Voy a divagar un poco antes de ser directo, antes de atacar(me) con honestidad brutal y plasmar con la mayor fidelidad posible en este, mi bien querido blog bazofia, aquello que me inquieta y, por qué no decirlo, me paraliza. De todas formas, es mi espacio y aquí hablo de lo que me dé la gana y como me dé la gana. Ni siquiera tengo que ser riguroso en formas y formalismos, puedo escribir con gramática atropellada y las ideas pueden estar entremezcladas, a borbotones, a trompicones, trompadas, a lo bestia, bruto, animal, no soy Rimbaud ni quiero serlo, no pretendo que este texto sea una prístina obra artística aunque igual estoy convencido de que la honestidad brutal es arte en sí misma.
En este momento particular de mi vida siento que tengo tantas ideas que se confunden unas con otras, se mezclan, pelean por salir de mi mente, pelean por un lugar en una hoja en blanco, en una hoja de excel, pelean por convertirse en una ecuación o en una novela, pelean entre sí y contra mí mismo, pelean por ser la primera, por ser la última, pelean por ser mi esfuerzo en la mañana, tarde y noche, por tener prioridad hoy o mañana, tal vez en un mes o dentro de tres años; todas son importantes, todas son buenas ideas (o al menos eso me gusta pensar) pero se niegan a evolucionar, no quieren salir, o mejor, quieren salir todas a la vez y están todas trancadas en la puerta. Cada idea nueva se mezcla con todas las demás y pierdo el control... ¿acaso uno tiene el control o solo se trata de una ilusión del samsara? De lo que sí estoy seguro, porque lo estoy viviendo, es que incluso teniendo claridad existen dudas. La claridad es una ilusión.
¿Cuál es la prioridad? ¿El plan a cinco años? ¿Y cuál es el primer paso? ¿Hacer una lista de todos los demás pasos? ¿Conseguir una fuente de ingresos? Y si no me quiero vender al mercado laboral, ¿cómo salvo esa contradicción? Por ahora tengo que terminar la publicación de Economía Ecológica, se supone que si lo logro, en quince días podré alejarme un poquito del cliché del inventor escritor muerto de hambre en el que lentamente me convertí. Nada es un cliché cuando te pasa a ti y para clichés, el de tener cuidado con lo que uno desea porque puede hacerse realidad. No estoy haciendo honor a la verdad pues muerto de hambre no estoy, pero tampoco tengo dinero para tomarme una pola mañana. En quince días sí habrá para pola y podré liberarme de una prioridad inmediata y bastante molesta, por cierto. Pero vendrá otra confusión.
¿Qué debería hacer? ¿Debería venderme una última vez para hacer que mi hoja de vida sea más atractiva? Pero las hojas de vida son solo las etiquetas con las que uno sale a venderse al mejor postor, o más bien debería decir, al postor que se digne a alquilar, a alienar. Me entiendo a mí mismo como a un alienígena, pero no soy un alienígena de mí mismo, no sirvo para alienarme. Soy un alienígena en el sentido de que siento que soy ajeno a este sistema en el que me veo forzado a venderme cual si fuera un pedazo de carne. No, no debería venderme. ¿O sí? ¿A quién? ¿Crear empresa, tal vez? ¿No sería la misma contradicción, desde otro punto de vista? ¿Alienarme al capital y alienar a otras personas? ¿Vale aquí el fin que justifica los medios? Sé muy bien cuál es ese fin. Cuando elegí el camino del bodhisattva supe que debía volver al samsara pues no existe liberación individual, no hay iluminación para uno solo. No en este mundo fetichista del deseo, del consumo, de la mercancía. ¿El Vichada? ¿Aún tengo posibilidades en ese proyecto? Hace tanto que no avanzamos, hace tanto que no hablamos, no fui el único que desapareció. ¿Es conveniente hacerlo ya? ¿Esta es la oportunidad de mi vida? ¿Qué significa eso? ¿Debería tomarla o lo mejor es dejarla pasar? ¿Qué debería hacer?
¿Las ecuaciones? ¿Cuánto tiempo tardaré en darle forma a mi intento de teoría económica-ecológica alternativa? ¿Es una quimera lo que estoy intentando? Los expertos en capitalismo se la pasan repitiéndome que sí, que es una quimera, que el ser humano es tal cual como lo retrataron los economistas clásicos y que no hay ninguna alternativa para esta especie, que el mercado es la cúspide de las instituciones humanas, que es inevitable la catástrofe porque los humanos no podrán evolucionar. Según ellos, no hay alternativa. Pero los papers de Zhang y Wang, lo que escribió Dasari, las 20 hipótesis de Patten, el costo exergético de Naredo, las nociones de complejidad de Capra, Lotka y Volterra, el gran Georgescu-Roegen, los Odum, Holling, Biraris... todos ellos me incitan a continuar, a intentarlo; todos ellos me han dado ya las fichas del rompecabezas. Pienso en Maxwell, en Faraday, en Einstein y en sus rompecabezas. ¿Tiene sentido intentar plantear una nueva economía a partir de la dinámica de los ecosistemas? ¿Cuánto tiempo tardaré? ¿Por dónde empiezo a armarlo? ¿Qué tendré que sacrificar? Ayer, Riechmann me empujó a entender una gran idea que me ayuda a conectar a Patten con Zhang-Wang, con Dasari, con Faraday... con los árboles y los imanes. El demonio de Maxwell quiere entrar allí y necesito aprender sobre teoría de la información, también necesito repasar a Biraris. Es una tarea abrumadora. Pero si tengo una certeza en todo este mar de dudas al que bien o mal he hecho en llamar "claridad" es que sí se puede, sí es posible una integración de la ecología y la economía humana, aunque esto requiera replantear los conceptos fundacionales de la economía actual, viciada. No puedo dejar de pensar en ello. Llevo tres años de mi vida en esto. ¿Tengo algún rol en esta titánica tarea o Zhang y Wang tienen la última palabra? Si los entendí bien, ellos solo hacen generalizaciones, muy buenas. Aún falta conectar a Naredo, aún nadie ha hablado de emergía, exergía, ni del ciclo adaptativo. Sospecho que la llave está en el ciclo adaptativo, en Lotka y en Phi. Quizás estoy mucho más cerca de lo que creo de un avance significativo. Quizás no. Solo hay una forma de saberlo. ¿Las ecuaciones?
¿La novela? Lleva cinco años conmigo esta novela y no puede pasar este año sin terminarla. ¿Será que será como la tesis de la maestría, un paso necesario para poder liberar mi mente y dedicarla al plan de cinco años? Tengo claro que debo terminarla, ya he diseccionado tanto el plan macabro del invasor que no convertirlo en literatura sería el mayor de los desperdicios de talento y esfuerzo que haya hecho en mi vida. Es claro. Debo terminarla. Es tan claro como que venir a escribir terriblemente mal en este blog bazofia es también un entrenamiento para escribirla bien. ¿Pero qué es escribirla bien? ¿Qué límites debería darle a mi perfeccionismo? Quiero que salga muy bien, quiero verla publicada, quiero ver la polémica que generará. ¿Lo lograré? Espero que sí, pero solo hay una forma de saberlo. Organizar mi tiempo para tantas ideas está siendo un reto mucho más complejo de lo que imaginé. ¿Será así con todo lo demás?
El propósito de este mal texto, atropellado, a lo bestia, es uno solo. Quiero organizar este caos, quiero sistematizar un método para convertir estas ideas en algo más, en algo tangible. El plan de cinco años lo exige y de alguna forma también tengo claro que la respuesta a todas estas preguntas viene con una condición sine qua non, la cual ya empecé a satisfacer, precisamente con este texto.
Tengo que sacarle fuego a la tecla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario