lunes, 10 de septiembre de 2018
De quarks y supernovas
Se supone que iba a escribir esta entrada de blog el sábado, un día antes de cumplir años, como ha sido tradición en este y los otros blogs bazofia. Ese día hice de todo (incluyendo entrar a una sede de la cienciología a escuchar el parlazo y emborracharme con mis amigos) pero no escribí. Es muy videoso darme cuenta de que ahora escribir es mi trabajo cuando muchas veces fue la vía de escape, el medio de liberación, la catarsis, whatever. Ahora escribir estas entradas es diferente, es un poco más difícil mantener el estilo de este blog a lo bestia, violento y radical.
Anoche volví a soñar que estaba de vuelta en la Habitación 101. Me parece muy curioso que siempre que vuelvo en sueños a la Habitación 101 del Ministerio de la Eficiencia hay dos variables que configuran el sentido del sueño, siendo todo lo demás un simple escenario. La primera es la arquitectura y la locación geográfica del Minficiencia. La segunda es que siempre queda un asunto inconcluso en el sueño. No entraré en detalles de los sueños anteriores en la 101 o en otros lugares dentro y fuera de este planeta porque eso requeriría otra entrada, quizás otro blog dedicado a interpretar mis sueños, quizás algo tan privado que me gustaría escribir pero no compartirlo, no sé. Solo quiero contarle a quien quiera que esté leyendo que anoche el Minficiencia tenía una arquitectura simple, brutalista y con solo tres paredes. La cuarta pared ya no existía, fue como si alguien hubiera puesto una bomba de antimateria que la hiciera desaparecer de nuestro universo observable. Como sea, la cuarta pared ya no existía, alguna vez estuvo ahí pero ya no. Después de cerrar los asuntos inconclusos, tuve frente a mí una maravillosa vista de las luces de los postes lejanos de la ciudad, justo unos minutos antes del amanecer.
Me parece que, esta vez en particular, la interpretación es muy clara.
Antes de escribir esta entrada leí por encima un par de entradas viejas y debo decir que estoy un poco aturdido por la naturaleza del cambio, por la coevolución y por la puesta en práctica de la comprensión fenomenológica de los procesos en primera persona. Estoy aturdido por darme cuenta del poder que tienen unos simples quantums y flujos de información en nuestras vidas y en nuestra compleja humanidad. La ausencia o presencia de ciertos marcadores sematectónicos en nuestro entorno puede moldear por completo la existencia y la conciencia; parece que la epistemología reflexiva es más completa que la cartesiana. La individualidad es una ilusión, un sueño del cual es difícil escapar. Tal vez el Yoga, Tao o como quieras llamarlo, tal vez el amoracción sí es la ciencia suprema, tan satisfactoria como difícil de practicar.
En todos los procesos, la inercia puede ser la mejor aliada o la peor enemiga. En todos los procesos el cambio es inevitable. La dualidad onda-partícula tal vez está presente también en nuestra cotidianidad, tal vez hace parte de la esencia misma de la conciencia. Está muy presente en todos mis proyectos, de eso no hay duda. No se trata solamente de lo que veas sino cómo lo interpretas y qué haces con ello, cómo transformas el mundo con tus acciones, teniendo la certeza de que todas tus acciones tienen efectos, pero la mayoría de las veces sin tener idea de qué tipo de efectos tendrán. En ese sentido, vivir es una apuesta. Lo contrario de arriesgar es subsistir, mejor dicho, infraexistir. La inercia en algunos procesos es la mejor aliada, pero si se la deja actuar en otros, sin duda es la peor enemiga. Vivir implica superar la condición prenatal, salir de la matriz y de la matrix, aprender a usar la inercia y aprender a trabajar para contrarrestar sus efectos. O al menos eso pienso hoy.
El tiempo no existe sin memoria. O en otras palabras, el tiempo es una ilusión que nos ayuda a darle sentido al cambio permanente y al flujo de energía en nuestras conciencias limitadas. Nunca es ayer y nunca será mañana. Siempre es hoy. Vamos apenas unos microsegundos por detrás en la carrera entre nuestras limitaciones cognitivas y la complejidad creciente del universo que nos rodea. Aunque a veces vamos varios miles de millones de años atrás. En todo caso, siento que el tiempo es una ilusión de la energía y la memoria. Emmy Noether ya había intuido lo mismo un siglo atrás, lo escribió en lenguaje formal y, al hacerlo, allanó el camino hacia nuestra comprensión actual de nuestro universo a nivel macro y a nivel micro. ¿Por qué nadie ha propuesto usar sus ideas en el nivel de realidad de nuestra conciencia limitada? Queda esa pregunta en el aire para la próxima entrada.
Esta entrada fue particularmente difícil de escribir. El año de vida que murió antier fue particularmente difícil de vivir, creo que el más difícil de todos. Pero también fue el más formador hasta ahora. El año nuevo que nació ayer será difícil, pero también muy emocionante, tengo muchas expectativas y siento que poco a poco me estoy acercando a mi nueva mejor versión, algo que no sentía hace mucho tiempo. El tiempo es una ilusión de la memoria y las memorias de mi año más reciente son difíciles, dolorosas, pero también cargadas de momentos de gloria y felicidad pura, de cambios trascendentales en mi forma de entender la vida, el universo y todo lo demás. Estoy muy contento y confío en mi proceso. Si he confiado en los momentos más difíciles, en los que todo era oscuridad, cómo no confiar cuando la oscuridad empieza a cederle terreno al amanecer. Este cumpleaños ha ido en crescendo y la celebración aún no termina; hay muchos motivos para celebrar. El amor de mis amigos y de mi familia se siente como la cálida fogata en casa, después de varios días en la intemperie cruel e indiferente.
Aurora anuncia la llegada de Solaria.
viernes, 18 de mayo de 2018
Shiva en el cuadrilátero
El karma es el resultado de todas las acciones y omisiones pasadas. No quiero culpar a nada ni a nadie por mi situación actual, debo admitir, aunque duela, que todo esto es producto de los errores que me he esforzado en cometer y repetir. A veces suelo jactarme de que aprendo muy rápido pero me veo en la obligación de aceptar que esto no es cierto en todos los casos. Hay lecciones que me han costado mucho y en ocasiones simplemente no he querido aprender.
La tercera ley de la mecánica de Newton reza que a cada acción corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido inverso. ¿O es la segunda? No estoy seguro y no voy a desperdiciar megabytes en corroborarlo. Una pendejada, pero ahorrar datos es ahora una necesidad. Voy en el bus hacia el cumpleaños de uno de mis mejores amigos y en este breve espacio de soledad fue absolutamente necesario escribir esto. Debo dejarlo salir para que no me afecte en la celebración de la vida de una de las mejores personas que tengo la fortuna de conocer.
Soy enemigo del mecanicismo como postura ontológica pero en este caso particular parece funcionar bien el postulado. Igual quiero replantearlo: la acumulación de las acciones genera un conjunto de reacciones en sentido inverso, tal vez no en igual magnitud, a veces en mayor o menor medida, pero siempre hay consecuencias, tal vez no en una combinación lineal, la complejidad sistémica va más allá. En todo caso, todo esto me lo busqué.
Hoy siento como si el universo entero, tan aleatorio e impredecible como es, se estuviera empeñando en hacerme entender que debo pagar el costo por mis vicios, mis omisiones, mi desidia, whatever. Esta pesadez en el alma no es gratuita, es mi recompensa, aunque de todas formas quiero pensar que esto es un regalo. A ver si de una vez por todas aprendo la lección.
Durante los últimos años mi visión del mundo ha cambiado tantas veces que ahora se me dificulta mirar hacia atrás y reconocerme a mí mismo en el ser que fui. He cambiado, el cambio es inevitable, nada es permanente. No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor porque estaría ignorando la esencia misma del cambio: la adaptación. El tiempo avanza irrevocablemente en una sola dirección, incluso la memoria está sujeta a esta cruda realidad, el prisma con el que uno recuerda el pasado también está afectado por los cambios en uno mismo. Lo que hoy recuerdo no es lo mismo que recordé ayer ni lo que recordaré mañana. Simplemente, así funciona este universo.
Cuántas veces, en el transcurso de los últimos días, me dejé llenar de rabia contra el universo por complicar hasta el extremo asuntos que deberían ser triviales y sencillos. Quise caer en la tentación de culpar de mis desgracias a la existencia misma, a una racha de mala suerte, la tentación de humanizar el devenir aleatorio e indiferente de los acontecimientos, librarme de mis responsabilidades en el desenvolvimiento de mi propia vida.
Hace unos meses escribí en este mismo blog que, si fui bendecido con un don, no se parecía tanto al de Albert Einstein pero sí al de Rocky Balboa. Hoy quiero recordar esas palabras y reconocer que la vida me está golpeando fuerte porque así mismo lo decidí, no una sino muchas veces. Me estoy rompiendo la cara y el alma a puñetazos en un cuadrilátero, luchando conmigo mismo. Estoy pagando el costo por mis acciones y, principalmente, por mis omisiones. Detesto admitir que las dificultades económicas me están consumiendo, porque no debería ser así, no debería dejarme afectar tanto por ello. Pero las reglas del juego no las escogí yo, al igual que miles de millones de personas, no tengo alternativa, al menos no en el corto plazo.
El tiempo no se detiene, todo esto también pasará, es inevitable, pero no veo el momento de que pase ya, que quede solo como el recuerdo de una etapa muy importante de mi vida, una etapa en la que no tuve más alternativa que tomar decisiones radicales y de asumir el cambio como una misión. Sé que esta etapa es relevante, lo es, sé que todo mi futuro estará muy fuertemente influenciado por lo que ha pasado en los últimos meses. Pero mi paciencia se está agotando. También sé que la hora más oscura siempre es justo antes del amanecer. Aunque he pasado mucho tiempo en la oscuridad, no me he acostumbrado, no es fácil.
Solo espero el amanecer. No todo han sido errores y lecciones difíciles de aprender. La apuesta que hice con mi vida es una apuesta fuerte. Quisiera pensar que toda esta pesadez del alma habrá valido la pena algún día, que el aprendizaje duele y hoy me duele, pero el cambio es inevitable y el karma también. No todo han sido malas decisiones y errores. Algo bueno habrá de salir de todo esto. Solo quiero ver salir el sol de nuevo.
martes, 17 de abril de 2018
Yeah you know how I feel
Pensé que podría terminar el libro de Georgescu-Roegen en tan solo dos días y esa idea, que ahora descarto, es patente de que estuve pordebajeando la potencia del razonamiento del genio rumano. No porque lo haya subestimado, sino porque no imaginé que una disertación sobre el papel de la entropía en el proceso económico tuviera que estar tan sólidamente fundamentada en filosofía de la ciencia. O bueno, sí lo imaginé, si no lo hubiera visto venir significaría que el último año de trabajo fue perdido y, te lo puedo asegurar con todo lo que soy, querida/o lector(a) imaginaria(o) que el último año de trabajo fue el más provechoso de mi vida hasta ahora. Simplemente no pude dimensionar el nivel de densidad del libro, que igual tampoco es taaaan denso, pero sí exige tomarlo con calma pues, en palabras del gran Clovis Cavalcanti, ese libro te hace hervir el pensamiento. Ya pasó una semana desde que me prometí, de forma absurda, terminarlo antes del grado, o mejor, como regalo de grado. Que igual lo viene siendo, aunque también vino un libro que me tiene casi igual de ansioso, un regalo de un amigo de los de vieja data, de los del primer semestre del pregrado.
En estas breves líneas puedo evidenciar de alguna forma lo que siempre he sospechado desde que empecé a escribir: el libro que uno está leyendo influencia el estilo literario a la hora de la verdad, cuando uno está frente a la hoja en blanco y las manos están ansiosas por sacarle fuego a la tecla. Ese extraño fenómeno hace que la elección de los libros por venir sea de relevancia fundamental para cualquier escritor yanoamateur casicasiprofesional como su humilde servidor. Sí, ya no me considero taaaan amateur como cuando empecé a escribir este blog y los otros blogs que lo precedieron, aunque este texto grite lo contrario. Ya estoy en otro nivel, se supone. De alguna forma y más allá de las ceremonias, las fotos, los brindis, las palabras, la fiesta, la embriaguez de gloria, de whisky y de aguardiente, me siento en un nivel diferente.
Esta entrada de blog es particularmente especial. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo aquí sin estar triste, desanimado, deprimido, con el corazón roto, tremendamente confundido, con ganas de mandarlo todo a la mierda, de nadar en mierda o de simplemente buscar el camino para poder vivir hablando mierda sobre este mundo de mierda, desesperado buscando una salida de mi océano de mierda... Esta es una entrada especial, extraña, diferente. La palabra es diferente. Lo puedo notar en cada golpe que dan las yemas de mis dedos al teclado de mi computador viejo, lo puedo notar en el estilo, en las palabras que fluyen, en cómo fluyen. Es altamente evidente que este texto carece de lo que se ha convertido en la marca característica de este bien querido blog bazofia: el estilo taciturno, las figuras rebuscadas, las constantes distorsiones de la gramática, la incorrecta redacción (no, la incorrecta redacción se mantiene, pero hoy es diferente) y las ideas oscuras, fluyan mis lágrimas dijo el policía. No. Hoy no tengo ideas oscuras. Hoy tengo ideas arbóreas.
Estuve más de un año atascado en arenas movedizas, el coronel es un genio pero vio demasiadas cosas y vamos a ejecutarlo en aguas peligrosas. Pasé días y noches sin descanso, sobreanalizando las contradicciones del capitalismo, principalmente en relación al doble rol de la alienación de la mano de obra en los procesos de producción y consumo, usándome a mí mismo como conejillo de indias. Fui mi propio sujeto de investigación y, por algunas falencias en el diseño experimental, maté a mi rata de laboratorio. No fue fácil renacer, no fue un proceso indoloro, muchas veces pensé estar finalmente listo, tan solo para recaer, llorar de desesperación y darme cuenta de que no era así, siempre faltaba algo. No sé qué era. Pero faltaba algo. Tal vez lo que faltaba era deshacerme en lágrimas una vez más, esta vez frente a (casi) todos mis amigos cercanos, tal vez lo que faltaba era la ceremonia, el protocolo, la catarsis etílica y el guayabo más feliz de mi vida hasta ahora. En todo caso, ya no falta nada. O eso creo. Me siento... diferente.
Hoy tuve una especie de déjà vu. Volví al año 2014 y me vi en mi primer día de trabajo como profesional, inexperto, callado, en una reunión, haciendo nada más que comentarios obvios y anotando todo cuanto escuchaba en mi libreta (no la de ideas arboreodisruptivas sino otra, ahora tengo varias libretas). Pero no fue un déjà vu, fue algo diferente. Hoy no estaba en el primer círculo del infierno escuchando el veredicto del mismo Satanás que recitaba cada uno de mis pecados, evitando mencionar los castigos que me esperaban ansiosos en los otros círculos, pues la incertidumbre era el primer castigo. Hoy fue diferente, hoy me sentí tranquilo, con las ideas muy claras, expectante, centrado, hoy no estaba en el infierno. Al parecer, descubrí el secreto para hacer que la alienación funcione en mí. La respuesta, la mejor solución que pude encontrar después del indecible sufrimiento resultó siendo sorprendentemente sencilla: la clave fue encontrar un hobby con salario que me permitiera enfocarme en el trabajo que realmente deseo hacer aunque nadie me pague por hacerlo.
La verdad es que, dicho así, suena bastante fácil, pero créeme que no lo fue. Créeme que casi pierdo todo lo que soy tratando de encontrar esa respuesta. Casi podría atreverme a decir que hoy tuve éxito por primera vez en la práctica del yoga de la acción. Casi podría atreverme a decir que lo de hoy fue una pequeña muestra de... ¿felicidad? No. Esto no es felicidad, es algo... diferente. Podría llamarlo "paz interior", sabiendo que no lo es exactamente, pero se acerca. Como sea, creo que ya sé cómo decirlo.
Stars when you shine, you know how I feel. Rivers running free, you know how I feel...
sábado, 7 de abril de 2018
All-in (o la vida medida en mundiales)
Comprendí qué significa realmente jugar "all-in" cuando me vi endeudado con todas las personas e instituciones con las que me fue posible adquirir deudas, lo entendí en la vergüenza de pedir otros diez mil pesos prestados, lo entendí cuando tuve que pedirles paciencia a todas las personas que conozco pues cambiar el mundo es una tarea titánica que debe acometerse con paciencia, disciplina, cuidado, conocimiento profundo, preocupación, concentración, amor y movimiento. Debo reconocer que llamé la atención, pedí que los focos se posaran sobre mí y fallé en la soberbia de una excesiva seguridad infundada. Pero sé que también Maradona falló algunos penales.
Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, el universo es un fractal. Los árboles son como los imanes y la dualidad onda-partícula también existe en los ríos y en los centros comerciales. No es casualidad que los rayos en una tormenta eléctrica se parezcan a las neuronas y a la última foto que subí a mi Instagram. La termodinámica está incompleta y el experimento de la doble rendija puede ser constructal. Los ecosistemas son redes neuronales y su intercambio material y energético está regido por un componente real (exergía) y un componente imaginario que depende del observador y su funcionalidad sistémica (emergía). La contaminación puede ser entendida como quantums de energía que no pueden ser reintegrados al ciclo adaptativo y por tanto se convierten en ruido. La acumulación de capital y poder opera de forma similar a la gravedad y, por tanto, demasiada acumulación crea agujeros negros que impiden que escape la luz-conciencia. El Demonio de Maxwell es la Conciencia. El suelo es un horizonte de suceso, un amplificador de ondas-partículas. La Ecología y la Economía pueden ser unificadas a partir de la Física Cuántica. Deben ser unificadas. ¿La identidad de Euler tiene algo que ver en todo esto? Es claro que phi, euler, pi e i son números muy importantes en la naturaleza, pero... ¿la identidad de Euler tiene algo que ver?
No he llegado al final del camino, apenas lo he encontrado, apenas estoy empezando a transitarlo. Este camino es por lo que he estado luchando los últimos cuatro años de mi vida. Quizás desde mucho más tiempo atrás. Es un sueño hecho realidad. No. Es incluso mejor y apenas está empezando. Se viene otro mundial. Vendrán nuevos saltos al vacío, nuevas decisiones estúpidas y riesgos necesarios, nuevas apuestas. Pagaré mis deudas y seguiré jugando al todo o nada, se me dan bien las apuestas all-in. Sueño con alzar la Copa.
jueves, 22 de marzo de 2018
Decisiones estúpidas
Esa fue la divagación usual en todas mis entradas de blog en este, mi bien querido, mi bienamino blog bazofia.
La verdad es que he esperado mucho tiempo el momento en el que todas las decisiones estúpidas que he tomado en el pasado rindan frutos. Una eternidad esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan. En la práctica del yoga es fundamental renunciar a las recompensas, o al menos al deseo de recompensas. Soy un poco pecador en ese aspecto, aún deseo una recompensa. Un cartón que diga "Magíster" parece suficiente, es de hecho la recompensa natural e inevitable por la primera decisión estúpida que trajo todas las demás decisiones estúpidas como agua que cae de una cascada sin poder evadir a la gravedad. La evasión de la gravedad vendrá después, querida agua, ten paciencia y deja fluir la energía que eventualmente te hará elevar.
Eso es lo que quiero. La evasión de la gravedad. Ya caí suficiente y el constante flujo de energía hace hervir mi alma; es hora de volver a volar. Es tiempo de hacer que los pretendidos errores se revelen a sí mismos como lo que son, o al menos como los entendí desde el principio, grandes riesgos inevitables, sacrificios necesarios, la sangre en las manos del guerrero que alcanza la gloria en su épica batalla.
Tal vez lo que quiero en realidad no es tanto un cartón ni un reconocimiento ni evadir la gravedad ni elevarme, tal vez lo único que quiero es comprensión, que alguien me entienda. Ni siquiera eso, debo admitir que parte de mí disfruta mucho ostentar un cierto carácter enigmático e incomprensible. Este es el espacio para la honestidad brutal y traicionaría todos mis principios, todo lo que soy, si no soy brutalmente honesto conmigo mismo. Ni contigo que por azar o por decisión estúpida estás leyendo. Lo que quiero es entender. Todo lo demás vendrá por añadidura, reza el cliché de los que rezan. Solo quiero entender. Treinta y siete días bajo un árbol me han acercado bastante a algo parecido a la comprensión. Aunque lejos de entender, solo tengo preguntas nuevas, mucho más trascendentales, pero al fin y al cabo preguntas.
¿En qué se parecen un árbol, un río, el rayo de luz en medio de una tormenta eléctrica, un imán, la ruta que recorre el aire en mis pulmones, el gato de Schrödinger, un ecosistema y la identidad de Euler? ¿Tiene acaso algún sentido esa pregunta?
Aún no he terminado la publicación sobre las bases epistemológicas de la Economía Ecológica, aunque ya casi. Me ha costado mucho esa publicación. Mucho más de lo que cualquiera pueda imaginar. Mucho más.
Debo admitir que, desde que me senté a la sombra de mi árbol, la meditación, la imaginación, las nuevas ideas que me han aturdido como un rayo que cae directo al hipotálamo y que han cambiado para siempre mi visión y mi forma de entender el mundo, todo la procesión que no siempre va por fuera, han retrasado esa publicación y la han convertido en un reto increíble, gigantesco. Curiosa coincidencia que lo más probable sea terminarla el día cuarenta de cuarenta. Después podré disfrutar con indescriptible satisfacción la recompensa, que no será una felicitación ni un salario ni salir de deudas, ni siquiera el viaje que tanto ansío, ni el nuevo trabajo que empezaré después de viajar, ni el tatuaje que llevo posponiendo desde hace cuatro años a la espera del momento glorioso que amerite una marca vitalicia en mi piel, ni siquiera el cartón que persigo con inquebrantable determinación desde que se jugó el último Mundial (bueno, más que el cartón, persigo lo que significa, es evidente).
La recompensa será tener el privilegio de leer un libro*. Un libro que con seguridad no habría podido entender en su magnificencia ni en su complejidad de no haber transitado el tortuoso camino que me ha traído hasta este punto, el camino que he amado desde el primer paso, el que elegí, la mejor decisión estúpida que he tomado. Desde ya sospecho que ese libro cambiará mi vida para siempre, una vez más, tal vez con más fuerza que la de todos los libros y eventos que ya han cambiado mi vida para siempre. Con suerte, cambiará algunas cuantas vidas más, cambiaré, cambiaremos.
Se jugará un nuevo Mundial, emprenderé un nuevo viaje y volveré a tomar muchas decisiones estúpidas, riesgos inevitables, sacrificios necesarios, la sangre en las manos del guerrero ante la más épica de sus batallas hasta ahora, el precio que debe ser pagado a cambio de nuevas preguntas, preguntas más trascendentales.
Han pasado muchas cosas en estos últimos treinta y siete días de cuarenta bajo un árbol.
*La ley de la Entropía y el proceso económico - Nicholas Georgescu-Roegen. 1971.
jueves, 22 de febrero de 2018
Arjuna sin sosiego
¿Qué significa realmente escapar del tamas, controlar el rajas y fortalecer el sattva?
¿Por qué cuesta tanto practicar el karma yoga y trascender las gunas?
¿Por qué me tocó vivir en un mundo empecinado en impedir la meditación y desgarrar todo intento de iluminación mientras premia de forma exagerada la alienación, el individualismo, el ego y la satisfacción inmediata de los placeres efímeros?
¿Cómo puedo acallar mi mente para lanzarme a la batalla si mi batalla se pelea con ideas?
¿Por qué llora mi tercer ojo?
¿Por qué duele tanto volver a nacer?
viernes, 16 de febrero de 2018
Cuarenta noches bajo un árbol
Estoy seguro de que conoces la historia del tipo que se fue a meditar cuarenta días y cuarenta noches bajo un árbol para intentar encontrar respuestas a las preguntas más difíciles que pasaron por su mente y que atribularon su espíritu. Bueno, de hecho son dos tipos, tal vez la misma historia, tal vez los dos pasaron por la misma experiencia o uno de los dos es un farsante -sospecho que si uno de los dos es un farsante, es aquel cuyo árbol fue un desierto-, o tal vez son la misma persona retratada de formas diferentes por la tradición oral. Como sea, un tipo se sentó a la sombra de un árbol y pasó cuarenta días (con sus noches) meditando. Estoy seguro de que conoces la historia porque nuestra cultura occidental la rememora todos los años, hasta le inventaron una palabra y ciertos rituales como el de no comer carne los viernes dentro de este lapso o marcarse una cruz en ceniza el primero de los cuarenta días. No sé si en oriente también existan rituales similares, la verdad es que no me extrañaría. En todo caso, mi miércoles de ceniza fue diferente a cualquier tradición religiosa, aunque sí fue bastante espiritual.
Me gusta mucho meditar, por si no lo sabías. A veces hasta la más ínfima de las nimiedades es capaz de ponerme en un estado de percepción y conexión espiritual profunda y blablabla, whatever. Desde que leí el Bhagavad Gita (que por cierto te lo recomiendo, deberías leerlo, tienes que leerlo, es el mejor favor que le puedes hacer a tu alma) aprendí que la meditación no requiere pagar clases de yoga ni aislarse del mundo, ni siquiera necesitas silencio ni cerrar los ojos; no hay fórmulas prefabricadas, puedes ejercitar la respiración y pronunciar el OM en perfecta quietud o en el más ajetreado de los escenarios que seas capaz de imaginar, leyendo, pensando, jugando fútbol o en hora pico en Transmilenio. ¿Cómo vas a mantenerte imperturbable si solo practicas en la quietud? ¿Cómo podrás aceptar o rechazar una idea si no la examinas con atención en tu mente y en lo que ella percibe del mundo que te rodea?
¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a una nueva idea, una idea tan poderosa y consistente que no tienes otra alternativa más que reconocer que todo lo que creías conocer del mundo y la existencia estaba, en el mejor de los casos, incompleto? ¿Alguna vez te has visto en la necesidad de replantear todo lo que eres, toda tu visión de mundo, romper tus paradigmas y reconstruirte, reconocerte a la luz del nuevo conocimiento? ¿Alguna vez lo has vivido? Espero que sí. No solamente porque es una de las experiencias que, a mi juicio, le dan sentido a la vida misma, sino también porque si lo has vivido podrás entenderme un poco. Es que fue eso lo que me pasó el miércoles de ceniza después de mi meditación accidental, esa que empezó de la forma menos probable que puedas imaginar y aún no termina. La de antier, el día uno de cuarenta.
Quiero contarte que aún estoy bastante aturdido por lo que pasó, pues llevo bastante tiempo meditando sobre algunas preguntas difíciles que, literalmente, no me dejan dormir en las noches, atribulan mi espíritu, se volvieron una constante en mi vida; casi puedo decir que pienso en ellas desde que despierto hasta que caigo dormido e incluso en sueños puedo sentir que mi mente sigue trabajando. Mi meditación suele estar enfocada a esas preguntas y ya es un lugar común el asombrarme profundamente al encontrar aproximaciones, respuestas parciales, nuevas preguntas cada vez más complicadas, nuevos caminos y nuevos lentes para ver y entender el mundo a partir de mi práctica del yoga. Estoy aturdido porque las nuevas ideas me golpearon con una fuerza inusitada, nunca en la vida había sentido con tanta intensidad, con tanta claridad, el poder de las nuevas ideas. Fue más intenso que un viaje en LSD y si lo has probado sabrás que ese viaje es muy intenso.
Después de ese instante en el que todo fue claro, no puedo dejar de pensar en que poco a poco me estoy aproximando a las preguntas más difíciles de responder. Más que eso, de alguna forma que no puedo explicar sin recurrir a la intuición, instinto jedi, lo-que-sea, siento que encontré una ruta para seguir, una serie de ideas concretas que tienen el potencial de ser la base para nuevas ideas originales y revolucionarias en todo el sentido de la palabra, ideas que pueden cambiar para siempre la historia de la Humanidad. Siento que voy en camino de un verdadero eureka, una revelación. También parte de mí siente que voy en busca de una reafirmación o que al menos me estoy acercando a las preguntas que me pueden dar las respuestas que he estado buscando por años. Es una sensación bastante extraña.
La realidad material, el samsara, las reglas del falso mundo de ilusiones insatisfechas y sufrimiento en el que nos vemos forzados a vivir y del cual busco con ahínco una liberación, funciona de tal manera que la meditación sea un lujo, un ejercicio casi imposible de practicar. Y esto es verdad en un sentido muy pragmático en este momento de mi vida. Por cuestiones del azar y del camino que escogí (o encontré) cuando empecé a hacerme preguntas difíciles, puedo darme el privilegio de elegir qué hacer con mi vida y mi fuerza espiritual por... aproximadamente... cuarenta días más. Después de esos cuarenta días el samsara golpeará fuerte con el martillo kármico y me cobrará el costo de haber pasado tanto tiempo en meditación y yoga cuando el sistema imperante exige exactamente lo contrario a la meditación: la alienación. Es un costo alto. Lo sé.
He tomado una decisión. Una decisión arriesgada, un salto al vacío sin certeza alguna, uno de esos caminos que tan acostumbrado estoy a recorrer. Pienso aprovechar esos cuarenta días de libertad espiritual en meditación. Pretendo ir hasta el final de esta exploración. Leer todo lo que sea necesario leer, aprender todo lo que sea necesario aprender, replantear, imaginar, meditar en las nuevas ideas arrolladoras, todo lo que sea necesario. Nikola Tesla decía que antes de pasar al laboratorio evaluaba profundamente sus nuevas ideas revolucionarias en su mente, el mejor de los laboratorios. Así que he decidido pasar cuarenta días en el laboratorio de mi mente, cuarenta días dedicados a evaluar la consistencia de esas ideas nuevas y revolucionarias que me golpearon con la fuerza de una tormenta eléctrica. Cuarenta días haciendo preguntas difíciles y viendo el mundo con mis nuevos ojos. Quiero que después de estos cuarenta días llegue el acostumbrado viaje de semana santa con algunas de mis almas más cercanas, levantarme triunfante de la sombra de mi árbol con respuestas, o al menos con preguntas más significativas y una porción del camino ya recorrido, perspectivas más claras. Nuevos árboles vendrán.
Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, te cuento que mi mente suele funcionar mejor por las noches. Así que serán cuarenta noches bajo un árbol. Que después pase lo que tenga que pasar.
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PD: Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, debo decir que quise escribir este texto desde el día uno, el miércoles, pero el miércoles estaba aún en trance. Cuando logré salir del viaje (por llamarlo de algún modo), mi cerebro estaba tan cansado o incluso más que después de un viaje en LSD, además me sentía tan aturdido que de ninguna forma habría podido expresar con palabras todo lo que estaba sucediendo en mi interior. Lo sé porque lo intenté y ni siquiera logré escribir una palabra. Hoy es el día tres, o cuatro, si somos estrictamente rigurosos con el horario. Aún estoy aturdido pero ya pude usar palabras otra vez, ya han surgido nuevas preguntas y nuevas perspectivas. Cuarenta días son pocos, así que haré una apuesta arriesgada dándole un voto de confianza a las ideas de Biraris, saltándome el debate entre Einstein y el Modelo Estándar.
PD2: Feliz año nuevo chino te deseamos la Identidad de Euler, mi árbol y yo.
PD3: No estoy tan seguro de las ideas de Biraris y debo estar abierto a cualquier posibilidad. Se trata de algo sumamente importante.
jueves, 8 de febrero de 2018
Sacarle fuego a la tecla
En este momento particular de mi vida siento que tengo tantas ideas que se confunden unas con otras, se mezclan, pelean por salir de mi mente, pelean por un lugar en una hoja en blanco, en una hoja de excel, pelean por convertirse en una ecuación o en una novela, pelean entre sí y contra mí mismo, pelean por ser la primera, por ser la última, pelean por ser mi esfuerzo en la mañana, tarde y noche, por tener prioridad hoy o mañana, tal vez en un mes o dentro de tres años; todas son importantes, todas son buenas ideas (o al menos eso me gusta pensar) pero se niegan a evolucionar, no quieren salir, o mejor, quieren salir todas a la vez y están todas trancadas en la puerta. Cada idea nueva se mezcla con todas las demás y pierdo el control... ¿acaso uno tiene el control o solo se trata de una ilusión del samsara? De lo que sí estoy seguro, porque lo estoy viviendo, es que incluso teniendo claridad existen dudas. La claridad es una ilusión.
¿Cuál es la prioridad? ¿El plan a cinco años? ¿Y cuál es el primer paso? ¿Hacer una lista de todos los demás pasos? ¿Conseguir una fuente de ingresos? Y si no me quiero vender al mercado laboral, ¿cómo salvo esa contradicción? Por ahora tengo que terminar la publicación de Economía Ecológica, se supone que si lo logro, en quince días podré alejarme un poquito del cliché del inventor escritor muerto de hambre en el que lentamente me convertí. Nada es un cliché cuando te pasa a ti y para clichés, el de tener cuidado con lo que uno desea porque puede hacerse realidad. No estoy haciendo honor a la verdad pues muerto de hambre no estoy, pero tampoco tengo dinero para tomarme una pola mañana. En quince días sí habrá para pola y podré liberarme de una prioridad inmediata y bastante molesta, por cierto. Pero vendrá otra confusión.
¿Qué debería hacer? ¿Debería venderme una última vez para hacer que mi hoja de vida sea más atractiva? Pero las hojas de vida son solo las etiquetas con las que uno sale a venderse al mejor postor, o más bien debería decir, al postor que se digne a alquilar, a alienar. Me entiendo a mí mismo como a un alienígena, pero no soy un alienígena de mí mismo, no sirvo para alienarme. Soy un alienígena en el sentido de que siento que soy ajeno a este sistema en el que me veo forzado a venderme cual si fuera un pedazo de carne. No, no debería venderme. ¿O sí? ¿A quién? ¿Crear empresa, tal vez? ¿No sería la misma contradicción, desde otro punto de vista? ¿Alienarme al capital y alienar a otras personas? ¿Vale aquí el fin que justifica los medios? Sé muy bien cuál es ese fin. Cuando elegí el camino del bodhisattva supe que debía volver al samsara pues no existe liberación individual, no hay iluminación para uno solo. No en este mundo fetichista del deseo, del consumo, de la mercancía. ¿El Vichada? ¿Aún tengo posibilidades en ese proyecto? Hace tanto que no avanzamos, hace tanto que no hablamos, no fui el único que desapareció. ¿Es conveniente hacerlo ya? ¿Esta es la oportunidad de mi vida? ¿Qué significa eso? ¿Debería tomarla o lo mejor es dejarla pasar? ¿Qué debería hacer?
¿Las ecuaciones? ¿Cuánto tiempo tardaré en darle forma a mi intento de teoría económica-ecológica alternativa? ¿Es una quimera lo que estoy intentando? Los expertos en capitalismo se la pasan repitiéndome que sí, que es una quimera, que el ser humano es tal cual como lo retrataron los economistas clásicos y que no hay ninguna alternativa para esta especie, que el mercado es la cúspide de las instituciones humanas, que es inevitable la catástrofe porque los humanos no podrán evolucionar. Según ellos, no hay alternativa. Pero los papers de Zhang y Wang, lo que escribió Dasari, las 20 hipótesis de Patten, el costo exergético de Naredo, las nociones de complejidad de Capra, Lotka y Volterra, el gran Georgescu-Roegen, los Odum, Holling, Biraris... todos ellos me incitan a continuar, a intentarlo; todos ellos me han dado ya las fichas del rompecabezas. Pienso en Maxwell, en Faraday, en Einstein y en sus rompecabezas. ¿Tiene sentido intentar plantear una nueva economía a partir de la dinámica de los ecosistemas? ¿Cuánto tiempo tardaré? ¿Por dónde empiezo a armarlo? ¿Qué tendré que sacrificar? Ayer, Riechmann me empujó a entender una gran idea que me ayuda a conectar a Patten con Zhang-Wang, con Dasari, con Faraday... con los árboles y los imanes. El demonio de Maxwell quiere entrar allí y necesito aprender sobre teoría de la información, también necesito repasar a Biraris. Es una tarea abrumadora. Pero si tengo una certeza en todo este mar de dudas al que bien o mal he hecho en llamar "claridad" es que sí se puede, sí es posible una integración de la ecología y la economía humana, aunque esto requiera replantear los conceptos fundacionales de la economía actual, viciada. No puedo dejar de pensar en ello. Llevo tres años de mi vida en esto. ¿Tengo algún rol en esta titánica tarea o Zhang y Wang tienen la última palabra? Si los entendí bien, ellos solo hacen generalizaciones, muy buenas. Aún falta conectar a Naredo, aún nadie ha hablado de emergía, exergía, ni del ciclo adaptativo. Sospecho que la llave está en el ciclo adaptativo, en Lotka y en Phi. Quizás estoy mucho más cerca de lo que creo de un avance significativo. Quizás no. Solo hay una forma de saberlo. ¿Las ecuaciones?
¿La novela? Lleva cinco años conmigo esta novela y no puede pasar este año sin terminarla. ¿Será que será como la tesis de la maestría, un paso necesario para poder liberar mi mente y dedicarla al plan de cinco años? Tengo claro que debo terminarla, ya he diseccionado tanto el plan macabro del invasor que no convertirlo en literatura sería el mayor de los desperdicios de talento y esfuerzo que haya hecho en mi vida. Es claro. Debo terminarla. Es tan claro como que venir a escribir terriblemente mal en este blog bazofia es también un entrenamiento para escribirla bien. ¿Pero qué es escribirla bien? ¿Qué límites debería darle a mi perfeccionismo? Quiero que salga muy bien, quiero verla publicada, quiero ver la polémica que generará. ¿Lo lograré? Espero que sí, pero solo hay una forma de saberlo. Organizar mi tiempo para tantas ideas está siendo un reto mucho más complejo de lo que imaginé. ¿Será así con todo lo demás?
El propósito de este mal texto, atropellado, a lo bestia, es uno solo. Quiero organizar este caos, quiero sistematizar un método para convertir estas ideas en algo más, en algo tangible. El plan de cinco años lo exige y de alguna forma también tengo claro que la respuesta a todas estas preguntas viene con una condición sine qua non, la cual ya empecé a satisfacer, precisamente con este texto.
Tengo que sacarle fuego a la tecla.
martes, 30 de enero de 2018
Desde la posición del protagonista (o la hoja de hace cuatro años)
miércoles, 24 de enero de 2018
El Demonio de Maxwell
También es un cliché para los estudiantes de Ingeniería que el acto de recibir el cartón y el título profesional sea la ceremonia de liberación definitiva del terror de las ecuaciones y los parciales. El "mundo real", como muchos suelen llamarlo (odio que lo llamen así) no necesita tanto de teorías ni ecuaciones pero sí de soluciones prácticas, de innovación y de utilidades. Principalmente de utilidades. Nada más que utilidades. La rueda ya se la inventaron y lo único que necesita el ingeniero es copiar su diseño y convertirlo en dinero para alguien más. Y si por azar del destino y si Excel lo ha consumido lo suficiente, el ingeniero duda que el área de un círculo es pi por radio al cuadrado, pues siempre está Google para recordárselo. Y de nuevo está Excel para memorizar lo que el profesional no quiere. Si hablamos de algo más complejo, pues venga, que existe Wolfram Alpha, Mathematica, R, calculadoras de todo tipo que te solucionan integrales que nunca en la puta vida habrías podido solucionar en un parcial. No soy enemigo de Wolfram Alpha, solo siento que el modelo educativo avanza a paso de mula en medio de un circuito de Fórmula 1. La educación básica y la del pregrado, claro está, la que es servil al "mundo real". La investigación es otro mundo. A veces.
Soy enemigo del "mundo real". Esa expresión tremendamente estúpida significa "el mundo construido por el capitalismo, el mundo de consumo donde las ideas nuevas no tienen ningún lugar, a menos que puedan ser traducidas en jugosas utilidades para los todopoderosos inversionistas". Detesto eso y llegué a detestar la Ingeniería por eso. Quise ser Ingeniero Industrial por una insaciable curiosidad y el impulso de querer saber cómo se hacen las cosas que nos rodean, cómo llegan a nuestras manos, qué pasa cuando las soltamos, a dónde van a parar y cómo se coordina todo el proceso. Una especie de ecología a escala social, le dije hoy a la recién conocida. Cuando recibí mi diploma y mis papás lloraron de orgullo porque su hijo era un Ingeniero Industrial de la mejor universidad del país, yo lloré al comprender que todo, absolutamente todo en el proceso de fabricar lo que nos rodea, ponerlo en nuestras manos y desaparecerlo de nuestra vista cuando ya no queremos verlo, está mal, está podrido hasta la médula. El "mundo real" es un mundo construido sobre mentiras, dolor y sufrimiento. Aprendí que el "mundo real" exige una sumisión religiosa y sin cuestionamientos al Dios Capital, a sus iglesias del consumo y a sus rituales, a pagar por breves y efímeros segundos de un paraíso fabricado, falso, podrido, con la moneda de una eternidad en el infierno. Venderle el alma al diablo es un cliché. Pero nada es un cliché cuando eres tú quien está firmando el contrato.
Después de mucho analizar la cuestión, días, semanas, meses, años... he llegado a la conclusión de que cualquier intento de limpiar toda la podredumbre que nos rodea, de derrumbar el castillo de mentiras que llamamos "mundo real", necesita sí o sí de varias ecuaciones de esas que no me da pena admitir que me intimidan. De esas que ni siquiera existen aún. Discursos y palabras se han dicho bastantes ya, algunas más sensatas que otras, pero se han dicho bastantes. Ecuaciones, ninguna. La mentira fundamental que le dio tanto poder al arquitecto del dolor que carcome este mundo real, el verdadero mundo real, es una ecuación. Bueno, de hecho, dos ecuaciones muy simples y un concepto incuestionable, la mentira que todos debemos tragarnos y amar como si fuera una verdad absoluta, el traje nuevo del Emperador que todos nos vemos obligados a contemplar y admirar aun sabiendo que no está ahí. Las peores armas que ha construido el ser humano, los jinetes del Apocalipsis cabalgan en defensa de la mentira escondida en dos ecuaciones y un concepto hoy por hoy incuestionable. Los discursos desmienten discursos y esta tarea ya se ha hecho varias veces, pero nadie ha desmentido las falsas ecuaciones con más ecuaciones. A un demonio solo lo vence otro demonio y el corazón del demonio a derrotar es un par de ecuaciones bailando en eterno y falso equilibrio, pues el único equilibrio en los sistemas termodinámicos se alcanza al final, en la muerte. Los discursos son la piel y los músculos, las ecuaciones son el corazón.
El demonio entrópico del equilibrio termodinámico puede ser derrotado por el demonio de Maxwell. La información, bien entendida, puede revertir la entropía. No la simple memorización, sino la comprensión. Tal vez... En todo caso, considero que no hay más alternativa y el tiempo se agota, el "mundo real" está destruyendo la vida en el planeta real. La vida en sí misma es un proceso antientrópico. Quiero intentar un golpe directo al corazón del demonio entrópico... Así que empezaré a explorar sus debilidades desde las ecuaciones de Maxwell y veré a dónde me llevan. No me importa si al principio me intimidan, no me da vergüenza admitirlo. He pasado los últimos años de mi vida intentando entender los conceptos que justifican esta exploración, este viaje, mi viaje, mi salto a lo desconocido, un salto que ya di sin darme cuenta, el viaje que me llevará a la Luna, los planetas y las estrellas distantes. Mejor las estrellas distantes que el infierno del consumo, no volveré a venderle mi alma al diablo. Y si para evitar venderle mi alma al diablo necesito crear al Demonio de Maxwell... ¡pues que así sea!
Este texto es una declaración.