después de la necesaria higiene, me puse a leer un rato. Aún estoy con The Demon-Haunted World, no quiero apresurarme, considero mejor disfrutar cada palabra y cada idea. Todas valen oro en ese libro. En fin, estaba leyendo un pasaje en el que Carl habla sobre la historia del primer quasar en ser descubierto. 

Unos físicos rusos descubrieron una radiofuente muy potente y distante que emitía señales sinusoidales con periodo de cien días. Al no contar con una explicación mejor, estos tipos pensaron que se trataba de la base de una civilización extraterrestre muy avanzada (Tipo III en la escala Kardashev, por si me lee algún entendido). Anunciaron sus conclusiones al público en 1963 y desataron un frenesí cultural sin precedentes. Todo por malinterpretar unos datos. 

Aquellos físicos llamaron a la radiofuente CTA-102 (ahora se sabe bien que se trata de un quasar) y algunos remanentes de la histeria alienígena flotan todavía. Les comparto uno de ellos. Cuando tenga el cuento listo, lo publicaré aquí y en el otro blog, como es usual.

  

sábado, 4 de enero de 2014

Días 35 y 36: Imagen mental

«Te imagino ya con tus estudios -siempre has seguido escribiendo- y se te presenta la oportunidad de algo serio, a esta editorial le gusta lo que escribes y el enfoque que le das a tus escritos, decides dejar a un lado la ingeniería y te vas para un país como Alemania o en los Países Bajos, ya instalado allá estarías viviendo no en una gran ciudad, un lugar como a las afueras de Stuttgart, preferiblemente cerca de la selva negra o inclusive en Róterdam, estarías escribiendo, viajando, conociendo. TU VIVIENDA, tendría que ser algo rústica, obvio la tecnología necesaria pero siempre con paredes de ladrillo, una sala de música, la biblioteca, dos chimeneas, una en la sala y otra en la biblioteca, la cocina, y la habitación principal siempre dando hacia un paisaje muy natural.

«Saldrías a caminar de madrugada con un cigarro para volver y darte cuenta de tan maravilloso paisaje, SE ME OLVIDABA EL PIANO, divino en la sala, dando hacia un ventanal enorme y sonaría algo con el estilo de praise you de Fatboy Slim.»



jueves, 2 de enero de 2014

Días 32, 33 y 34: All you need is love

No sé qué pensar sobre el año que recién terminó. Todos los 31 de diciembre me hago uno y solo un propósito: hacer que el año que viene sea el mejor de mi vida, hasta ahora. Lo logré en 2010, 2011 y en 2012 todo iba perfecto, todo hasta la última semana. 

Es cierto que por ello el 2013 empezó con una seria desventaja. Además, no habían pasado más de tres meses y ya el año me había dado tragedias en extremo inverosímiles. Agarrado de la mano del tiempo, descubrí que lo más sano es convertir todos esos momentos difíciles en otra cosa; lo sano es desafilar los cuchillos, mirar el pasado con lentes de comedia y convertir el dolor en risas. 

Si ignoro los primeros tres meses (tal vez los primeros cuatro), el año que apenas falleció pudo haber sido, por lejos, de todos el mejor. Gané concursos, fui publicado más veces que nunca, dejé la carrera a un pelo de terminarla (y renové mi motivación), conseguí una muy buena oportunidad en la empresa que siempre quise, conocí nuevas personas, nuevos universos y nuevos estados de percepción, encontré verdaderos amigos -mejor, la verdadera amistad en viejos amigos-...

Pero aún no sé qué pensar.

Al 2013 lo vi nacer en un vaso de whisky y lágrimas, escuchando canciones que detesto, acompañado por mi papá y otras personas que, al igual que a él, apenas si conozco. Aquellos primeros minutos del año fácilmente pudieron ser un pronóstico del desastre. Por fortuna -y aquí lo irónico de la frase-, por fortuna no creo en agüeros. Al 2013 lo vi morir en una botella llena de catarsis a seis grados de alcohol. Todos los errores fueron reparados; las ofensas, perdonadas. Y todas las cosas buenas calentaron el corazón... cosas buenas disfrazadas en abrazos fraternales de mi verdadera familia. 

Hace dos días me lo propuse de nuevo: el 2014 va a ser el mejor año de mi vida. Y a las doce de la noche, o mejor, más significativo, a las cero horas del año, inesperadamente, me llegó la revelación. Desde el primer segundo entendí el mensaje que el Cosmos me estaba enviando. ¡Cómo habría podido equivocarme en la interpretación de algo tan claro! 

A las cero horas del primero de enero de 2014 una voz empezó a cantar There's nothing you can do that can't be done, nothing you can sing that can't be sung, nothing you can say but you can learn how to play the game... It's easy . "All you need is love" de The Beatles y la certeza de que este será el mejor año de mi vida, hasta ahora. 

Tal vez sí creo un poquito en agüeros.