jueves, 19 de marzo de 2015

Casandra nadando en petróleo

Casandra era una mujer hermosa, de esas con las que los mismos dioses fantasean. Cuentan que el mismísimo Apolo le ofrendó como regalo un extraordinario talento para la profecía a cambio de su mano. Casandra, sin embargo, traicionó a su prometido. Apolo la castigó llevándose para siempre su don de la persuasión. Podría predecir el futuro con notable precisión, pero igual nadie tomaría jamás en serio una sola palabra suya. Ella acertó al vaticinar la caída de Troya, vio en el futuro los arqueros, las espadas y el fuego brotando como sangre del caballo de madera, pero la maldición de Apolo lo fue también para la gran ciudad de las murallas inexpugnables. A Casandra nadie le creyó, el resto es historia. 

Si vivir es fácil con los ojos cerrados, como solía decir el hippie más famoso de la historia, tenerlos abiertos ha de ser, en el mejor de los casos, una suerte de condena. Los ojos abiertos duelen. Al mundo actual no le gusta admitir que está jodido hasta la mierda, que tiene el corazón podrido y que, incluso con toda la fuerza con la que esta pueda brillar, su buena estrella no hará diferencia en la oscura noche que le espera. El mundo desvía la mirada, mantiene gacha la cabeza y, cuando no tiene más alternativa, junta los párpados y aprieta fuerte. 

Abrirlos es un proceso largo, complejo, difícil, desalentador. Pero una vez abiertos, no puedes cerrarlos más. Tienes que pagar tu condena autoinflingida, el conocimiento tiene un precio. Los expulsados del Edén saben esto mejor que nadie. 

A nadie le gusta ser agorero del apocalipsis, le dije hace poco a una amiga. Lo sé, pero es el trabajo sucio y hay que hacerlo, respondió. Y tiene razón. Si los científicos locos que tanto me agradan y si los autores de ciencia ficción que tanto leo, aún más locos que los primeros, no hubieran dedicado parte de su tiempo a hacer el trabajo sucio, seguramente yo no estaría pensando en Casandra ni en la larga noche que nos espera detrás de este, el hermoso atardecer que el mundo se rehúsa a contemplar. Estamos en el ocaso de la civilización, y es un ocaso maravilloso, pero vivir es más fácil con los ojos cerrados. 

¿Qué habrá pensado Casandra al estrellar por primera vez su mirada, capaz de trascender las murallas del tiempo, con el gigantesco caballo de madera que bien conocía de sus pesadillas?

La única certeza que tengo entre mil y una incertidumbres, cual gota de agua perdida en un mar de petróleo, es que el mundo tendrá que abrir los ojos cuando el último rayo de luz se vaya y solo nos queden las tinieblas. Solo tenemos una ruta para sobrevivir a la tenebrosa noche, y es una ruta desconocida, traicionera. Es el deber de quien ya tiene los ojos abiertos dibujar los mapas, trazar la ruta, encender las antorchas, ayudar a que los ciegos voluntarios recuperen la visión y esperar que nuestra especie no se pierda en la inminente y amenazadora oscuridad. 

¿Casandra, aun teniendo una imagen precisa del lúgubre porvenir, habrá logrado sobrevivir a la fatídica noche troyana? Es algo en lo que prefiero no pensar. Vivir es fácil con los ojos cerrados. 

viernes, 30 de enero de 2015

Tropecé dos veces

Ya no creo en tus mentiras
No me importan tus verdades
Ni las mías
Ya no creo

El brillo de los días pasados
El calor de tus besos soñados
Son resacas
Espejismos

En tus ojos vi el futuro
Tus palabras me enseñaron
Utopías
Imposibles

Los rayos no caen dos veces
En el mismo punto
Caíste en mí
Y caí

Prometí no tropezar dos veces
Con tu corazón de piedra
Prometí
Sin cumplir

Me clavaste tus puñales
Y al igual que al mal poeta
No me duelen
No hacen mal

Muchas noches te soñé 
Tu sonrisa vivió en mí
Ya no te vivo
No te sueño

Me dijiste que querías escribir
poemas de amores imposibles
Aquí tienes
El primero

Tropecé dos veces...

martes, 13 de enero de 2015

Día 403-404 o lo que sea: La vida es normal

Hoy la musa está dormida y la diosa fortuna, aún lúcida, juega a darle calvazos y distraer a este remedo de escritor. Realmente no sé qué escribir, estoy disparando palabras con un rifle chueco, los ojos vendados y las manos atadas. La vida es normal (hablando en términos estadísticos, lo que es igual a decir que es aleatoria y difícil de predecir), dentro de poco empezaré mi primer posgrado y al parecer ella también. El percutor falla y mi rifle chueco, con dificultad, dispara sus últimas palabras:

-Andate a la cama gran huevón que ya estás pensando de más.


viernes, 9 de enero de 2015

Día 401: Frases atropelladas para un libro en construcción

Hoy estuve trabajando en mi proyecto literario. El texto está apenas en construcción, por ende aún necesita varias correcciones y revisiones. Dejo aquí unos pocos párrafos de lo que hice hoy, por si alguien se encuentra con esta entrada (de pura casualidad), se haga una pequeña idea de lo que quiero narrar. 

(...)

Silencio. Por cinco segundos (que duraron una eternidad para Cubillos) solo se escuchó la pesada respiración de la gerente de la compañía minera más grande en operación en Colombia. Finalmente, de Rhodes contestó:

- Wilson, ¿me interrumpió en medio de una reunión con los accionistas para decirme que la solución a todos nuestros problemas es un… meteorito? No estoy para bromas, no en este momento, ¡por dios, la compañía se está cayendo a pedazos y usted me viene con estupideces! Lo espero el viernes a primera hora con el informe de su trabajo en campo y una proyección de utilidades-.

- ¡Por favor escúcheme Tamaira! –suplicó Cubillos-. Podemos salvar la compañía, es una oportunidad que solo tendremos una vez y no la perderemos, ¡esperar incluso unos pocos días sería un error del que nos lamentaremos toda la vida!

-Viernes, primera hora.


Tamaira terminó la llamada y apagó el teléfono antes de volver a sentarse en su lugar. La crisis por la que estaba atravesando la compañía no era un secreto para los accionistas, por lo que de Rhodes tuvo que citarlos para tratar de convencerlos de mantener sus inversiones en El Dorado Mining Company. Los cuatro accionistas con mayor porcentaje de participación en El Dorado tuvieron un momento a solas en la oficina de Tamaira de Rhodes y ninguno de ellos mostraba intenciones de mantener su dinero en el negocio del oro. Indudablemente fue un error táctico salir de la reunión, muchas cosas pudieron decirse a espaldas de la gerente durante su corta ausencia. De Rhodes estaba furiosa con Cubillos por su impertinencia y esa estupidez del meteorito, con ella misma por haber dejado a solas a los accionistas y con el mercado mismo por la caída abrupta de los precios del oro. Todos estaban jugando en su contra.

(Continúa....)

jueves, 8 de enero de 2015

Día 400 (creo): La resurrección del blog bazofia

Este blog nació por allá a finales del 2013, creo que hoy se cumplen 400 días desde que publiqué la primera entrada. Siempre se ha tratado de lo mismo, escribir toda la basura que me venga a la mente. Sin tramas, sin personajes, sin literatura, este lugar es mi pequeño altar al freestyle. Detrás de esto hubo al principio un objetivo muy claro, mantenerme todos los días tecleando. Este blog es una declaración de guerra contra la hoja en blanco.

El blog está lleno de anécdotas que seguramente a nadie interesan (por ello creé este espacio aparte, en vez de llenar mi otro blog con los vergonzosos textos que improviso aquí). Dejé de escribir por casi un año y ahora necesito afilar de nuevo las espadas del texto. Pienso que la mejor forma de revivir este espacio es contando por qué me olvidé del pequeño y poco talentoso escritor que llevo en mí y cómo decidí resucitar a Lázaro. Como es usual, hoy no encuentro mejor forma de hacerlo que con una anécdota.

Hace un par de años tuve una idea para un texto, sobre un viajero espacial que vuelve a la Tierra para encontrarla completamente destruida y descubrir que es el único ser con vida en el planeta. El único signo de civilización que encuentra es el Big Ben en ruinas, marcando las 5:17 pm. No sé por qué esa hora en específico, seguro hubo un motivo en su momento aunque no lo recuerde.

Tiempo después empecé a ser explotado miserablemente trabajar para una multinacional en turno de doce horas (que casi todos los días se convertían en 14 o 15). El ritmo de trabajo no me daba un solo segundo para pensar siquiera en basura para dejar aquí, aunque, ahora que lo pienso mejor, de haber tenido la energía, este espacio habría sido una excelente catarsis. Cuando ni el cuerpo ni el espíritu (si existe tal cosa) dieron más, decidí que lo mío no era soportar estoicamente la explotación laboral, así que renuncié. Días después me enteré de que podría hacer estudios de posgrado y empezarlos en 2015, por lo que realmente no me arrepiento de esa decisión.

Ayer la casualidad puso de nuevo frente a mis ojos las notas iniciales del texto sobre el astronauta y el Big Ben. Me causó mucha curiosidad que, aunque las notas eran vagas y poco específicas, la hora que marcaría el Big Ben estaba bien definida. Mientras pensaba que algún día debía terminar de escribir el texto, sonó mi celular. Algún donnadie de la multinacional aún no sabía sobre mi renuncia y me buscaba para que le solucionara la novedad (cuya traducción más exacta de jerigonza empresarial a español corriente es "mierdero"). Su primera frase en la conversación fue un mazo que me dio directo en el cráneo y aún me tiene algo aturdido.

¿Jerson? Qué pena molestarlo, le tengo una novedad de 5:17 de la tarde. 

Qué curiosa coincidencia. En ese momento supe que debía volver a escribir basura. Volver a hacerlo todos los días. Supe que tenía que terminar ese texto viejo y olvidado, probablemente lo publicaré en los próximos días.

Este texto deleznable es la resurrección de mi blog bazofia. Here I am, back in the game, bitches!

21 años y 364 días

Desde hace cinco años hago esto. Empecé haciéndolo en mi primer intento de blog, uno que nadie leyó. Al siguiente año lo escribí, lo publiqué y lo dediqué. El otro año lo escribí casi que por compromiso. El siguiente, el de hace un año, fue una catarsis.

Y hoy... hoy es un día extraño.

Un día estoy jugando microfútbol al frente de la facultad después de un parcial y al siguiente estoy levantándome a las 4 de la mañana para alcanzar a tomar la ruta que me lleva a la empresa. Fue así, de golpe, como me di cuenta de que la vida universitaria se estaba terminando. Aún tenía clases, aún iba a la universidad todos los días después de trabajar, pero cada vez el final de esa etapa se estaba acercando más. Lo sabía, lo sentía, simplemente se veía venir.

Sin embargo eso nunca me preocupó. Desde el principio supe que debía seguir estudiando. Tuve muy buenas razones para decidirme a continuar en la vida académica. Además, trabajo significa salario, ahorros, costear una maestría. También el trabajo, de hecho, me ha enseñado muchas cosas sobre las que en la universidad no tenía idea alguna. Es otro tipo de aprendizaje al universitario pero con la misma intensidad e igual de valioso.

Hay quienes me hacen notar eso en favor del aprendizaje empresarial. Sé que puedo perderme de algunas cosas atractivas (un buen ingreso, estabilidad, comodidad), cosas que de hecho son las que parecen disfrutar más quienes han tenido muchos años de aprendizaje empresarial. Mucha gente elige lo atractivo. No los juzgo, es una apuesta segura; yo la tomaría si no tuviera una mejor opción.

El asunto es que tengo una mejor opción.

Yo no hablo ni pienso en términos de dinero. No es mi motivación. Cuando me levanto todos los días temprano, mi motivación nunca es el dinero que voy a ganar por hacerlo. Me motiva aprender, vérmelas todos los días frente a algo nuevo, siempre un reto diferente, siempre algo nuevo para aprender a hacer y luego hacerlo. Es una excelente forma de entrenamiento. De eso se trata un poco la educación, problemas nuevos a los que uno nunca se ha enfrentado y aprendizaje para solucionarlos. Y por el tema mismo de la maestría que quiero hacer, sí que habrá problemas nuevos que habrá que aprender a solucionar.

Quiero hacer una maestría. Esa es mi motivación.

En menos de un mes tendré la prueba de admisión que quiero pasar. En 21 años y 364 días he tenido varios exámenes de admisión que quería superar más que nada en el mundo, y en todos ellos logré el objetivo, y en todos ellos fui increíblemente feliz. No significa que yo sea agorero y confiado. Para nada. Me estoy preparando fuertemente, a mi propia manera, la que tanto me gusta y me ha dado siempre resultados.

En 21 años y 364 días he vivido incontables cosas. He aprendido de la vida y su estilo recio de enseñanza lo suficiente para tomar concienzudamente una decisión muy importante, y aún soy tan ignorante como para tomar las siguientes decisiones importantes. Sé lo que quiero, estoy apostándolo todo por ello. No me gustan las apuestas fáciles.


Publico esto hoy 8 de enero de 2015 y aunque nadie va a leer este texto (mejor que así sea), quiero recordarme a mí mismo que sí vale la pena esforzarse. En menos de un mes empezaré la maestría.