lunes, 10 de septiembre de 2018

De quarks y supernovas

El funcionario que recibe las órdenes de pago estaba de cumpleaños. Tal vez por eso quiso ayudarme, a pesar de saber que ya había pasado el límite del medio día y que un par de formatos tenía errores en algún número pendejo. Fue muy frustrante cuando estuve en su oficina por primera vez y descubrí que, por otro error pendejo, pasaría unas semanas más viviendo entre deudas y monedas. Una semana es más que suficiente, no sé cómo he podido resistir tanto tiempo. No sé cómo lo hacen los que tienen que vivir su vida en las vecindades del cero absoluto. El caso es que fue muy videoso experimentar de primera mano lo que Orwell quiso retratar en la aspidistra. Al llegar a casa, después de recibir una muy buena noticia en una llamada mientras iba en el Transmilenio, salté de felicidad. Pero no fue la felicidad pura, esa que está reservada para escasos y eternos instantes de gloria, sino más ese tipo de felicidad que da cuando uno se libera de una carga de una tonelada en la espalda.

Se supone que iba a escribir esta entrada de blog el sábado, un día antes de cumplir años, como ha sido tradición en este y los otros blogs bazofia. Ese día hice de todo (incluyendo entrar a una sede de la cienciología a escuchar el parlazo y emborracharme con mis amigos) pero no escribí. Es muy videoso darme cuenta de que ahora escribir es mi trabajo cuando muchas veces fue la vía de escape, el medio de liberación, la catarsis, whatever. Ahora escribir estas entradas es diferente, es un poco más difícil mantener el estilo de este blog a lo bestia, violento y radical.

Anoche volví a soñar que estaba de vuelta en la Habitación 101. Me parece muy curioso que siempre que vuelvo en sueños a la Habitación 101 del Ministerio de la Eficiencia hay dos variables que configuran el sentido del sueño, siendo todo lo demás un simple escenario. La primera es la arquitectura y la locación geográfica del Minficiencia. La segunda es que siempre queda un asunto inconcluso en el sueño. No entraré en detalles de los sueños anteriores en la 101 o en otros lugares dentro y fuera de este planeta porque eso requeriría otra entrada, quizás otro blog dedicado a interpretar mis sueños, quizás algo tan privado que me gustaría escribir pero no compartirlo, no sé. Solo quiero contarle a quien quiera que esté leyendo que anoche el Minficiencia tenía una arquitectura simple, brutalista y con solo tres paredes. La cuarta pared ya no existía, fue como si alguien hubiera puesto una bomba de antimateria que la hiciera desaparecer de nuestro universo observable. Como sea, la cuarta pared ya no existía, alguna vez estuvo ahí pero ya no. Después de cerrar los asuntos inconclusos, tuve frente a mí una maravillosa vista de las luces de los postes lejanos de la ciudad, justo unos minutos antes del amanecer.

Me parece que, esta vez en particular, la interpretación es muy clara.

Antes de escribir esta entrada leí por encima un par de entradas viejas y debo decir que estoy un poco aturdido por la naturaleza del cambio, por la coevolución y por la puesta en práctica de la comprensión fenomenológica de los procesos en primera persona. Estoy aturdido por darme cuenta del poder que tienen unos simples quantums y flujos de información en nuestras vidas y en nuestra compleja humanidad. La ausencia o presencia de ciertos marcadores sematectónicos en nuestro entorno puede moldear por completo la existencia y la conciencia; parece que la epistemología reflexiva es más completa que la cartesiana. La individualidad es una ilusión, un sueño del cual es difícil escapar. Tal vez el Yoga, Tao o como quieras llamarlo, tal vez el amoracción sí es la ciencia suprema, tan satisfactoria como difícil de practicar.

En todos los procesos, la inercia puede ser la mejor aliada o la peor enemiga. En todos los procesos el cambio es inevitable. La dualidad onda-partícula tal vez está presente también en nuestra cotidianidad, tal vez hace parte de la esencia misma de la conciencia. Está muy presente en todos mis proyectos, de eso no hay duda. No se trata solamente de lo que veas sino cómo lo interpretas y qué haces con ello, cómo transformas el mundo con tus acciones, teniendo la certeza de que todas tus acciones tienen efectos, pero la mayoría de las veces sin tener idea de qué tipo de efectos tendrán. En ese sentido, vivir es una apuesta. Lo contrario de arriesgar es subsistir, mejor dicho, infraexistir. La inercia en algunos procesos es la mejor aliada, pero si se la deja actuar en otros, sin duda es la peor enemiga. Vivir implica superar la condición prenatal, salir de la matriz y de la matrix, aprender a usar la inercia y aprender a trabajar para contrarrestar sus efectos. O al menos eso pienso hoy.

El tiempo no existe sin memoria. O en otras palabras, el tiempo es una ilusión que nos ayuda a darle sentido al cambio permanente y al flujo de energía en nuestras conciencias limitadas. Nunca es ayer y nunca será mañana. Siempre es hoy. Vamos apenas unos microsegundos por detrás en la carrera entre nuestras limitaciones cognitivas y la complejidad creciente del universo que nos rodea. Aunque a veces vamos varios miles de millones de años atrás. En todo caso, siento que el tiempo es una ilusión de la energía y la memoria. Emmy Noether ya había intuido lo mismo un siglo atrás, lo escribió en lenguaje formal y, al hacerlo, allanó el camino hacia nuestra comprensión actual de nuestro universo a nivel macro y a nivel micro. ¿Por qué nadie ha propuesto usar sus ideas en el nivel de realidad de nuestra conciencia limitada? Queda esa pregunta en el aire para la próxima entrada.

Esta entrada fue particularmente difícil de escribir. El año de vida que murió antier fue particularmente difícil de vivir, creo que el más difícil de todos. Pero también fue el más formador hasta ahora. El año nuevo que nació ayer será difícil, pero también muy emocionante, tengo muchas expectativas y siento que poco a poco me estoy acercando a mi nueva mejor versión, algo que no sentía hace mucho tiempo. El tiempo es una ilusión de la memoria y las memorias de mi año más reciente son difíciles, dolorosas, pero también cargadas de momentos de gloria y felicidad pura, de cambios trascendentales en mi forma de entender la vida, el universo y todo lo demás. Estoy muy contento y confío en mi proceso. Si he confiado en los momentos más difíciles, en los que todo era oscuridad, cómo no confiar cuando la oscuridad empieza a cederle terreno al amanecer. Este cumpleaños ha ido en crescendo y la celebración aún no termina; hay muchos motivos para celebrar. El amor de mis amigos y de mi familia se siente como la cálida fogata en casa, después de varios días en la intemperie cruel e indiferente.

Aurora anuncia la llegada de Solaria.

viernes, 18 de mayo de 2018

Shiva en el cuadrilátero

El karma es el resultado de todas las acciones y omisiones pasadas. No quiero culpar a nada ni a nadie por mi situación actual, debo admitir, aunque duela, que todo esto es producto de los errores que me he esforzado en cometer y repetir. A veces suelo jactarme de que aprendo muy rápido pero me veo en la obligación de aceptar que esto no es cierto en todos los casos. Hay lecciones que me han costado mucho y en ocasiones simplemente no he querido aprender.

La tercera ley de la mecánica de Newton reza que a cada acción corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido inverso. ¿O es la segunda? No estoy seguro y no voy a desperdiciar megabytes en corroborarlo. Una pendejada, pero ahorrar datos es ahora una necesidad. Voy en el bus hacia el cumpleaños de uno de mis mejores amigos y en este breve espacio de soledad fue absolutamente necesario escribir esto. Debo dejarlo salir para que no me afecte en la celebración de la vida de una de las mejores personas que tengo la fortuna de conocer.

Soy enemigo del mecanicismo como postura ontológica pero en este caso particular parece funcionar bien el postulado. Igual quiero replantearlo: la acumulación de las acciones genera un conjunto de reacciones en sentido inverso, tal vez no en igual magnitud, a veces en mayor o menor medida, pero siempre hay consecuencias, tal vez no en una combinación lineal, la complejidad sistémica va más allá. En todo caso, todo esto me lo busqué.

Hoy siento como si el universo entero, tan aleatorio e impredecible como es, se estuviera empeñando en hacerme entender que debo pagar el costo por mis vicios, mis omisiones, mi desidia, whatever. Esta pesadez en el alma no es gratuita, es mi recompensa, aunque de todas formas quiero pensar que esto es un regalo. A ver si de una vez por todas aprendo la lección.

Durante los últimos años mi visión del mundo ha cambiado tantas veces que ahora se me dificulta mirar hacia atrás y reconocerme a mí mismo en el ser que fui. He cambiado, el cambio es inevitable, nada es permanente. No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor porque estaría ignorando la esencia misma del cambio: la adaptación. El tiempo avanza irrevocablemente en una sola dirección, incluso la memoria está sujeta a esta cruda realidad, el prisma con el que uno recuerda el pasado también está afectado por los cambios en uno mismo. Lo que hoy recuerdo no es lo mismo que recordé ayer ni lo que recordaré mañana. Simplemente, así funciona este universo.

Cuántas veces, en el transcurso de los últimos días, me dejé llenar de rabia contra el universo por complicar hasta el extremo asuntos que deberían ser triviales y sencillos. Quise caer en la tentación de culpar de mis desgracias a la existencia misma, a una racha de mala suerte, la tentación de humanizar el devenir aleatorio e indiferente de los acontecimientos, librarme de mis responsabilidades en el desenvolvimiento de mi propia vida.

Hace unos meses escribí en este mismo blog que, si fui bendecido con un don, no se parecía tanto al de Albert Einstein pero sí al de Rocky Balboa. Hoy quiero recordar esas palabras y reconocer que la vida me está golpeando fuerte porque así mismo lo decidí, no una sino muchas veces. Me estoy rompiendo la cara y el alma a puñetazos en un cuadrilátero, luchando conmigo mismo.  Estoy pagando el costo por mis acciones y, principalmente, por mis omisiones. Detesto admitir que las dificultades económicas me están consumiendo, porque no debería ser así, no debería dejarme afectar tanto por ello. Pero las reglas del juego no las escogí yo, al igual que miles de millones de personas, no tengo alternativa, al menos no en el corto plazo.

El tiempo no se detiene, todo esto también pasará, es inevitable, pero no veo el momento de que pase ya, que quede solo como el recuerdo de una etapa muy importante de mi vida, una etapa en la que no tuve más alternativa que tomar decisiones radicales y de asumir el cambio como una misión. Sé que esta etapa es relevante, lo es, sé que todo mi futuro estará muy fuertemente influenciado por lo que ha pasado en los últimos meses. Pero mi paciencia se está agotando. También sé que la hora más oscura siempre es justo antes del amanecer. Aunque he pasado mucho tiempo en la oscuridad, no me he acostumbrado, no es fácil.

Solo espero el amanecer. No todo han sido errores y lecciones difíciles de aprender. La apuesta que hice con mi vida es una apuesta fuerte. Quisiera pensar que toda esta pesadez del alma habrá valido la pena algún día, que el aprendizaje duele y hoy me duele, pero el cambio es inevitable y el karma también. No todo han sido malas decisiones y errores. Algo bueno habrá de salir de todo esto. Solo quiero ver salir el sol de nuevo.

martes, 17 de abril de 2018

Yeah you know how I feel

Esta entrada de blog es particularmente especial.

Pensé que podría terminar el libro de Georgescu-Roegen en tan solo dos días y esa idea, que ahora descarto, es patente de que estuve pordebajeando la potencia del razonamiento del genio rumano. No porque lo haya subestimado, sino porque no imaginé que una disertación sobre el papel de la entropía en el proceso económico tuviera que estar tan sólidamente fundamentada en filosofía de la ciencia. O bueno, sí lo imaginé, si no lo hubiera visto venir significaría que el último año de trabajo fue perdido y, te lo puedo asegurar con todo lo que soy, querida/o lector(a) imaginaria(o) que el último año de trabajo fue el más provechoso de mi vida hasta ahora. Simplemente no pude dimensionar el nivel de densidad del libro, que igual tampoco es taaaan denso, pero sí exige tomarlo con calma pues, en palabras del gran Clovis Cavalcanti, ese libro te hace hervir el pensamiento. Ya pasó una semana desde que me prometí, de forma absurda, terminarlo antes del grado, o mejor, como regalo de grado. Que igual lo viene siendo, aunque también vino un libro que me tiene casi igual de ansioso, un regalo de un amigo de los de vieja data, de los del primer semestre del pregrado.

En estas breves líneas puedo evidenciar de alguna forma lo que siempre he sospechado desde que empecé a escribir: el libro que uno está leyendo influencia el estilo literario a la hora de la verdad, cuando uno está frente a la hoja en blanco y las manos están ansiosas por sacarle fuego a la tecla. Ese extraño fenómeno hace que la elección de los libros por venir sea de relevancia fundamental para cualquier escritor yanoamateur casicasiprofesional como su humilde servidor. Sí, ya no me considero taaaan amateur como cuando empecé a escribir este blog y los otros blogs que lo precedieron, aunque este texto grite lo contrario. Ya estoy en otro nivel, se supone. De alguna forma y más allá de las ceremonias, las fotos, los brindis, las palabras, la fiesta, la embriaguez de gloria, de whisky y de aguardiente, me siento en un nivel diferente.

Esta entrada de blog es particularmente especial. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo aquí sin estar triste, desanimado, deprimido, con el corazón roto, tremendamente confundido, con ganas de mandarlo todo a la mierda, de nadar en mierda o de simplemente buscar el camino para poder vivir hablando mierda sobre este mundo de mierda, desesperado buscando una salida de mi océano de mierda... Esta es una entrada especial, extraña, diferente. La palabra es diferente. Lo puedo notar en cada golpe que dan las yemas de mis dedos al teclado de mi computador viejo, lo puedo notar en el estilo, en las palabras que fluyen, en cómo fluyen. Es altamente evidente que este texto carece de lo que se ha convertido en la marca característica de este bien querido blog bazofia: el estilo taciturno, las figuras rebuscadas, las constantes distorsiones de la gramática, la incorrecta redacción (no, la incorrecta redacción se mantiene, pero hoy es diferente) y las ideas oscuras, fluyan mis lágrimas dijo el policía. No. Hoy no tengo ideas oscuras. Hoy tengo ideas arbóreas.

Estuve más de un año atascado en arenas movedizas, el coronel es un genio pero vio demasiadas cosas y vamos a ejecutarlo en aguas peligrosas. Pasé días y noches sin descanso, sobreanalizando las contradicciones del capitalismo, principalmente en relación al doble rol de la alienación de la mano de obra en los procesos de producción y consumo, usándome a mí mismo como conejillo de indias. Fui mi propio sujeto de investigación y, por algunas falencias en el diseño experimental, maté a mi rata de laboratorio. No fue fácil renacer, no fue un proceso indoloro, muchas veces pensé estar finalmente listo, tan solo para recaer, llorar de desesperación y darme cuenta de que no era así, siempre faltaba algo. No sé qué era. Pero faltaba algo. Tal vez lo que faltaba era deshacerme en lágrimas una vez más, esta vez frente a (casi) todos mis amigos cercanos, tal vez lo que faltaba era la ceremonia, el protocolo, la catarsis etílica y el guayabo más feliz de mi vida hasta ahora. En todo caso, ya no falta nada. O eso creo. Me siento... diferente.

Hoy tuve una especie de déjà vu. Volví al año 2014 y me vi en mi primer día de trabajo como profesional, inexperto, callado, en una reunión, haciendo nada más que comentarios obvios y anotando todo cuanto escuchaba en mi libreta (no la de ideas arboreodisruptivas sino otra, ahora tengo varias libretas). Pero no fue un déjà vu, fue algo diferente. Hoy no estaba en el primer círculo del infierno escuchando el veredicto del mismo Satanás que recitaba cada uno de mis pecados, evitando mencionar los castigos que me esperaban ansiosos en los otros círculos, pues la incertidumbre era el primer castigo. Hoy fue diferente, hoy me sentí tranquilo, con las ideas muy claras, expectante, centrado, hoy no estaba en el infierno. Al parecer, descubrí el secreto para hacer que la alienación funcione en mí. La respuesta, la mejor solución que pude encontrar después del indecible sufrimiento resultó siendo sorprendentemente sencilla: la clave fue encontrar un hobby con salario que me permitiera enfocarme en el trabajo que realmente deseo hacer aunque nadie me pague por hacerlo.

La verdad es que, dicho así, suena bastante fácil, pero créeme que no lo fue. Créeme que casi pierdo todo lo que soy tratando de encontrar esa respuesta. Casi podría atreverme a decir que hoy tuve éxito por primera vez en la práctica del yoga de la acción. Casi podría atreverme a decir que lo de hoy fue una pequeña muestra de... ¿felicidad? No. Esto no es felicidad, es algo... diferente. Podría llamarlo "paz interior", sabiendo que no lo es exactamente, pero se acerca. Como sea, creo que ya sé cómo decirlo.

Stars when you shine, you know how I feel. Rivers running free, you know how I feel...

sábado, 7 de abril de 2018

All-in (o la vida medida en mundiales)

Estoy en una etapa de la vida que solo puedo catalogar como irreal. La próxima semana será el grado, ¡por fin el grado! Luché tanto por este momento que, al repasar el camino que me trajo hasta aquí, solo puedo describir el proceso como algo irreal, fuera de cualquier atisbo de seguridad o estabilidad. Nadie sabe por todo lo que he tenido que pasar para llegar hasta aquí; la expresión "ganarlo a pulso" no hace honor a la verdad, se queda demasiado corta. Ha sido un camino repleto de saltos arriesgados al vacío y apuestas al todo o nada, de esfuerzos y de lágrimas en todo el espectro de emociones que puede experimentar un ser humano. Me volví un especialista en jugar all-in y no perder, aprendí a ganar incluso cuando tuve que perder. A pesar de que esta entrada de blog parezca decir lo contrario, me cuesta mucho verbalizar las sensaciones. El proceso, mi realidad inmediata, el contenido de mi última conversación, todo parece salido de otra vida. Pero no, esto es lo que busqué, esto es por lo que he luchado los últimos cuatro años, esto es lo que soñé. No. Corrijo. Esto es mejor. 

Todas las personas que me conocen de cerca me han escuchado hablar al menos unas diez veces sobre las contradicciones entre el modelo económico hegemónico y las dinámicas de los ecosistemas, la crisis ambiental, los escenarios de futuro, la necesidad de una revolución, el tiempo que se agota. Ese tema ha ocupado toda mi capacidad mental y mi fuerza espiritual, ha marcado mi vida desde que se jugó el último mundial, cuando decidí jugármela por la defensa de la vida en este planeta. Hace cuatro años me sentía perdido y lo único que tenía claro era que la vida que estaba siendo forzado a vivir se encontraba demasiado lejos de lo que soy como persona, de lo que quiero, de lo que creo que es justo, lo que creo que debe hacerse, muy lejos de lo que soy capaz. 

Así que salté al vacío.

Han pasado cuatro años de aprendizaje inconmensurable e invaluable, de riesgos necesarios disfrazados de decisiones estúpidas, cuatro años de experiencias maravillosas, de salones de clase en los que aprendí y de salones en los que pude compartir con mentes brillantes y un poco más jóvenes las inquietudes, ideas, pasiones y preguntas que no me dejaron dormir en incontables noches. También han pasado errores, malas decisiones, riesgos innecesarios y oportunidades perdidas, saltos vacíos al vacío y pasos en falso, meses de encierro en cárceles voluntarias y un par de ocasiones en las que mi vida estuvo en riesgo por mis propias decisiones. Este blog me ha ayudado a retratar algunas etapas clave en el proceso, aunque debo decir que otras muy importantes han quedado por fuera. Ya vendrá el tiempo de contarlas todas. Como sea, le tengo un cariño especial a este espacio, mi espacio para la honestidad brutal que probablemente a nadie más importa, solo a mí. 

Jugar al todo o nada, ir all-in detrás de lo que uno cree que es correcto y debe hacerse, por más utópico que sea, por más imposible o estúpido que parezca, es en sí mismo un riesgo innecesario, una decisión nada fácil de tomar y un salto inevitable al vacío. También es una paradoja y un cliché, pero como he dicho ya en incontables ocasiones, nada es un cliché cuando lo tienes que vivir en carne propia. "All-in" es una expresión que cobra un significado bastante práctico cuando has decidido trabajar en libertad (de tiempo y de salario), cuando no tienes un solo peso en tu billetera pero a cambio tienes una libreta que llenas día a día con ideas disruptivas, revolucionarias, extremadamente novedosas e innovadoras, pero inconclusas y aún inconexas, ideas que te han costado noches de sueño, ideas que te han exigido renunciar a algunos placeres inmediatos que solías creer necesarios, a la seguridad que dan los números en una cuenta bancaria, ideas que, en un sentido muy literal, te han costado sangre, sudor y lágrimas. Mira tú, otro cliché vivido en carne propia.

Comprendí qué significa realmente jugar "all-in" cuando me vi endeudado con todas las personas e instituciones con las que me fue posible adquirir deudas, lo entendí en la vergüenza de pedir otros diez mil pesos prestados, lo entendí cuando tuve que pedirles paciencia a todas las personas que conozco pues cambiar el mundo es una tarea titánica que debe acometerse con paciencia, disciplina, cuidado, conocimiento profundo, preocupación, concentración, amor y movimiento. Debo reconocer que llamé la atención, pedí que los focos se posaran sobre mí y fallé en la soberbia de una excesiva seguridad infundada. Pero sé que también Maradona falló algunos penales.

Después de mucho tiempo y esfuerzo, de observación metódica y de meditación activa, de intentar entender e interiorizar ideas altamente disruptivas que me obligaron a replantear mi forma de ver el mundo, no una sino muchas veces, en ocasiones incluso varias veces en el mismo día durante muchos días seguidos, después de verme ante la ineludible necesidad de destruirme por completo y empezar la reconstrucción desde cero, después de años enteros intentando comprender la naturaleza, de amarla y de dejar muchas cosas de lado para acercarme tan solo un poco a una mejor comprensión, a veces descuidando mi apariencia, mis saldos en rojo y otros aspectos básicos de mi propia vida, después de un ejercicio reflexivo que me llevó a conocer lo peor de mí mismo, y también lo mejor, después de sacrificios inconmensurables, de negaciones y de muchos errores, después de cuarenta (¿o cincuenta, o mil?) noches meditando bajo un árbol...

La naturaleza me ha contado al oído algunos de sus secretos más profundos.

Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, el universo es un fractal. Los árboles son como los imanes y la dualidad onda-partícula también existe en los ríos y en los centros comerciales. No es casualidad que los rayos en una tormenta eléctrica se parezcan a las neuronas y a la última foto que subí a mi Instagram. La termodinámica está incompleta y el experimento de la doble rendija puede ser constructal. Los ecosistemas son redes neuronales y su intercambio material y energético está regido por un componente real (exergía) y un componente imaginario que depende del observador y su funcionalidad sistémica (emergía). La contaminación puede ser entendida como quantums de energía que no pueden ser reintegrados al ciclo adaptativo y por tanto se convierten en ruido. La acumulación de capital y poder opera de forma similar a la gravedad y, por tanto, demasiada acumulación crea agujeros negros que impiden que escape la luz-conciencia. El Demonio de Maxwell es la Conciencia. El suelo es un horizonte de suceso, un amplificador de ondas-partículas. La Ecología y la Economía pueden ser unificadas a partir de la Física Cuántica. Deben ser unificadas. ¿La identidad de Euler tiene algo que ver en todo esto? Es claro que phi, euler, pi e i son números muy importantes en la naturaleza, pero... ¿la identidad de Euler tiene algo que ver? 

Debo ser claro y honesto conmigo mismo y con el proceso. Los secretos que me ha revelado la naturaleza, en su mayor parte, solo son conjeturas. Algunas las puedo sustentar muy bien de forma observacional y con literatura científica. Otras son sospechas, golpes de intuición, ideas producto de mi imaginación, imágenes que he podido dilucidar a partir de las fichas de un rompecabezas que aún no termino de armar y cuyas piezas no he terminado de encontrar. No he logrado respuestas definitivas, solo preguntas más significativas, nuevas dudas que no me dejan dormir por las noches, nuevos experimentos que logro efectuar en el mundo onírico, pues al parecer estoy aprendiendo a usar mis sueños como laboratorio. Nikola Tesla estaría orgulloso.

No he llegado al final del camino, apenas lo he encontrado, apenas estoy empezando a transitarlo. Este camino es por lo que he estado luchando los últimos cuatro años de mi vida. Quizás desde mucho más tiempo atrás. Es un sueño hecho realidad. No. Es incluso mejor y apenas está empezando. Se viene otro mundial. Vendrán nuevos saltos al vacío, nuevas decisiones estúpidas y riesgos necesarios, nuevas apuestas. Pagaré mis deudas y seguiré jugando al todo o nada, se me dan bien las apuestas all-in. Sueño con alzar la Copa. 

jueves, 22 de marzo de 2018

Decisiones estúpidas

Han pasado muchas cosas en estos últimos treinta y siete días de cuarenta bajo un árbol. En realidad parece como si poco o nada hubiera cambiado, pero pensar eso solamente daría cuenta de una mirada superficial y minimalista del asunto. La procesión no siempre va por fuera, dicen varias canciones, casi todas argentinas. La procesión no siempre va por fuera, parece ser un aforismo popular en la Argentina, la Argentina que algún día espero conocer. Parece que de todas formas primero conoceré Brasil, si es que me aceptan la ponencia. Sería fenomenal que la aceptaran. Me iría a Brasil a hablar de epistemología de la Economía Ecológica, uno de los temas que han devorado mi cerebro durante el último año. Sería fenomenal.

Esa fue la divagación usual en todas mis entradas de blog en este, mi bien querido, mi bienamino blog bazofia.

La verdad es que he esperado mucho tiempo el momento en el que todas las decisiones estúpidas que he tomado en el pasado rindan frutos. Una eternidad esperé este instante y no lo dejaré deslizar en recuerdos quietos ni en balas rasantes que matan. En la práctica del yoga es fundamental renunciar a las recompensas, o al menos al deseo de recompensas. Soy un poco pecador en ese aspecto, aún deseo una recompensa. Un cartón que diga "Magíster" parece suficiente, es de hecho la recompensa natural e inevitable por la primera decisión estúpida que trajo todas las demás decisiones estúpidas como agua que cae de una cascada sin poder evadir a la gravedad. La evasión de la gravedad vendrá después, querida agua, ten paciencia y deja fluir la energía que eventualmente te hará elevar.

Eso es lo que quiero. La evasión de la gravedad. Ya caí suficiente y el constante flujo de energía hace hervir mi alma; es hora de volver a volar. Es tiempo de hacer que los pretendidos errores se revelen a sí mismos como lo que son, o al menos como los entendí desde el principio, grandes riesgos inevitables, sacrificios necesarios, la sangre en las manos del guerrero que alcanza la gloria en su épica batalla.

Tal vez lo que quiero en realidad no es tanto un cartón ni un reconocimiento ni evadir la gravedad ni elevarme, tal vez lo único que quiero es comprensión, que alguien me entienda. Ni siquiera eso, debo admitir que parte de mí disfruta mucho ostentar un cierto carácter enigmático e incomprensible. Este es el espacio para la honestidad brutal y traicionaría todos mis principios, todo lo que soy, si no soy brutalmente honesto conmigo mismo. Ni contigo que por azar o por decisión estúpida estás leyendo. Lo que quiero es entender. Todo lo demás vendrá por añadidura, reza el cliché de los que rezan. Solo quiero entender. Treinta y siete días bajo un árbol me han acercado bastante a algo parecido a la comprensión. Aunque lejos de entender, solo tengo preguntas nuevas, mucho más trascendentales, pero al fin y al cabo preguntas.

¿En qué se parecen un árbol, un río, el rayo de luz en medio de una tormenta eléctrica, un imán, la ruta que recorre el aire en mis pulmones, el gato de Schrödinger, un ecosistema y la identidad de Euler? ¿Tiene acaso algún sentido esa pregunta?

Aún no he terminado la publicación sobre las bases epistemológicas de la Economía Ecológica, aunque ya casi. Me ha costado mucho esa publicación. Mucho más de lo que cualquiera pueda imaginar. Mucho más.

Debo admitir que, desde que me senté a la sombra de mi árbol, la meditación, la imaginación, las nuevas ideas que me han aturdido como un rayo que cae directo al hipotálamo y que han cambiado para siempre mi visión y mi forma de entender el mundo, todo la procesión que no siempre va por fuera, han retrasado esa publicación y la han convertido en un reto increíble, gigantesco. Curiosa coincidencia que lo más probable sea terminarla el día cuarenta de cuarenta. Después podré disfrutar con indescriptible satisfacción la recompensa, que no será una felicitación ni un salario ni salir de deudas, ni siquiera el viaje que tanto ansío, ni el nuevo trabajo que empezaré después de viajar, ni el tatuaje que llevo posponiendo desde hace cuatro años a la espera del momento glorioso que amerite una marca vitalicia en mi piel, ni siquiera el cartón que persigo con inquebrantable determinación desde que se jugó el último Mundial (bueno, más que el cartón, persigo lo que significa, es evidente).

La recompensa será tener el privilegio de leer un libro*. Un libro que con seguridad no habría podido entender en su magnificencia ni en su complejidad de no haber transitado el tortuoso camino que me ha traído hasta este punto, el camino que he amado desde el primer paso, el que elegí, la mejor decisión estúpida que he tomado. Desde ya sospecho que ese libro cambiará mi vida para siempre, una vez más, tal vez con más fuerza que la de todos los libros y eventos que ya han cambiado mi vida para siempre. Con suerte, cambiará algunas cuantas vidas más, cambiaré, cambiaremos.

Se jugará un nuevo Mundial, emprenderé un nuevo viaje y volveré a tomar muchas decisiones estúpidas, riesgos inevitables, sacrificios necesarios, la sangre en las manos del guerrero ante la más épica de sus batallas hasta ahora, el precio que debe ser pagado a cambio de nuevas preguntas, preguntas más trascendentales.

Han pasado muchas cosas en estos últimos treinta y siete días de cuarenta bajo un árbol.

*La ley de la Entropía y el proceso económico - Nicholas Georgescu-Roegen. 1971. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Arjuna sin sosiego

¿Por qué es tan difícil liberarse del ego y del apego?
¿Qué significa realmente escapar del tamas, controlar el rajas y fortalecer el sattva?
¿Por qué cuesta tanto practicar el karma yoga y trascender las gunas?
¿Por qué me tocó vivir en un mundo empecinado en impedir la meditación y desgarrar todo intento de iluminación mientras premia de forma exagerada la alienación, el individualismo, el ego y la satisfacción inmediata de los placeres efímeros?
¿Cómo puedo acallar mi mente para lanzarme a la batalla si mi batalla se pelea con ideas?
¿Por qué llora mi tercer ojo?
¿Por qué duele tanto volver a nacer?

viernes, 16 de febrero de 2018

Cuarenta noches bajo un árbol

Hola. Sí, te hablo a ti, que estás leyendo este mal texto por accidente o porque me stalkeas o porque te lo compartí o qué sé yo. El caso es que lo estás leyendo y te estoy saludando. Sé que este blog tiene pocos lectores, hay una herramienta de blogger para hacerle seguimiento a las visitas y ciertamente no son muchas, lo cual no tiene por qué ser negativo. Al contrario, sin saber quién eres, si lees este espacio te considero, de alguna manera, mi confidente. Es decir, suelo venir aquí a intentar convertir sentimientos complejos e ideas enredadas que vienen desde lo más profundo de mi ser en palabras. Así que, sea cual sea el motivo por el cual estás aquí, hola. Te voy a contar algo importante.

Estoy seguro de que conoces la historia del tipo que se fue a meditar cuarenta días y cuarenta noches bajo un árbol para intentar encontrar respuestas a las preguntas más difíciles que pasaron por su mente y que atribularon su espíritu. Bueno, de hecho son dos tipos, tal vez la misma historia, tal vez los dos pasaron por la misma experiencia o uno de los dos es un farsante -sospecho que si uno de los dos es un farsante, es aquel cuyo árbol fue un desierto-, o tal vez son la misma persona retratada de formas diferentes por la tradición oral. Como sea, un tipo se sentó a la sombra de un árbol y pasó cuarenta días (con sus noches) meditando. Estoy seguro de que conoces la historia porque nuestra cultura occidental la rememora todos los años, hasta le inventaron una palabra y ciertos rituales como el de no comer carne los viernes dentro de este lapso o marcarse una cruz en ceniza el primero de los cuarenta días. No sé si en oriente también existan rituales similares, la verdad es que no me extrañaría. En todo caso, mi miércoles de ceniza fue diferente a cualquier tradición religiosa, aunque sí fue bastante espiritual.

Me gusta mucho meditar, por si no lo sabías. A veces hasta la más ínfima de las nimiedades es capaz de ponerme en un estado de percepción y conexión espiritual profunda y blablabla, whatever. Desde que leí el Bhagavad Gita (que por cierto te lo recomiendo, deberías leerlo, tienes que leerlo, es el mejor favor que le puedes hacer a tu alma) aprendí que la meditación no requiere pagar clases de yoga ni aislarse del mundo, ni siquiera necesitas silencio ni cerrar los ojos; no hay fórmulas prefabricadas, puedes ejercitar la respiración y pronunciar el OM en perfecta quietud o en el más ajetreado de los escenarios que seas capaz de imaginar, leyendo, pensando, jugando fútbol o en hora pico en Transmilenio. ¿Cómo vas a mantenerte imperturbable si solo practicas en la quietud? ¿Cómo podrás aceptar o rechazar una idea si no la examinas con atención en tu mente y en lo que ella percibe del mundo que te rodea?

¿Alguna vez has tenido que enfrentarte a una nueva idea, una idea tan poderosa y consistente que no tienes otra alternativa más que reconocer que todo lo que creías conocer del mundo y la existencia estaba, en el mejor de los casos, incompleto? ¿Alguna vez te has visto en la necesidad de replantear todo lo que eres, toda tu visión de mundo, romper tus paradigmas y reconstruirte, reconocerte a la luz del nuevo conocimiento? ¿Alguna vez lo has vivido? Espero que sí. No solamente porque es una de las experiencias que, a mi juicio, le dan sentido a la vida misma, sino también porque si lo has vivido podrás entenderme un poco. Es que fue eso lo que me pasó el miércoles de ceniza después de mi meditación accidental, esa que empezó de la forma menos probable que puedas imaginar y aún no termina. La de antier, el día uno de cuarenta.

Quiero contarte que aún estoy bastante aturdido por lo que pasó, pues llevo bastante tiempo meditando sobre algunas preguntas difíciles que, literalmente, no me dejan dormir en las noches, atribulan mi espíritu, se volvieron una constante en mi vida; casi puedo decir que pienso en ellas desde que despierto hasta que caigo dormido e incluso en sueños puedo sentir que mi mente sigue trabajando. Mi meditación suele estar enfocada a esas preguntas y ya es un lugar común el asombrarme profundamente al encontrar aproximaciones, respuestas parciales, nuevas preguntas cada vez más complicadas, nuevos caminos y nuevos lentes para ver y entender el mundo a partir de mi práctica del yoga. Estoy aturdido porque las nuevas ideas me golpearon con una fuerza inusitada, nunca en la vida había sentido con tanta intensidad, con tanta claridad, el poder de las nuevas ideas. Fue más intenso que un viaje en LSD y si lo has probado sabrás que ese viaje es muy intenso.

Después de ese instante en el que todo fue claro, no puedo dejar de pensar en que poco a poco me estoy aproximando a las preguntas más difíciles de responder. Más que eso, de alguna forma que no puedo explicar sin recurrir a la intuición, instinto jedi, lo-que-sea, siento que encontré una ruta para seguir, una serie de ideas concretas que tienen el potencial de ser la base para nuevas ideas originales y revolucionarias en todo el sentido de la palabra, ideas que pueden cambiar para siempre la historia de la Humanidad. Siento que voy en camino de un verdadero eureka, una revelación. También parte de mí siente que voy en busca de una reafirmación o que al menos me estoy acercando a las preguntas que me pueden dar las respuestas que he estado buscando por años. Es una sensación bastante extraña.

La realidad material, el samsara, las reglas del falso mundo de ilusiones insatisfechas y sufrimiento en el que nos vemos forzados a vivir y del cual busco con ahínco una liberación, funciona de tal manera que la meditación sea un lujo, un ejercicio casi imposible de practicar. Y esto es verdad en un sentido muy pragmático en este momento de mi vida. Por cuestiones del azar y del camino que escogí (o encontré) cuando empecé a hacerme preguntas difíciles, puedo darme el privilegio de elegir qué hacer con mi vida y mi fuerza espiritual por... aproximadamente... cuarenta días más. Después de esos cuarenta días el samsara golpeará fuerte con el martillo kármico y me cobrará el costo de haber pasado tanto tiempo en meditación y yoga cuando el sistema imperante exige exactamente lo contrario a la meditación: la alienación. Es un costo alto. Lo sé.

He tomado una decisión. Una decisión arriesgada, un salto al vacío sin certeza alguna, uno de esos caminos que tan acostumbrado estoy a recorrer. Pienso aprovechar esos cuarenta días de libertad espiritual en meditación. Pretendo ir hasta el final de esta exploración. Leer todo lo que sea necesario leer, aprender todo lo que sea necesario aprender, replantear, imaginar, meditar en las nuevas ideas arrolladoras, todo lo que sea necesario. Nikola Tesla decía que antes de pasar al laboratorio evaluaba profundamente sus nuevas ideas revolucionarias en su mente, el mejor de los laboratorios. Así que he decidido pasar cuarenta días en el laboratorio de mi mente, cuarenta días dedicados a evaluar la consistencia de esas ideas nuevas y revolucionarias que me golpearon con la fuerza de una tormenta eléctrica. Cuarenta días haciendo preguntas difíciles y viendo el mundo con mis nuevos ojos. Quiero que después de estos cuarenta días llegue el acostumbrado viaje de semana santa con algunas de mis almas más cercanas, levantarme triunfante de la sombra de mi árbol con respuestas, o al menos con preguntas más significativas y una porción del camino ya recorrido, perspectivas más claras. Nuevos árboles vendrán.

Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, te cuento que mi mente suele funcionar mejor por las noches. Así que serán cuarenta noches bajo un árbol. Que después pase lo que tenga que pasar.

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PD: Haciendo honor a la verdad y al autoconocimiento, debo decir que quise escribir este texto desde el día uno, el miércoles, pero el miércoles estaba aún en trance. Cuando logré salir del viaje (por llamarlo de algún modo), mi cerebro estaba tan cansado o incluso más que después de un viaje en LSD, además me sentía tan aturdido que de ninguna forma habría podido expresar con palabras todo lo que estaba sucediendo en mi interior. Lo sé porque lo intenté y ni siquiera logré escribir una palabra. Hoy es el día tres, o cuatro, si somos estrictamente rigurosos con el horario. Aún estoy aturdido pero ya pude usar palabras otra vez, ya han surgido nuevas preguntas y nuevas perspectivas. Cuarenta días son pocos, así que haré una apuesta arriesgada dándole un voto de confianza a las ideas de Biraris, saltándome el debate entre Einstein y el Modelo Estándar.

PD2: Feliz año nuevo chino te deseamos la Identidad de Euler, mi árbol y yo.

PD3: No estoy tan seguro de las ideas de Biraris y debo estar abierto a cualquier posibilidad. Se trata de algo sumamente importante.