miércoles, 9 de septiembre de 2020

Una historia de cumpleaños en cuatro movimientos

Ya sé que cada tanto hago esta aclaración, pero igual siempre me parece adecuada. Este blog no es como el otro. En el otro las historias son ciencia ficción, son poesía, son verdades adornadas con finos vestidos literarios, son florituras danzantes e invasiones extraterrestres. Aquí el estilo es diferente: es desnudo, directo, sin disfraces, honestidad brutal.

Y pues simple. Esta es la entrada tradicional, la del cumpleaños. La de poner en perspectiva (fractal) un año de vida en unos cuantos párrafos. Y este año es particular porque estuvo lleno de sucesos significativos y difíciles, eventos tan desgarradores que resulta imposible salir ileso. No se puede conocer la muerte de forma tan directa sin morir un poco. Y no se puede morir sin renacer o liberarse. Recuerdo haberle dicho a Nata hace unos años que algo en mi interior me decía que yo iba a morir a los 27. Pero en ese entonces no conocía el significado de la palabra "morir". Tampoco entendía que después de todas las muertes viene un renacimiento o la liberación. 

Al principio parecía difícil escoger el tema de esta entrada. Quiero celebrar la vida. Ya conocí a la muerte. Ahora es el tiempo de la vida. Por fortuna, ayer a eso de las 10 pm el tema se reveló a sí mismo. Ayer fue un día muy especial en el desarrollo de la teoría. Muchas veces, en sentido figurado, he dicho que avanzar en la teoría suele hacerse difícil, duele. Pero ayer literalmente me dolía escribir, cada palabra plasmada en el papel era una punzada de dolor que me hacía dudar si era necesario continuar o lo mejor era dejarlo para otro día. Mi instinto habló y decidí continuar, a pesar de mi mano derecha rogando por misericordia. Valió la pena continuar y coroné el momento con la Novena Sinfonía. Otra tradición de cumpleaños que tuvo su origen hoy hace tres años.

El sábado 9 de septiembre de 2017 se celebraron los 50 años de la Orquesta Filarmónica de Bogotá con la interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven en el Auditorio León de Greiff. Ese día cumplí 25 años y parecía ser la celebración perfecta: mi obra clásica favorita, el día de mi cumpleaños y en el corazón de mi amada y doblemente gloriosa Universidad Nacional. Llegamos con mis amigos sobre la hora y ya las boletas estaban agotadas, pero por estar cumpliendo años, hicieron una excepción y nos dejaron entrar a Santiago y a mí. Fue una experiencia sublime e inolvidable presenciar en vivo los cuatro movimientos de esa magnífica obra eterna que me hace sentir exultante de vida cada vez que la escucho.

Como los tiempos de Falcadios son perfectos, para esa época empezaba a germinar la semilla de la investigación transdisciplinar que ahora es mi vida entera. La semana siguiente al concierto de la Filarmónica, dibujé el primer diagrama en la primera libreta de apuntes de investigación (hoy ya voy en la mitad de la quinta libreta) mientras esperaba fuera del León de Greiff a que salieran Juan y Andrés del grado de la maestría. Yo debía graduarme ese día con ellos, pero el universo decidió aplazarlo para el siguiente 11 de abril. A cambio de un motivo para celebrar, me dio para ese viernes 15 de septiembre la muerte de mi abuelo paterno. Ese día, en ese contexto, empezó oficialmente mi investigación. El acto inaugural fue dibujar el boceto de una célula urbana ecoadaptada, inspirada por la descripción de las ciudades en la "Utopía" de Tomás Moro, acompañada por algunos cálculos sencillos y la inscripción: 

"SOLARIA - Don't give in without a fight". 

En ese momento empezó el viaje más importante de mi vida, hasta ahora. Y nació una dinámica intertextual bastante peculiar. Cuando uno decide dedicar su vida entera al desarrollo de una teoría científica, pasan cosas extrañas, densas y videosas.

En retrospectiva, el primer año se sintió como el primer movimiento: La afinación de la orquesta se convierte en una declaración, el desarrollo de una firme resolución inquebrantable, dispuesta a todo. Lo único que tenía claro por aquel entonces era que era ABSOLUTAMENTE NECESARIO (sí, en mayúsculas) crear una teoría que unificara Ecología y Economía. Era claro que la vida me había puesto en una posición privilegiada para intentar una empresa de ese calibre y la vida misma me indicó que esa es mi misión. Sabía que el mejor punto de partida era la Ecological Economics y el enfoque epistemológico de la ciencia posnormal. La primera libreta se convirtió en una lista interminable de los temas que no conocía pero sospechaba podrían ser de utilidad. Los instrumentos se afinan, cada uno toma su posición y emerge una declaración de intenciones, una resolución inquebrantable.

El segundo año fue como el segundo movimiento: un trueno que adquiere fuerza y gracia, que se deleita en su propia evolución y, en movimientos cíclicos, deja ver el sol brillante y la tormenta eléctrica. Entendí que no bastaba con usar la teoría electromagnética de Maxwell-Faraday, que no solo se necesitaba usar la cuántica convencional ni la teoría cuántica de campos sino que era necesario ir más allá. Comprendí que el objetivo era aún más difícil de lo que imaginé al principio, pero antes que desmotivarme, eso me dio más fuerza. No solo bastaba con dedicar mi vida, era necesario cambiar mi vida. Y si yo era renuente a cambiar, la vida misma me obligó a cambiar. El trueno final del segundo movimiento fue una tormenta eléctrica para mi propia vida. 

El tercer año, el tercer movimiento: Después de la tormenta viene la calma. Una calma suave que busca estabilidad después del trueno que estremeció las montañas y el sol que quemó los campos, un lento volver a la vida después de haber visto cara a cara a la muerte. Con paciencia se gestan los compases finales que reúnen, como un holograma, el trueno y el sol abrasador, la firme resolución, la vida, la muerte y el renacimiento. Conocer la muerte es comprender la vida. Y renacer. En este punto se hizo más que real ese voto instintivo que hice algún día a mediados de 2016: si para contribuir a solucionar la crisis ambiental necesito alcanzar la Iluminación, entonces emprenderé el camino. En el tercer movimiento, en la calma que insospechadamente se reconvierte en ímpetu, entendí el porqué de ese voto instintivo, entendí la razón fundamental por la cual es necesario alcanzar y estabilizar una visión iluminada para transformar un mundo plagado de oscuridad. 

Y anoche, después de tres años y tres movimientos sinfónicos, mi mente logró delimitar la pregunta central de la investigación, el corazón, la médula en la columna vertebral del organismo vivo que es este trabajo. Al pensar en esa pregunta, tan sencilla que se puede escribir en nueve palabras, y tan compleja que requiere todos mis esfuerzos físicos, emocionales y mentales para hallarle respuestas, de manera inevitable suenan en mi mente los primeros compases del cuarto movimiento. Más que una declaración, más que el sol abrasador y la tormenta eléctrica, más que la unidad entre la vida, la muerte y los renacimientos, más que la Visión de la Naturaleza de la Mente, más que el voto del bodhisattva y el camino a la Iluminación, es todas a la vez. Simple y profunda, compleja y concreta. Un fractal. Una pregunta fractal. Como esos primeros compases del cuarto movimiento, la pregunta engloba todo lo hecho hasta ahora y permite intuir la potencialidad de lo que viene.

Quienes han escuchado esta sinfonía, saben que el cuarto movimiento es explosivo, revolucionario, inusitado e inédito, algo que nadie veía venir y que transformó la música para siempre, un éxtasis de alegría y vida como nunca hubo ni habrá en la historia del arte, una celebración de la vida por la vida misma y todas sus maravillas. 

Hoy, día de mi cumpleaños, empieza el cuarto movimiento de la investigación. Una oda a la vida, por la vida. 



sábado, 29 de febrero de 2020

Fuego en el Amazonas

(un recuento del año en que más he llorado en mi vida) 
(en el día bisiesto del año bisiesto de la cuarentena...)

No tengo ni puta idea de cómo contar lo que quiero contar en esta entrada de blog, así que será un texto freestyle: dejaré que salga y ya. Creo que será un texto largo. Necesito dejarlo salir porque en mi vida sucedieron tantas, tantas cosas desde la última vez que vine aquí, que las siento ahora todas atoradas en la garganta, en las lágrimas, en la unidad mentecorazón. No puedo avanzar. Y necesito avanzar. Sé que la Tierra necesita que avance. Tengo una responsabilidad, una misión, toda mi vida se trata de cumplir esa misión y me siento estancado.

Creo que la mejor forma es en orden cronológico así que... aquí vamos... de vuelta a los tres meses en modo zen...

Más o menos en abril del año pasado decidí eso, alejarme de todo y de todos para entrar en modo zen durante tres meses y aprender los detalles matemáticos y ontológicos de la teoría cuántica. Pensaba que así podría escribir por fin la teoría cuántica para la economía ecológica. Se trata nada menos que lo más importante en el universo para este dizque escritor (aunque ahora entiendo que no necesito tres meses sino tres años en modo zen si quiero lograr algo de ese calibre). En aquel abril estaba saliendo con una muchacha. No es este el momento para hablar de ella. Simplemente diré que las cosas no funcionaron y ya. Aunque en realidad, venga, vamos, honestidad brutal... no quisimos que funcionaran. No quise. Y bueno, si es que he de pagar un karma por aquella decisión, es ridículamente claro que lo estoy pagando y de una forma tan justa que me impresiona. ¡Viva la vida, viva el Tao y su sentido del humor, viva el karma!

(Por si me lees, chica del eclipse de Luna: gracias, infinitas gracias. Lo nuestro sucedió como debía suceder).

No solo renuncié a ella. Renuncié también a mis vicios. Dejar la marihuana fue sencillo. Pero dejar el cigarrillo fue una completa recontragonorrea. Jueputa. En este mismo momento quisiera acompañar el vino que inspira este texto con un lucky pa la buena suerte. Buena suerte sería no haber sembrado la semilla de un cáncer después de tamaño abuso. Por ahora parece que todo va bien y mi salud no está tan mal como podría estarlo. Igual, dejar de fumar fue una excelente decisión y cada día es más fácil que el anterior. Va bene. Tres meses en modo zen. Qué fácil sonaba eso cuando me lo propuse: tres meses en modo zen para aprender cuántica por el futuro de la vida en la Tierra. Porque todo lo que yo hago, jueputa, todo es por el futuro de la vida en la Tierra.

Que si salí a montar bici, sí, fue por el futuro de la vida en la Tierra. El partido de micro, echarme los plones y no hacer nada, tres días y medio sin dormir dándole con todo a la neurona con textos reeeee densos, terminar una libreta y comenzar otra y también llenarla de ideas... fue por el futuro de la vida en la Tierra. Emputarme, alegrarme, tomarme las polas y tomarme en serio mi trabajo por el que nadie me paga, esta nueva canción, relajar la mente, aprender a meditar y meditar y meditar y meditar tanto que ahora sea el hábito con el que reemplacé esa combinación venenosa entre cigarrillo y marihuana que nadie debería hacer y con la que casi casi me destruyo, volverme a construir después del intento de autodestrucción, arrancar la raíz de mi relación naciente, creer que hoy sí voy a encontrarme con la chica del vestido amarillo, la decepción porque hoy tampoco fue el día de nuestro reencuentro, otra pola, apostarle tres mil doscientos veintinueve pesos a que ese equipo de la segunda división iraní no va a marcar más de cinco goles en este partido, perder los tres mil doscientos veintinueve pesos... volver a apostar, ganar, perder, perder, ganar, perder, ganar, ganar, perder, ganar, ganar el partido de micro que remontamos desde perderlo 5-2 a ganarlo 8-5 ese sábado inolvidable, hacer ese maíz pira llamado karma (¡viva el karma!), ir al médico a que me diga que el tumor aparentemente no es maligno, no despedirme de mi abuelita cuando salió de la casa por última vez antes de su muerte porque estaba concentrado estudiando cuántica, todo eso fue por el futuro de la vida en la Tierra...

Espera... ¿Qué? ¿Qué recontramierdas acabas de escribir? ¿Tumor? ¿Y cómo así que se murió mi abuelita? ¿SE MURIÓ MI ABUELITA? ¿PERO QUÉ CARAJOS ACABA DE PASAR?

(Pausa para llorar...)

(...)

(...)

(Pausa para contarle a mis panas sobre el avance de la teoría y conspirar sobre cómo vamos a hacer que renazca el Amazonas fénix de sus propias cenizas)

(...)

(...)

Sí. Mi abuelita Edilsa falleció faltando quince días para su cumpleaños 80. Sí. Yo que pasaba todos los días con ella, no, no me despedí cuando salió de su casa por última vez. Ahora estoy llorando en la ducha, escuchando Hey Jude y Minha Gelera, las canciones que me dijo que le gustaban. Ella decía que yo ponía música muy bonita y que hablaba poco pero decía unas cosas taaaan bonitas. Esas tardes que se las dedicaba de lleno a arreglarle el radio e intentar sintonizarle Radio María también eran por el futuro de la vida en la Tierra. La promesa de sembrar el jardín en enero también era por el futuro de la vida en la Tierra. Ahora estoy seguro de que mucho de mi deseo de dedicarle mi vida al futuro de la vida en la Tierra se lo debo a ella y a su influencia. Tendría que escribir otra entrada de blog solo para ella y para esos sueños en los que me pude despedir de ella como debía. Y lo haré. La escribiré. Y también para... para... bueno, me estoy adelantando un par de párrafos. Llorarla, cargar su ataúd, depositar sus cenizas en la urna y vaciar su cuarto fueron algunas de las experiencias más duras de mi vida. Bienvenido a la adultez. Esta vez va en serio.

Necesito narrar en detalle la secuencia de sueños y de experiencias videosas después de su muerte. Aquí solo confórmate mi querida persona lectora con creerme que ella, desde su nuevo plano de realidad, me ayudó de una forma en la que nadie más podía ayudarme. Por decirlo de alguna manera, ella me ayudó a redireccionar toda mi investigación y darle un enfoque muy novedoso y bastante prometedor. Ahora siento con más fuerza lo que antes solo sospechaba: que la unificación entre economía y ecología es tan solo un caso especial de un problema más general... la unificación entre teoría cuántica y teoría de la relatividad general. ¿Te suena eso del caso especial dentro del problema más general? ¿Por qué es tan familiar esa expresión?

¿Querías tres meses en modo zen? Hmmmm.... ¿Qué tal... tres años en modo zen? ¿Te gustaría visitar el horizonte de suceso de un agujero negro? ¿Querías evaluar tu capacidad de desapego? ¿Cómo se sienten estos meses sin aquella persona que estuvo presente durante casi casi todos los días de tu vida? Sí, esa persona que fue tu segunda madre. ¿Cómo se sintió volver a rezar el rosario en su honor y su memoria? ¿Te gustó ese momento en el que se diluyeron todas las barreras entre vida y muerte, sueño y vigilia, meditación y pensamiento y te pudiste despedir de ella? ¿Ah sí? ¿Y el mierdero tan setentahijueputa en tu familia? ¿Crees que lo hiciste bien como guía espiritual? ¿Te gustó ese rol? ¿Y el fuego en el Amazonas? ¿Cómo se siente ver la selva amada en llamas? ¿Te sientes preparado para otra pérdida trascendental? ¿Cómo se sintió la navidad más triste de tu vida? ¿Y si te digo que ese sueño premonitorio no era por la muerte de tu abuelita sino que era en serio, literalmente? ¿Estás listo? Mejor que lo estés.

Surprise madafaka!

¡JERSON JERSON SE MURIÓ RAFAEL SE MURIÓ RAFAEL SE MURIÓ RAFAEL!

Espera... ¡¿Qué?!

(Pausa para quedar en blanco y que todo el mundo me dé vueltas y que se vuelva a romper el corazón en un millón cuatrocientos ocho mil setenta pedazos...)

(...)

(...)

Ahora dime cómo te duele. Ahora dime cómo se siente.

Lo primero es ponerme la armadura y romperme a llorar, pero dentro de la armadura para que nada provieniente de fuera pueda herirme... herirme más. Sí. La misma que usé cuando murió mi abuelita Edilsa. Ahora murió mi Tío Rafa y pasado mañana es año nuevo. Jueputa... ¡¿qué?! ¿Se murió mi Tio Rafael? ¿Pero cómo carajoooo? ¡Ayer estaba bien! ¿Un infarto? ¿Qué carajo está pasando, Universo? ¿Por qué te ensañas con nosotros? ¿Y mi Tía Teresa?

Después de ponerme la armadura viene darle el abrazo a mi Tía Teresa. Y a Darío. Freddy no ha llegado aún. Me voy a romper en llanto otra vez. Ya sé lo que se siente y no quería sentirlo de nuevo tan pronto, aún está abierta la herida de la pérdida de mi abuelita. ¡¿Cómo te nos vas a morir Tío Rafa?! ¡Tú ibas a ser el nuevo pilar de la familia! ¡Eras como mi abuelo, como mi papá, eras mi ejemplo de lo que significa ser un buen hombre, tú más que nadie! Me rompe el corazón ver a mi Tía Tere, a Daro, al Padre Aquilino, mierda, el Padre Aquilino está destruido... fue el último que compartió tu compañía, fue tu amigo de varias décadas, lo entiendo... compasión... y llorar una vez mas. Obvio.

Bueno... ahora viene la lectura del Bardo Thodol. Gracias abuelita porque me guiaste a releer el Bhagavad Gita, luego pude recordar que en The Seeker de The Who mencionan a Timothy Leary quien fue el traductor al inglés del conocido como el Libro Tibetano de los Muertos, aunque su nombre es Bardo Thodol, o en español, La liberación por medio de la audición de los estados intermedios. Gracias porque por ese libro llegué al Libro Tibetano de la Vida y la Muerte de Sogyal Rimpoché y por ese libro llegué a La Totalidad y el Orden Implicado de David Bohm y... bueno, todos los avances densos en la investigación incluyendo la visita al horizonte de suceso del agujero negro. Pero principalmente gracias por el Bardo Thodol. Ahora lo que viene es cantar el OM y leer en voz alta el libro tibetano aquel. Calculo que mi Tio Rafa está a unos veinte metros de distancia y he mejorado mis habilidades en la meditación y la proyección... sí, creo que lo puedo hacer.

Hola Tío Rafa. Si sumercé me lo permite, voy a leerle una guía para las experiencias que vienen de aquí en adelante, en agradecimiento y profundo amor hacia sumercé. Así que...

Primer bardo

Oh amigo, el tiempo camina hacia ti para buscarte nuevos planos de realidad. Tu ego y tu nombre están en el juego de acabar. Estás poniéndote enfrente de la Luz Clara...

(Pausa para cantar el OM...)

(...)

(...)

Fue impresionante la cantidad de gente que vino a acompañar al Tío Rafa. Yo, viviendo a media cuadra del centro médico nunca había visto algo así y lo vi con él. Pero ahg. Qué visaje. Otra vez a la funeraria. Otra vez la redacción del cartel, el papeleo. Otra vez llorar y abrazar a toda la familia. Otra vez la salita pequeña, la oración privada y las lágrimas de desconsuelo y el vacío profundo. Otra vez el segundo piso, otra vez el tinto, los rosarios, otra vez hablar con mis primitas y primitos pequeños sobre la muerte porque son mis amigos y soy su amigo, otra vez, otra vez... Pero a diferencia de la vez de mi abuelita, esta vez ya tengo la experiencia, mi meditación ha evolucionado, esta vez tengo el Bardo Thodol y esta vez voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para ayudar a mi Tío Rafa cuando, paradójicamente y aunque todos vinieron a despedirlo, creo que pocos se tomaron en serio la tarea de ayudarle a su alma. Otra vez la muerte, otra vez...

Por más conocida que sea la sensación, uno jamás se acostumbra. Siempre duele igual que la primera vez. Literalmente es como arrancar un pedazo de tu corazón. Así se siente. Donde había algo ahora hay vacío. Pero los budistas enseñan que la naturaleza es esencialmente vacío, luz clara, un sueño. En todo caso, otra vez unas exequias de alguien a quien amé. Otra vez ese dolor. Ay, mi Tia Tere... Primero de enero y, como dijo ella, Tía Tere, unos en jolgorio y nosotros en velorio. Otra vez ese momento horrible en el que el ataúd abandona la sala de velación y se dirige a la iglesia. Otra vez la procesión de carros. ¡Feliz año nuevo!

Otra vez la misa, otra vez llegamos a la iglesia... otra vez la mirada de la chica del vestido amarillo, esa mirada que me quedó grabada en la memoria desde que tenía quizás ocho o nueve años cuando la vi por primera vez en la iglesia, cuando vi en ella algo que no he visto en nadie, en nadie más en este planeta, esa mirada que me cambió la vida y que anhelé volver a ver como muy pocas cosas, eventos, situaciones y miradas anhelé en esta y en mis anteriores vidas.

Espera... ¿QUÉ?

¿Otra vez la mirada de la chica del vestido amarillo? ¡¿Quéeeeeeeee?! ¡Me tenés que estar cargando, Universo, vida! ¡¿Quéeeeeeee?! ¡¿Es la chica del vestido amarillo?! ¿Sí? ¡Sí! ¡Ahí está su mamá al lado, sí, es ella! ¡¿Hoy?! ¡¿Precisamente... hoy?!

¡¿Qué está pasandoooooooo?!

(Pausa para cuestionar qué es la realidad, qué es la vida, qué es el Universo...)

(...)

(...)

¡Sí, chica del vestido amarillo, ya sé que me viste! Sé reconocer cuando sabes que te estoy viendo, sí, lo sé, se dibuja una sonrisa tenue, sutil, como que quieres que no se note que tu alma sonríe pero sí, se te nota. ¿Por qué estás aquí? ¡Ah, claro, es obvio! Tío Rafa también cambió tu vida de alguna forma y vienes a despedirlo. De haber sabido que te conocía, le habría preguntado por ti en nuestra última cena de navidad en mi casa. Pero vale, aquí estamos. Enelnombredelpadre...

Esto se siente como volver a tener nueve años. Yo en misa, sabiendo que estás entre la multitud no me puedo concentrar y solo quiero verte, solo quiero hablarte aunque me da mucha pena, muchos nervios, no sé qué me pasa, no sé qué tiene tu mirada, tu sonrisa, hay una profundidad en las ventanas de tu alma que jamás he podido comprender y que anhelo visitar, deseo sumergirme en tu mirada con la intensidad de mis más grandes sueños... solo que... estamos en las exequias de mi Tio Rafael y mi deber es meditar para él... pero sé que estás aquí y no voy a perder la oportunidad, te prometo que no.

Hola, no sé si me recuerdas... sí, sí, obvio te voy a escribir... ¡¿cómo es que tú sí sabes mi nombre?!

¡Wow! ¡¿Qué fue todo esto?! ¡Gracias Tío Rafa! Pero, en serio... ¡¿Qué acabó de pasar?!

Creo que esta fue la experiencia más intensa y más extrema que he tenido en toda mi vida. Sí. Más que el accidente y el hospital en Salento, más que las ballenas en Gorgona, más que la protesta en París, la bicicleta en Barcelona y más que el gol del Milan en San Siro, más que el mar nocturno en Palomino que pudo arrastrarme para no volver pero decidió tan solo llevarse a mi viejo yo, más que los manglares y los guerrilleros en Sanquianga, más que mi primera vez en ácidos, más que la segunda y la tercera, más que la luz contándome al oído sus secretos en medio de una fiesta de narcos a orillas del Lago Calima, más que el jaguar haciendo presencia sutil y espiritual en aquel río del Valle, más que la tormenta eléctrica en Biotá, en la que por un instante eterno todo lo que vi fue luz blanca y cegadora, más que...

Nunca había experimentado dos extremos tan diametralmente opuestos en la experiencia humana y en las vibraciones de mi unidad mentecorazón. Nunca me había sentido tan intensamente vivo y consciente del presente como en ese instante.

¿Y ahora?

(Pausa para contemplar un atardecer en Choachí...)

(...)

(...)

Ha pasado tanto en mi vida en tan poco tiempo que no sé cómo pilotearlo, me está costando mucho adaptarme a la nueva situación. Mi alma fue llevada a sus extremos en un lapso muy corto y necesito algo de calma. Necesito volver a afinar mi unidad mentecorazón. ¿Cuánto tiempo va a tomarme asimilar todo lo que te acabo de contar? ¿Y ahora cómo se supone que voy a hacer esas diapositivas?

La profe K confía en mí, confía tanto en mí que me delegó una de las tareas más importantes que he tenido el honor de llevar a cabo. (Yo sé que está reee difícil, pero si prohíben el fracking en este país gástale una pola al escritor de este texto atropellado, freestyle y sin estructura aparente). La profe K, una de las figuras top del ambientalismo y la economía ecológica en este país. La profe K confía tanto en mí que de veras cree que puedo crear esa teoría. Confía tanto en mí que incluso me advirtió de lo que puede pasar si la logro y me hizo entender que si me matan por ello sería un honor enorme, algo por lo que estar agradecido. Llevo prometiéndole a la profe esas diapositivas desde antes que falleciera mi abuelita y aún no las he logrado.

Hoy, esta noche, mientras escribo esta entrada de blog, no las he logrado. Tengo doscientas cincuenta diapositivas en borrador (ahora que releo este texto son 380 más unas 50 aproximadamente que tengo en papel) y no he logrado reducirlas a cuarenta, máximo cincuenta en limpio. Pero vale, compréndeme un poco, llevo en esta tarea específica casi tres años y han pasado muchas cosas desde entonces, he tenido que renacer no una sino varias veces desde que empecé esta tarea... Igual, voy a seguir intentándolo. Así me muera de hambre porque por seguir mis sueños estoy al borde de la quiebra, o se complique ese tumor sin tratamiento, así todo lo demás en mi vida colapse, así el premio por lograrlo sea ganarme de enemigos a las personas más poderosas del mundo entero, voy a sacar esas diapositivas y voy a escribir esa teoría cuántica para la economía ecológica y voy a crear Solaria y también voy a crear Aurora y voy a darle un abrazo infinito a la chica del vestido amarillo.

Hoy, esta noche, justo antes de empezar a escribir esta entrada, surgió una conversación vía whatsapp con mis panas de la maestría, ¡ahhhh, los amo! El tema era La Macarena y el fuego en el Amazonas. Nos duele. ¿Y qué vamos a hacer? ¿Será que el jaguar nos ayuda? Si quisiéramos hacer una revolución cuántica ecológica, les dije, La Macarena es el lugar perfecto para empezar. ¿Cómo sería? preguntó JK y le dije que la idea es convertir la agroecología y la economía ecológica en música. ¿Pero cómo? El primer paso es quitarse el miedo. Y el primer paso para quitarse el miedo, supongo, es escribir esta entrada de blog y dejar salir todo lo que me mantiene bloqueado...

¡Wow! ¡¿Qué acaba de pasar?! ¿Acaso narré los meses más videosos de toda mi vida hasta ahora en una entrada de blog? Tal parece que sí.

¿Vamos a crear vida nueva a partir de las cenizas que deje el fuego en el Amazonas? Todo apunta a que sí.

El guerrero
El guerrero que entrega el miedo
Entre el mar el cielo y la tierra
No sembrará la guerra
Los ríos son nuestros hermanos
Y calman nuestra sed
La voz de nuestro antepasado
Las hojas que caen del árbol
Volverán a florecer
Remontando libre el vuelo


(Gracias Abuelita Edilsa. Gracias Tío Rafa. De verdad. La gratitud y el amor son infinitos y viajan más allá de lo visible. Gracias...)

(Y ahora una pandemia... Ok vida. Ok)

(Ayer, 25 de agosto de 2020, volví a experimentar otra muerte: la mía. Cuando sea el momento adecuado, intentaré escribir al respecto porque eso hacemos los escritores: escribimos, escribimos incluso si recién acabamos de morir. El apego conduce al sufrimiento: nunca como en estos últimos meses fue tan real esa frase).