viernes, 16 de febrero de 2018

Cuarenta noches bajo un árbol

Hola. Sí, te hablo a ti, que estás leyendo este mal texto por accidente o porque me stalkeas o porque te lo compartí o qué sé yo. El caso es que lo estás leyendo y te estoy saludando. Sé que este blog tiene pocos lectores, hay una herramienta de blogger para hacerle seguimiento a las visitas y ciertamente no son muchas, lo cual no tiene por qué ser negativo. Al contrario, sin saber quién eres, si lees este espacio te considero, de alguna manera, mi confidente. Es decir, suelo venir aquí a intentar convertir sentimientos complejos e ideas enredadas que vienen desde lo más profundo de mi ser en palabras. Así que, sea cual sea el motivo por el cual estás aquí, hola. Te voy a contar algo importante.

Estoy seguro de que conoces la historia del tipo que se fue a meditar cuarenta días y cuarenta noches bajo un árbol para intentar encontrar respuestas a las preguntas más difíciles que pasaron por su mente y que atribularon su espíritu. Bueno, de hecho son dos tipos, tal vez la misma historia, tal vez los dos pasaron por la misma experiencia o uno de los dos es un farsante -sospecho que si uno de los dos es un farsante, es aquel cuyo árbol fue un desierto-, o tal vez son la misma persona retratada de formas diferentes por la tradición oral. Como sea, un tipo se sentó a la sombra de un árbol y pasó cuarenta días (con sus noches) meditando. Estoy seguro de que conoces la historia porque nuestra cultura occidental la rememora todos los años, hasta le inventaron una palabra y ciertos rituales como el de no comer carne los viernes dentro de este lapso o marcarse una cruz en ceniza el primero de los cuarenta días. No sé si en oriente también existan rituales similares, la verdad es que no me extrañaría. En todo caso, mi miércoles de ceniza fue diferente a cualquier tradición religiosa, aunque sí fue bastante espiritual.

Me gusta mucho meditar, por si no lo sabías. A veces hasta la más ínfima de las nimiedades es capaz de ponerme en un estado de percepción y conexión espiritual profunda y blablabla, whatever. Desde que leí el Bhagavad Gita (que por cierto te lo recomiendo, deberías leerlo, tienes que leerlo, es el mejor favor que le puedes hacer a tu alma) aprendí que la meditación no requiere pagar clases de yoga ni aislarse del mundo, ni siquiera necesitas silencio ni cerrar los ojos; no hay fórmulas prefabricadas, puedes ejercitar la respiración y pronunciar el OM en perfecta quietud o en el más ajetreado de los escenarios que seas capaz de imaginar, leyendo, pensando, jugando fútbol o en hora pico en Transmilenio. ¿Cómo vas a mantenerte imperturbable si solo practicas en la quietud? ¿Cómo podrás aceptar o rechazar una idea si no la examinas con atención en tu mente y en lo que ella percibe del mundo que te rodea?

¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a una nueva idea, una idea tan poderosa y consistente que no tienes otra alternativa más que reconocer que todo lo que creías conocer del mundo y la existencia estaba, en el mejor de los casos, incompleto? ¿Alguna vez te has visto en la necesidad de replantear todo lo que eres, toda tu visión de mundo, romper tus paradigmas y reconstruirte, reconocerte a la luz del nuevo conocimiento? ¿Alguna vez lo has vivido? Espero que sí. No solamente porque es una de las experiencias que, a mi juicio, le dan sentido a la vida misma, sino también porque si lo has vivido podrás entenderme un poco. Es que fue eso lo que me pasó el miércoles de ceniza después de mi meditación accidental, esa que empezó de la forma menos probable que puedas imaginar y aún no termina. La de antier, el día uno de cuarenta.

Quiero contarte que aún estoy bastante aturdido por lo que pasó, pues llevo bastante tiempo meditando sobre algunas preguntas difíciles que, literalmente, no me dejan dormir en las noches, atribulan mi espíritu, se volvieron una constante en mi vida; casi puedo decir que pienso en ellas desde que despierto hasta que caigo dormido e incluso en sueños puedo sentir que mi mente sigue trabajando. Mi meditación suele estar enfocada a esas preguntas y ya es un lugar común el asombrarme profundamente al encontrar aproximaciones, respuestas parciales, nuevas preguntas cada vez más complicadas, nuevos caminos y nuevos lentes para ver y entender el mundo a partir de mi práctica del yoga. Estoy aturdido porque las nuevas ideas me golpearon con una fuerza inusitada, nunca en la vida había sentido con tanta intensidad, con tanta claridad, el poder de las nuevas ideas. Fue más intenso que un viaje en LSD y si lo has probado sabrás que ese viaje es muy intenso.

Después de ese instante en el que todo fue claro, no puedo dejar de pensar en que poco a poco me estoy aproximando a las preguntas más difíciles de responder. Más que eso, de alguna forma que no puedo explicar sin recurrir a la intuición, instinto jedi, lo-que-sea, siento que encontré una ruta para seguir, una serie de ideas concretas que tienen el potencial de ser la base para nuevas ideas originales y revolucionarias en todo el sentido de la palabra, ideas que pueden cambiar para siempre la historia de la Humanidad. Siento que voy en camino de un verdadero eureka, una revelación. También parte de mí siente que voy en busca de una reafirmación o que al menos me estoy acercando a las preguntas que me pueden dar las respuestas que he estado buscando por años. Es una sensación bastante extraña.

La realidad material, el samsara, las reglas del falso mundo de ilusiones insatisfechas y sufrimiento en el que nos vemos forzados a vivir y del cual busco con ahínco una liberación, funciona de tal manera que la meditación sea un lujo, un ejercicio casi imposible de practicar. Y esto es verdad en un sentido muy pragmático en este momento de mi vida. Por cuestiones del azar y del camino que escogí (o encontré) cuando empecé a hacerme preguntas difíciles, puedo darme el privilegio de elegir qué hacer con mi vida y mi fuerza espiritual por... aproximadamente... cuarenta días más. Después de esos cuarenta días el samsara golpeará fuerte con el martillo kármico y me cobrará el costo de haber pasado tanto tiempo en meditación y yoga cuando el sistema imperante exige exactamente lo contrario a la meditación: la alienación. Es un costo alto. Lo sé.

He tomado una decisión. Una decisión arriesgada, un salto al vacío sin certeza alguna, uno de esos caminos que tan acostumbrado estoy a recorrer. Pienso aprovechar esos cuarenta días de libertad espiritual en meditación. Pretendo ir hasta el final de esta exploración. Leer todo lo que sea necesario leer, aprender todo lo que sea necesario aprender, replantear, imaginar, meditar en las nuevas ideas arrolladoras, todo lo que sea necesario. Nikola Tesla decía que antes de pasar al laboratorio evaluaba profundamente sus nuevas ideas revolucionarias en su mente, el mejor de los laboratorios. Así que he decidido pasar cuarenta días en el laboratorio de mi mente, cuarenta días dedicados a evaluar la consistencia de esas ideas nuevas y revolucionarias que me golpearon con la fuerza de una tormenta eléctrica. Cuarenta días haciendo preguntas difíciles y viendo el mundo con mis nuevos ojos. Quiero que después de estos cuarenta días llegue el acostumbrado viaje de semana santa con algunas de mis almas más cercanas, levantarme triunfante de la sombra de mi árbol con respuestas, o al menos con preguntas más significativas y una porción del camino ya recorrido, perspectivas más claras. Nuevos árboles vendrán.

Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, te cuento que mi mente suele funcionar mejor por las noches. Así que serán cuarenta noches bajo un árbol. Que después pase lo que tenga que pasar.

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PD: Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, debo decir que quise escribir este texto desde el día uno, el miércoles, pero el miércoles estaba aún en trance. Cuando logré salir del viaje (por llamarlo de algún modo), mi cerebro estaba tan cansado o incluso más que después de un viaje en LSD, además me sentía tan aturdido que de ninguna forma habría podido expresar con palabras todo lo que estaba sucediendo en mi interior. Lo sé porque lo intenté y ni siquiera logré escribir una palabra. Hoy es el día tres, o cuatro, si somos estrictamente rigurosos con el horario. Aún estoy aturdido pero ya pude usar palabras otra vez, ya han surgido nuevas preguntas y nuevas perspectivas. Cuarenta días son pocos, así que haré una apuesta arriesgada dándole un voto de confianza a las ideas de Biraris, saltándome el debate entre Einstein y el Modelo Estándar.

PD2: Feliz año nuevo chino te deseamos la Identidad de Euler, mi árbol y yo.

PD3: No estoy tan seguro de las ideas de Biraris y debo estar abierto a cualquier posibilidad. Se trata de algo sumamente importante.

jueves, 8 de febrero de 2018

Sacarle fuego a la tecla

Voy a divagar un poco antes de ser directo, antes de atacar(me) con honestidad brutal y plasmar con la mayor fidelidad posible en este, mi bien querido blog bazofia, aquello que me inquieta y, por qué no decirlo, me paraliza. De todas formas, es mi espacio y aquí hablo de lo que me dé la gana y como me dé la gana. Ni siquiera tengo que ser riguroso en formas y formalismos, puedo escribir con gramática atropellada y las ideas pueden estar entremezcladas, a borbotones, a trompicones, trompadas, a lo bestia, bruto, animal, no soy Rimbaud ni quiero serlo, no pretendo que este texto sea una prístina obra artística aunque igual estoy convencido de que la honestidad brutal es arte en sí misma.

En este momento particular de mi vida siento que tengo tantas ideas que se confunden unas con otras, se mezclan, pelean por salir de mi mente, pelean por un lugar en una hoja en blanco, en una hoja de excel, pelean por convertirse en una ecuación o en una novela, pelean entre sí y contra mí mismo, pelean por ser la primera, por ser la última, pelean por ser mi esfuerzo en la mañana, tarde y noche, por tener prioridad hoy o mañana, tal vez en un mes o dentro de tres años; todas son importantes, todas son buenas ideas (o al menos eso me gusta pensar) pero se niegan a evolucionar, no quieren salir, o mejor, quieren salir todas a la vez y están todas trancadas en la puerta. Cada idea nueva se mezcla con todas las demás y pierdo el control... ¿acaso uno tiene el control o solo se trata de una ilusión del samsara? De lo que sí estoy seguro, porque lo estoy viviendo, es que incluso teniendo claridad existen dudas. La claridad es una ilusión.

¿Cuál es la prioridad? ¿El plan a cinco años? ¿Y cuál es el primer paso? ¿Hacer una lista de todos los demás pasos? ¿Conseguir una fuente de ingresos? Y si no me quiero vender al mercado laboral, ¿cómo salvo esa contradicción? Por ahora tengo que terminar la publicación de Economía Ecológica, se supone que si lo logro, en quince días podré alejarme un poquito del cliché del inventor escritor muerto de hambre en el que lentamente me convertí. Nada es un cliché cuando te pasa a ti y para clichés, el de tener cuidado con lo que uno desea porque puede hacerse realidad. No estoy haciendo honor a la verdad pues muerto de hambre no estoy, pero tampoco tengo dinero para tomarme una pola mañana. En quince días sí habrá para pola y podré liberarme de una prioridad inmediata y bastante molesta, por cierto. Pero vendrá otra confusión.

¿Qué debería hacer? ¿Debería venderme una última vez para hacer que mi hoja de vida sea más atractiva? Pero las hojas de vida son solo las etiquetas con las que uno sale a venderse al mejor postor, o más bien debería decir, al postor que se digne a alquilar, a alienar. Me entiendo a mí mismo como a un alienígena, pero no soy un alienígena de mí mismo, no sirvo para alienarme. Soy un alienígena en el sentido de que siento que soy ajeno a este sistema en el que me veo forzado a venderme cual si fuera un pedazo de carne. No, no debería venderme. ¿O sí? ¿A quién? ¿Crear empresa, tal vez? ¿No sería la misma contradicción, desde otro punto de vista? ¿Alienarme al capital y alienar a otras personas? ¿Vale aquí el fin que justifica los medios? Sé muy bien cuál es ese fin. Cuando elegí el camino del bodhisattva supe que debía volver al samsara pues no existe liberación individual, no hay iluminación para uno solo. No en este mundo fetichista del deseo, del consumo, de la mercancía. ¿El Vichada? ¿Aún tengo posibilidades en ese proyecto? Hace tanto que no avanzamos, hace tanto que no hablamos, no fui el único que desapareció. ¿Es conveniente hacerlo ya? ¿Esta es la oportunidad de mi vida? ¿Qué significa eso? ¿Debería tomarla o lo mejor es dejarla pasar? ¿Qué debería hacer?

¿Las ecuaciones? ¿Cuánto tiempo tardaré en darle forma a mi intento de teoría económica-ecológica alternativa? ¿Es una quimera lo que estoy intentando? Los expertos en capitalismo se la pasan repitiéndome que sí, que es una quimera, que el ser humano es tal cual como lo retrataron los economistas clásicos y que no hay ninguna alternativa para esta especie, que el mercado es la cúspide de las instituciones humanas, que es inevitable la catástrofe porque los humanos no podrán evolucionar. Según ellos, no hay alternativa. Pero los papers de Zhang y Wang, lo que escribió Dasari, las 20 hipótesis de Patten, el costo exergético de Naredo, las nociones de complejidad de Capra, Lotka y Volterra, el gran Georgescu-Roegen, los Odum, Holling, Biraris... todos ellos me incitan a continuar, a intentarlo; todos ellos me han dado ya las fichas del rompecabezas. Pienso en Maxwell, en Faraday, en Einstein y en sus rompecabezas. ¿Tiene sentido intentar plantear una nueva economía a partir de la dinámica de los ecosistemas? ¿Cuánto tiempo tardaré? ¿Por dónde empiezo a armarlo? ¿Qué tendré que sacrificar? Ayer, Riechmann me empujó a entender una gran idea que me ayuda a conectar a Patten con Zhang-Wang, con Dasari, con Faraday... con los árboles y los imanes. El demonio de Maxwell quiere entrar allí y necesito aprender sobre teoría de la información, también necesito repasar a Biraris. Es una tarea abrumadora. Pero si tengo una certeza en todo este mar de dudas al que bien o mal he hecho en llamar "claridad" es que sí se puede, sí es posible una integración de la ecología y la economía humana, aunque esto requiera replantear los conceptos fundacionales de la economía actual, viciada. No puedo dejar de pensar en ello. Llevo tres años de mi vida en esto. ¿Tengo algún rol en esta titánica tarea o Zhang y Wang tienen la última palabra? Si los entendí bien, ellos solo hacen generalizaciones, muy buenas. Aún falta conectar a Naredo, aún nadie ha hablado de emergía, exergía, ni del ciclo adaptativo. Sospecho que la llave está en el ciclo adaptativo, en Lotka y en Phi. Quizás estoy mucho más cerca de lo que creo de un avance significativo. Quizás no. Solo hay una forma de saberlo. ¿Las ecuaciones?

¿La novela? Lleva cinco años conmigo esta novela y no puede pasar este año sin terminarla. ¿Será que será como la tesis de la maestría, un paso necesario para poder liberar mi mente y dedicarla al plan de cinco años? Tengo claro que debo terminarla, ya he diseccionado tanto el plan macabro del invasor que no convertirlo en literatura sería el mayor de los desperdicios de talento y esfuerzo que haya hecho en mi vida. Es claro. Debo terminarla. Es tan claro como que venir a escribir terriblemente mal en este blog bazofia es también un entrenamiento para escribirla bien. ¿Pero qué es escribirla bien? ¿Qué límites debería darle a mi perfeccionismo? Quiero que salga muy bien, quiero verla publicada, quiero ver la polémica que generará. ¿Lo lograré? Espero que sí, pero solo hay una forma de saberlo. Organizar mi tiempo para tantas ideas está siendo un reto mucho más complejo de lo que imaginé. ¿Será así con todo lo demás?

El propósito de este mal texto, atropellado, a lo bestia, es uno solo. Quiero organizar este caos, quiero sistematizar un método para convertir estas ideas en algo más, en algo tangible. El plan de cinco años lo exige y de alguna forma también tengo claro que la respuesta a todas estas preguntas viene con una condición sine qua non, la cual ya empecé a satisfacer, precisamente con este texto.

Tengo que sacarle fuego a la tecla.

martes, 30 de enero de 2018

Desde la posición del protagonista (o la hoja de hace cuatro años)

De vez en cuando hay casualidades que lo ponen a uno a dudar sobre el significado de la palabra "casualidad". En ocasiones parecen más causalidades que casualidades. Y bueno. Más allá de entrar en disertaciones ontológicas quise venir hoy a este, mi querido blog bazofia, a contarme a mí mismo (y a algún ocasional lector) que hace poco tuvo lugar una de estas causa-casualidades que de cierto modo rayan en lo poético. La historia va más o menos así.

El sábado pasado vinieron a mi casa Catalina, Gabriela y Mateo y, como es costumbre, al darse cuenta que yo estaba, entraron sin pensarlo a mi habitación. Les gusta mucho estar aquí y a mí me gusta mucho que les guste tanto pasar tiempo conmigo, soy muy afortunado en ese aspecto particular de la vida -y también en otros tantos que no vienen hoy al caso-. Mientras Gabriela jugaba con canicas y láminas de algunos álbumes y Mateo veía videos del Rayo McQueen, Catalina, con su curiosidad en pleno desarrollo, empezó a encontrar cosas escondidas sin saber muy bien qué buscaba. Por accidente, ella dio con una hoja de papel de hace cuatro años, un cuestionario, parte de un ejercicio en una capacitación en mi empresa-infierno, un intento de lavado cerebral -de esos que tanto abundaban en mi habitación 101- que les salió mal. 

Una hoja de papel en la que escribí con el alma más que con las manos, con la sangre saliendo fuerte de un corazón que late adolorido pero con vehemencia, más que con la tinta de un esfero; una hoja que cambió mi vida para siempre, una hoja de papel que me impulsó a tomar la que es hasta ahora la decisión más importante que he tomado en mi vida, la decisión que hace que el día de hoy haya sido posible y tenga sentido.

Hoy fue inevitable pensar en Catalina, en la hoja de papel, en un koala y en la causalidad que se disfraza de casualidad. Por lo que está escrito en esa hoja, por lo que pasó en los últimos cuatro años y por lo que pasó hoy, siento la irremediable necesidad de transcribir esa hoja a este, mi blog. Y como es mío, simplemente, lo haré. Ahí va. Literal. 

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EJERCICIO 4.

A QUÉ QUISIERA DECIRLE BASTA? 

En nuestras vidas hay múltiples situaciones que a pesar de generarnos incomodidad, insatisfacción e incluso dolor, siguen estando presentes en nuestra vida. Piensa en alguna de esas situaciones, puede ser algún descuido con tu salud (fumar, comer en exceso), alguna relación que te afecta y es tóxica para ti, algún comportamiento que permites a otros y que te hace sentir mal, o cualquier otra situación a la que tu quisieras decir un BASTA!!!! Este puede ser un espacio que te des a ti mismo(a) para reflexionar sobre esto. Las siguientes preguntas pueden guiarte en ese camino. Esta reflexión es para ti y no tendrás que compartirla con nadie; por lo tanto esta es una invitación para que vayas a tu interior.

1. Describe muy brevemente la situación: Siento que fue un error muy grande haber elegido Ingeniería Industrial como carrera.

2. Qué efectos negativos tiene sobre ti? Me siento frustrado, desinteresado, triste y con miedo, miedo al futuro y a no lograr ser la persona que quiero ser. Siento que estoy desperdiciando todo mi potencial.

3. Haz (sic) intentado alguna vez ponerle un BASTA? Qué te lo ha impedido? Sí. Me lo ha impedido la inercia, la costumbre; de cierto modo me habitué a vivir con ello y lo acepté como si fuera una triste e ineludible realidad. 

4. Desde la posición del protagonista

a. Qué papel has jugado tu para que esta situación se mantenga? He sido pasivo, no he tomado acción, me convencí a mí mismo de que esto fue lo que me tocó.

b. Qué beneficios o ventajas obtienes (así no sean evidentes) al mantener la situación? Me mantengo, como la canción, comfortably numb.

c. Qué te gustaría que pasara? Convertirme en la persona que quiero ser. Investigador y escritor. Trabajar por y para mi especie. No habría llegado a estos sueños de no ser por mi carrera.

d. Qué puedes hacer para que esto ocurra? Ponerme la camiseta, atreverme, tener coraje, valor, dedicación; pensar en que ya he logrado lo imposible antes y que lo puedo volver a lograr. Y por encima de todo, hacerlo.

e. Qué aprendes de este ejercicio y de esta situación? Soy el protagonista de mi vida. 
Mi vida será lo que yo esté dispuesto a hacer de ella. 

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Todo esto tiene sentido porque hoy estuve en la doblemente gloriosa Universidad Nacional y cumplí con el último requisito para recibir el próximo 11 de abril mi título de Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. Hoy soy investigador y escritor. Hoy trabajo por y para mi especie y todas las demás. No habría llegado a estos sueños, ni a los nuevos, de no ser por mi carrera, por las decisiones que he tomado desde la posición del protagonista y por la hoja de hace cuatro años. 




miércoles, 24 de enero de 2018

El Demonio de Maxwell

No me da vergüenza admitir que las ecuaciones me intimidan. No las simples, las que uno ve en el colegio, esas son fáciles de entender y nadie necesita memorizar una ecuación si entiende un concepto. Pero después de un tiempo en la formación de cualquier estudiante de ciencias exactas o ingenierías, llegan expresiones más complejas, conceptos abstractos que se intentan volver concretos y que demandan un esfuerzo adicional de la imaginación para ser entendidas; a veces el esfuerzo adicional se convierte en titánico, en tarea casi imposible. Perder materias como Cálculo Multivariable, Ecuaciones Diferenciales, Física de Ondas o Modelado Matemático es un cliché en nuestro medio. Soy enemigo de la memorización por el simple hecho de memorizar, esa técnica funciona si lo único que uno quiere es pasar el parcial. A los tres días uno olvida las ecuaciones que memorizó y los conceptos, con mucha suerte, logran sobrevivir como vaguedades perdidas entre las lejanas brumas de los recuerdos. A veces el alcohol acelera el proceso de olvidar. De memorizar una ecuación o una técnica matemática para olvidarla tres días después, a ser un loro que repite sonidos sin saber qué significan, pues no es que haya mucha diferencia.

También es un cliché para los estudiantes de Ingeniería que el acto de recibir el cartón y el título profesional sea la ceremonia de liberación definitiva del terror de las ecuaciones y los parciales. El "mundo real", como muchos suelen llamarlo (odio que lo llamen así) no necesita tanto de teorías ni ecuaciones pero sí de soluciones prácticas, de innovación y de utilidades. Principalmente de utilidades. Nada más que utilidades. La rueda ya se la inventaron y lo único que necesita el ingeniero es copiar su diseño y convertirlo en dinero para alguien más. Y si por azar del destino y si Excel lo ha consumido lo suficiente, el ingeniero duda que el área de un círculo es pi por radio al cuadrado, pues siempre está Google para recordárselo. Y de nuevo está Excel para memorizar lo que el profesional no quiere. Si hablamos de algo más complejo, pues venga, que existe Wolfram Alpha, Mathematica, R, calculadoras de todo tipo que te solucionan integrales que nunca en la puta vida habrías podido solucionar en un parcial. No soy enemigo de Wolfram Alpha, solo siento que el modelo educativo avanza a paso de mula en medio de un circuito de Fórmula 1. La educación básica y la del pregrado, claro está, la que es servil al "mundo real". La investigación es otro mundo. A veces.

Soy enemigo del "mundo real". Esa expresión tremendamente estúpida significa "el mundo construido por el capitalismo, el mundo de consumo donde las ideas nuevas no tienen ningún lugar, a menos que puedan ser traducidas en jugosas utilidades para los todopoderosos inversionistas". Detesto eso y llegué a detestar la Ingeniería por eso. Quise ser Ingeniero Industrial por una insaciable curiosidad y el impulso de querer saber cómo se hacen las cosas que nos rodean, cómo llegan a nuestras manos, qué pasa cuando las soltamos, a dónde van a parar y cómo se coordina todo el proceso. Una especie de ecología a escala social, le dije hoy a la recién conocida. Cuando recibí mi diploma y mis papás lloraron de orgullo porque su hijo era un Ingeniero Industrial de la mejor universidad del país, yo lloré al comprender que todo, absolutamente todo en el proceso de fabricar lo que nos rodea, ponerlo en nuestras manos y desaparecerlo de nuestra vista cuando ya no queremos verlo, está mal, está podrido hasta la médula. El "mundo real" es un mundo construido sobre mentiras, dolor y sufrimiento. Aprendí que el "mundo real" exige una sumisión religiosa y sin cuestionamientos al Dios Capital, a sus iglesias del consumo y a sus rituales, a pagar por breves y efímeros segundos de un paraíso fabricado, falso, podrido, con la moneda de una eternidad en el infierno. Venderle el alma al diablo es un cliché. Pero nada es un cliché cuando eres tú quien está firmando el contrato.

Después de mucho analizar la cuestión, días, semanas, meses, años... he llegado a la conclusión de que cualquier intento de limpiar toda la podredumbre que nos rodea, de derrumbar el castillo de mentiras que llamamos "mundo real", necesita sí o sí de varias ecuaciones de esas que no me da pena admitir que me intimidan. De esas que ni siquiera existen aún. Discursos y palabras se han dicho bastantes ya, algunas más sensatas que otras, pero se han dicho bastantes. Ecuaciones, ninguna. La mentira fundamental que le dio tanto poder al arquitecto del dolor que carcome este mundo real, el verdadero mundo real, es una ecuación. Bueno, de hecho, dos ecuaciones muy simples y un concepto incuestionable, la mentira que todos debemos tragarnos y amar como si fuera una verdad absoluta, el traje nuevo del Emperador que todos nos vemos obligados a contemplar y admirar aun sabiendo que no está ahí. Las peores armas que ha construido el ser humano, los jinetes del Apocalipsis cabalgan en defensa de la mentira escondida en dos ecuaciones y un concepto hoy por hoy incuestionable. Los discursos desmienten discursos y esta tarea ya se ha hecho varias veces, pero nadie ha desmentido las falsas ecuaciones con más ecuaciones. A un demonio solo lo vence otro demonio y el corazón del demonio a derrotar es un par de ecuaciones bailando en eterno y falso equilibrio, pues el único equilibrio en los sistemas termodinámicos se alcanza al final, en la muerte. Los discursos son la piel y los músculos, las ecuaciones son el corazón.

El demonio entrópico del equilibrio termodinámico puede ser derrotado por el demonio de Maxwell. La información, bien entendida, puede revertir la entropía. No la simple memorización, sino la comprensión. Tal vez... En todo caso, considero que no hay más alternativa y el tiempo se agota, el "mundo real" está destruyendo la vida en el planeta real. La vida en sí misma es un proceso antientrópico. Quiero intentar un golpe directo al corazón del demonio entrópico... Así que empezaré a explorar sus debilidades desde las ecuaciones de Maxwell y veré a dónde me llevan. No me importa si al principio me intimidan, no me da vergüenza admitirlo. He pasado los últimos años de mi vida intentando entender los conceptos que justifican esta exploración, este viaje, mi viaje, mi salto a lo desconocido, un salto que ya di sin darme cuenta, el viaje que me llevará a la Luna, los planetas y las estrellas distantes. Mejor las estrellas distantes que el infierno del consumo, no volveré a venderle mi alma al diablo. Y si para evitar venderle mi alma al diablo necesito crear al Demonio de Maxwell... ¡pues que así sea!

Este texto es una declaración.

jueves, 11 de enero de 2018

Más de cinco razones para volver

No sé cómo empezar este post y no precisamente porque no sepa qué decir. Al contrario, si volví al blog bazofia es porque la vida me dio más de cinco razones para volver, no solo al blog sino a la vida misma. Pero no supe cómo empezar porque están desafiladas las espadas del texto y esa es de hecho la primera razón para volver. No en orden de importancia, prioridad, relevancia, no. Simplemente fue la primera que se me ocurrió para darle una estructura a este texto igual de bazofia que todo lo demás que he publicado en este bien querido blog bazofia que me ha sabido acompañar en los momentos más difíciles, en los cambios más radicales, en los giros de la tómbola que es la vida, la vida que quiero vivir a lo Maradona el del guante blanco calzado en el pie del lado del corazón, y también cuando se esfuerza la máquina, de noche y de día, me llaman calle, calle baldosa la revoltosa, bala perdida... 

La última vez que pasé por aquí vine después de un concierto y una noche de sueños muy intensos y dirigidos; me vi forzado a escribir de nuevo aunque había pasado un buen tiempo sin darle a la tecla más que en ocasionales noches de piano-teclado-sintetizador o cualquier palabreja que me venga en mente para evitar la terrible "organeta". Detesto esa palabra, aunque no tanto como la llama mi viejo, "pianola". Llama mi viejo, casualmente (el universo tiene una forma bien curiosa de tejer su entramado) e interrumpe esta disertación que más parece divagación sin origen ni destino, un montón de palabras a la deriva y es que esa es la segunda razón que me dio la vida para volver. Perdí el rumbo hace tanto tiempo que si volviera a pasar por el momento fatídico simplemente no lo reconocería. Muchos años los desgasté viviendo un engaño... on the outside I was the greatest guy but I was dead inside... y sí, si me estoy robando el título de esta entrada de una canción pues por qué no robar frases de otras canciones, como si no lo hubiera hecho un millón de veces ya. Meh. No me importa. No importa porque de nuevo siento que tengo un rumbo y un montón de razones, más de cinco razones para volver...

Muchas veces dije que la autodestrucción consciente era una de las armas más poderosas para luchar contra el sistema de mierda que nos rodea y nos permea hasta la médula del hueso, el sistema de mierda que mata el alma y la convierte en un número y un signo pesos dólares euros yenes yuanes whatever, tú me entiendes, yo me entiendo. Pero la autodestrucción debe parar cuando ya no hay nada más por destruir, cuando se ha cavado tan profundo que no quedan más que el minúsculo relicto de alma que el sistema aún no ha podido podrir y un montón de desperdicios alrededor de lo que alguna vez fue un sujeto admirable por fuera y admirablemente muerto por dentro. En ese instante, cuando el alma queda desnuda, puede empezar la reconstrucción y debo decir que si la autodestrucción es titánica tarea evadida por todos hasta el cansancio, hasta la náusea y el vómito, hasta la embriaguez de los licores fáciles e inmediatos, pues la reconstrucción es el verdadero reto, es el Himalaya, y esa es la tercera razón para volver y querer conquistar los ocho mil ochocientos cuarenta y ocho, pues la vida me dio más de cinco lecciones pa' no seguir y otras cinco razones o más para vivir...

La penúltima vez que esta página en blanco convirtió mis sentimientos en letras me había quedado con las ganas de querer en mis labios, en los suyos, en mi alma, en la suya, en mi corazón abierto al suyo y en su corazón cerrado al mío vaya a saber quién sabe cuál dios por qué demonios. Pero ya está, nadie que está muerto por dentro puede querer sin hacer daño ni hacerse daño. Eso explica de cierta forma que todos mis intentos por querer a mi mujer favorita de turno hayan resultado, tarde o temprano, en estrepitosas caídas al abismo sin saber por qué, culpando siempre a la suerte y al universo por mis errores. Recién ahora entiendo lo que significó el fin del mundo de los mayas, recién entiendo que con ella no pudimos salvar el mundo aquella vez porque no quise y recién logré perdonarme porque recién descubrí el que fue mi error, mi mejor acto de sabotaje, mi ceguera autoinducida. Aquí está la cuarta razón para volver y querer volver a querer querer pues alguna vez leí que querer es un estado volicional de segundo grado o simplemente que uno quiere querer y ya está, aunque es putamente difícil dejar de querer querer y si no lo crees pues dilo tú que, si por obra de todos los dioses del Olimpo estás leyendo estas frases absurdas, ya debes estar harta de que quiera derrumbar la Muralla China entre los dos. No puedo o no quiero dejar de querer quererte o tal vez sí o simplemente no lo sé y me acostumbré mal, me gusta cuando estás y me gusta si te vas, no sé de qué manera me gusta más. Tengo más de cinco razones para quererte y sé que quise decir tu nombre cuando mi primita me preguntó a quién quería querer... si pudiera elegir sabría qué decir, no quiero estar solo nunca más (otra vez robando frases de canciones). Ahora tengo tanta vida que quiero volver a querer y para querer es necesario volver... 

Ni siquiera un choque eléctrico con esas máquinas de los hospitales que usan para revivir a los aspirantes a cadáver (y cuyo nombre no quiero googlear pues prefiero admitir que esta vez me falló el dizque extenso vocabulario) habría funcionado con el zombie que hasta hace poco fui. Necesité estar en el centro de una tormenta eléctrica y por un segundo pensar que ya no solo estaba muerto por dentro sino también por fuera, necesité ver el flash que lo cubre todo de blanco por siempre, aunque esa vez fue solo un segundo que duró una eternidad, necesité fundir todas mis sinapsis y volver a conectarlas desde cero, una a una, en un viaje al interior de mi mente y fuera del universo, necesité esforzar la máquina hasta el máximo para volver a sentir la vida que fluye por mis venas en ríos multicolor, entre vibraciones excelsas, gloriosas, que me hicieron celebrar como la más grande de todas las victorias el simple hecho de estar vivo por dentro y por fuera y sentir la vida de nuevo en cada célula. Necesité canalizar toda mi energía en un solo punto como el más poderoso láser, como el arpa que es capaz de perforar la estratósfera con sus notas y romper las costuras de la Tierra con su vibración para darme cuenta de que la vida me dio más de cinco razones para volver. Se esfuerza la máquina de noche y de día, me llaman calle y ese es mi orgullo no me rebajo ni por la vida... 



jueves, 21 de septiembre de 2017

Soy piedra en el camino

Mi vida no es como se ve

La mayoría de mis espectadores podría pensar que he tomado decisiones acertadas. Y la mayoría tendría razón. O al menos eso depende de la perspectiva en que se mire. "Eres muy talentoso, la persona más inteligente que he conocido, brillante, un futuro enorme te espera, estás para cosas grandes". Llevo escuchando esas palabras desde que tengo memoria, desde mis primeros recuerdos han estado presentes y no me explico por qué, no me acostumbro, siempre pienso que hablan de alguien más y no sé hacer nada más que asentir, sonreír, cambiar de tema y mirar hacia otra parte. A veces siento que lo que me quieren decir en realidad es "eres un maldito suertudo de mierda". Y mi único talento es resistir. Si fui bendecido con un don, no fue el de Albert Einstein. Si fui bendecido con un don, se parece más al de Rocky Balboa.

A pulso tuve que aprender

He tomado decisiones arriesgadas. Muchas. La mayoría de mis espectadores podría calificarlas como estúpidas y la mayoría tendría razón. Lo siento ahora como mi firma personal: si veo pasar el tiempo sin saltar al vacío y jugarme la vida entera en apuestas al todo o nada, algo en mí empieza a fallar. Me pudro por dentro, se apaga la llama, la entropía empieza a devorar cada una de mis células, todo pierde el sentido y me encuentro a mí mismo paralizado, apenas respirando. Entonces todos mis escasos movimientos, meticulosamente practicados, se reducen a verme revolcándome entre sábanas de desesperación, en suelos fríos, indiferentes de las lágrimas que nacen desde mi alma; indiferentes de la sangre que se niega a coagular y fluye con dolor, ese dolor que es tan natural en todos los partos. Lo viejo se niega a morir y a lo nuevo le cuesta nacer, dijo Marx, dijo mi hermano, dijo el universo, dijo alguien.

Solo un camino hacia el final

La meditación es el arma más poderosa contra el sistema, si se sabe bien utilizar. He estado tantas veces en el fondo del abismo, he caído tantas veces que mi cuerpo es un lienzo de cicatrices y mi alma una bitácora de experiencias cercanas a la muerte. ¡Ya quisiera que se tratara de una figura literaria! Pero no, veo mi cuerpo y recuerdo que aquella vez estuve a un centímetro de terminar aplastado, aquella otra un cuchillo pudo atravesar mi corazón de no ser por un movimiento brusco y automático, otro día lejano el aire dejó de pasar por mi garganta mientras por mis ojos pasaban las imágenes de las personas que más quiero, intentando hacerme respirar de nuevo. Veo mi retina en el espejo y recuerdo todas las veces que me deshice en lágrimas, todas las veces que estuve a punto de darlo todo por perdido y resignar mis sueños. Algunas veces incluso los resigné. Muchas ideas pasan como ráfagas por la mente cuando te ves a ti mismo tan cerca del final.

El mundo es como yo quiera

Todo es cuestión de perspectiva. Las decisiones arriesgadas suelen dar sus frutos. Quedarse quieto también los da, muy diferentes, pero también los da. Todas las acciones tienen consecuencias, todas las decisiones significan caminos y universos paralelos cerrados para siempre, sin poder nunca volver atrás. No puedo luchar contra esa realidad, nadie puede, ésta es quizás la única verdad absoluta en un universo donde las demás verdades son relativas y la validez objetiva no es más que una quimera. "Narrar una historia digna de ser escuchada y vivir una vida digna de ser contada". Mi única ley es vivir. Y vivir es muy diferente a subsistir. Vivir es tomar decisiones, es arriesgarlo todo, es estallar de felicidad cuando la situación lo merece y sonreír en medio del llanto cuando el universo te muele a palos, disfrutar la golpiza y saborearla con plena conciencia de que el momento es único, que todo se podrá ir al carajo un millón de veces, pero ninguna paliza es igual que la anterior. A ciegas das el primer salto al vacío y rápidamente entiendes que tu única opción es seguir saltando, si te quedas quieto te vas de cara contra el abismo.

Pelea con la sociedad

He visto un millón de veces Rocky IV. Entre todas las historias reales y de ficción que he leído y visto y escuchado, no puedo sentirme más identificado con otro personaje que con el mítico boxeador que se deja romper el cuerpo y el alma, que permite a propósito que la vida desfigure su rostro, que lo lleve contra las cuerdas y que lo haga besar la lona una y mil veces mientras el conteo del juez y los gritos de la multitud parecen lejanos y en sordina. Nadie como Rocky sabe entregarse por completo y dejar la sangre en el cuadrilátero, sabiendo que no se trata de qué tan duro golpees sino de qué tanto puedas resistir los golpes que te dan. Al final todos se cansan y si aguantas lo suficiente, serás capaz de derrotar al monstruo indestructible al que te viste obligado a enfrentar. Nadie me obligó, en realidad, nadie excepto mi propio corazón. Destruir al monstruo invencible es mi decisión más arriesgada, decidí que esta lucha es lo único que puede mantenerme vivo. Y vivir es mi ley. Intenté escapar tan solo para descubrir que simplemente no puedo hacerlo, no puedo escapar aunque quisiera. No soy un genio, soy un guerrero.

Esa chica que va caminando

He tomado decisiones arriesgadas y saltar al vacío es mi deporte favorito, mi modus operandi, mi única forma de sentirme vivo. Pero la veo a ella y vuelvo a estar paralizado. Soy capaz de apostar todo lo que soy a cambio de una oportunidad contra el monstruo, pero la veo a ella y no sé qué hacer. No soy un genio, no soy un guerrero, no me muevo, todo fluye a mi alrededor excepto yo, todo ocurre a otro ritmo y soy solo un espectador en nuestras vidas. No sé qué decir, no sé cómo actuar ni qué pensar, sé convertir una parálisis del sueño en un sueño lúcido y no sé convertir su mirada en una conexión hacia su alma. Sé convertir su mirada en mi parálisis. Desvío la mirada y mi única esperanza es que el universo aleatorio y cruel me dé el empujón que no he sido capaz de darme yo mismo. No sé si largarme y dar la espalda o saltar al vacío una vez más. Soy capaz de arriesgarlo todo, excepto a ella. Si prolongo la quietud, puedo disfrutarla un poco más, lejana, imposible; tal vez no la perderé si no salto. Y no quiero perderla. Tal vez la perdí hace mucho tiempo, es lo más probable, pero si me niego a aceptarlo, no la perderé. Puedo imaginar mundos nuevos, utopías imposibles, pero no puedo imaginarme saltando hacia el vacío y en dirección a ella. Incluso Rocky tenía su debilidad.

Soy luz de mi esperanza

Mis ojos no son indiferentes a la realidad que me rodea, no puedo ignorar que si a mí la vida me ha molido a golpes, ha sido amable en comparación. Tengo privilegios que muy pocos han tenido. Decidir que la única forma de estar vivo es enfrentarse al monstruo invencible es también encaminarse a derrotarlo, es también aprender cómo hacerlo. Todo es cuestión de perspectiva. Los años más recientes los he dedicado a aprender cómo volar, cómo hacer del vacío mi propio cuadrilátero, mi territorio y mi hogar. Decidir lanzarme con todo lo que soy a construir un mundo nuevo, un mundo mejor, implica necesariamente enfrentarme a lo peor de mí mismo, ver todos mis miedos directo a los ojos. No podré derrotar al monstruo invencible que está frente a mí y que me rodea si no puedo derrotar al monstruo invencible que vive dentro de mí. Si no convierto mi parálisis en acción, solo seré un espectador más en medio del colapso del más maravilloso de los escenarios. Tengo una oportunidad. Arriesgué todo por una oportunidad ínfima, por hacerme con un arma tal vez insignificante ante el poder del monstruo, pero al fin y al cabo un arma. Soy la luz de mi esperanza, soy piedra en el camino. Solo estoy viviendo a mi manera.



miércoles, 25 de mayo de 2016

Una perturbación en la Fuerza

Mi instinto jedi nunca falla...

Hay días para quedarse a mirar y hay días en que hay poco para ver. Hay días en los que el aire lleva en sí mismo una carga eléctrica muy particular, indescriptible, para la cual no existen palabras, ni gestos, ni siquiera existe una definición que se ajuste a lo que quieres expresar. ¿La electricidad? ¡Maldito idiota, toda la materia tiene carga eléctrica! No. No es la electricidad en el aire. Es el trino lejano de las aves, es el viento y el color taciturno de las nubes, son las palabras que estallan como mil bombas atómicas en el lóbulo parietal y se niegan a salir por tu garganta. Es el bloqueo mental, es el cigarrillo que hoy no te supo a tabaco, es el cigarrillo que hoy supo a vacío.

Siento una gran perturbación en la Fuerza...

¡Sí, eso es! Una gran perturbación en la Fuerza. Todo el universo te dice a gritos que algo está mal, que no es lo que esperabas, que pronto todo se va a ir a la mierda aunque no quieras. Lo anticipas, vives de predecir el futuro y lo haces bastante bien. Pero prefieres ignorarlo esta vez. Tu instinto jedi no suele fallar, te dices a ti mismo, antes de descartar por completo la idea y seguir repasando diapositivas, pasándolas sin pensar. Tienes la mente en blanco. Dictarás la clase más importante del semestre y no te importa, sigues mirando a la ventana del bus, a la gente sin rostro y a la nada. Te identificas con el gris impersonal de la sucia capital, hoy también eres gris, sonríes pero estás muerto por dentro. No sabes por qué, pero lo sabes. Tienes la mente en gris.

Hoy quiero estar equivocado. Una vez, tan sólo una...

Sabes que nada bueno puede surgir de un acierto en la pesada premonición que tienes hoy. El sol está cargado de presentimiento, algo no anda bien, ¡no lo niegues! ¡Tu instinto jedi no suele fallar! En las felices resacas de largas noches y de recientes sueños interestelares, cuestionaste la validez de lo real. Dudaste y fue normal, algo tan bueno no puede ser cierto. Un espejismo. Sí, eso es, tus últimos meses no han sido más que un espejismo. Lo bueno, lo pleno, lo perfecto, lo ideal y lo soñado, lo que solo puedes vivir en lo más profundo de tu vasta imaginación, es sólo eso. Tu imaginación. Solo que esta vez estás equivocado. ¡Despierta, imbécil, esta vez sí es real!

You're just too good to be true. Can't take my eyes off you...

Llevas años deambulando, divagando, perdido... Nadie vale la pena. Tú no vales la pena. ¡Sí, eso es! Lo ignoras, intentas disimular el vacío y sigues buscando, sigues deambulando, encuentras y conoces, intentas y te esfuerzas pero nadie te convence. No convences, no te convences, te cansas y llega la parálisis. Oh... la parálisis. Dejas de buscar. Dejas de buscar y te encuentran. ¡Oh... la ironía! En el escenario menos imaginado y de la forma más inesperada, como si los planetas se alinearan justo cuando dejas de mirarlos, alguien aparece como una y mil estrellas fugaces en el cielo nocturno del desierto. Tu instinto jedi nunca falla y la Fuerza es intensa en ella. Vives de predecir el futuro y lo haces bastante bien, en una mirada cruzada puedes ver todo lo que has estado esperando en mucho tiempo, en tanto tiempo que incluso ya perdiste la cuenta. Y no le puedes sacar los ojos de encima, ella es demasiado buena para ser real. Pero lo es. ¡Es real!

Mi instinto jedi nunca falla...

Eres consciente. Las predicciones de futuro no siempre son acertadas, equivocarse también hace parte de tu oficio. Pero no te importa. Todo a tu alrededor te grita seguridad y ella lo grita más fuerte que nadie y nada más. Te dibuja, se dibuja ella misma, dibuja tus sueños y empiezas a desear en lo más profundo que los suyos se dibujen en el confuso lienzo de lo real. ¿Todo esto es verdad? Dudas, pones una barrera, intentas aislarte y no te ilusionas. El tiempo se encargará de aclararlo todo, te repites a ti mismo todas las mañanas, todas las noches, viendo sus dibujos. Son lo último que ves antes de dormir. Sueñas con ella y te despiertas feliz a ver de nuevo sus dibujos. Cuentas las horas para volverla a ver, volver a perderte en su fascinante conversación y en la belleza indescriptible de su ser. Te fundes con ella y en ella. Te sientes bien a su lado. Extrañamente bien.

Una perturbación en la Fuerza...

¿Es demasiado pronto para hacer predicciones de futuro? ¡Bah! El futuro es lo que quieres que sea, primera regla del prestidigitador. Lo sabes. Tu instinto jedi nunca falla. Estás decidido a derribar tus barreras... A ella le gusta hacer grullas con los empaques de los chocolates que a veces le regalas. Las grullas, dicen los japoneses, te ayudan a mantener el equilibrio interno. Necesitas equilibrio y ella te lo da. Tu cuarto se vuelve un zoológico de origami. Ella, aunque no lo sepa, se esfuerza en derrumbar tus barreras. ¿Acaso no aprendiste nada viendo The Wall? Turn down the wall! Turn down the wall!

Electricidad en el aire...

Hay días en los que el aire lleva en sí mismo una carga eléctrica muy particular, indescriptible, para la cual no existen palabras, ni gestos, ni siquiera existe una definición que se ajuste a lo que quieres expresar. Es tal vez el trino lejano de las aves, es el viento y el color taciturno de las nubes; los días fatídicos siempre son iguales. Tu instinto jedi nunca falla, lo sabes, sabes que todo se irá a la mierda aunque no quieras. El cigarrillo hoy no supo a tabaco, sus besos lejanos hoy supieron a vacío. Sus palabras dijeron lo que no querías escuchar, aunque en el fondo lo sospechabas. Justo cuando estuviste dispuesto a derribar tu muro, ella puso bien alto el suyo. Infranqueable. Habrías querido que durara más- Y fumas y fumas y fumas repitiéndote lo mismo, los cigarrillos te saben a vacío. El familiar y tan odiado vacío. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. Habrías querido que durara más. ¡Maldición, habrías querido que durara más! ¡Mierda, maldición, jueputa! Habrías querido que durara mucho más.

Tal vez, después de todo, era demasiado bueno para ser real. Pero te cuesta admitirlo ¡Demonios, sí que es difícil admitirlo! ¿Acaso tu predicción feliz de futuro no merecía ser real? Sientes una perturbación en la Fuerza y no puedes hacer nada al respecto. Habrías querido que durara más...

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Ps: Es difícil escribir cuando las espadas del texto están oxidadas y desafiladas. Lo es aún más cuando el agujero negro que se acaba de formar en tu diafragma apenas te permite teclear, apenas te deja pensar. Respiras, pero no es fácil respirar...