martes, 30 de enero de 2018

Desde la posición del protagonista (o la hoja de hace cuatro años)

De vez en cuando hay casualidades que lo ponen a uno a dudar sobre el significado de la palabra "casualidad". En ocasiones parecen más causalidades que casualidades. Y bueno. Más allá de entrar en disertaciones ontológicas quise venir hoy a este, mi querido blog bazofia, a contarme a mí mismo (y a algún ocasional lector) que hace poco tuvo lugar una de estas causa-casualidades que de cierto modo rayan en lo poético. La historia va más o menos así.

El sábado pasado vinieron a mi casa Catalina, Gabriela y Mateo y, como es costumbre, al darse cuenta que yo estaba, entraron sin pensarlo a mi habitación. Les gusta mucho estar aquí y a mí me gusta mucho que les guste tanto pasar tiempo conmigo, soy muy afortunado en ese aspecto particular de la vida -y también en otros tantos que no vienen hoy al caso-. Mientras Gabriela jugaba con canicas y láminas de algunos álbumes y Mateo veía videos del Rayo McQueen, Catalina, con su curiosidad en pleno desarrollo, empezó a encontrar cosas escondidas sin saber muy bien qué buscaba. Por accidente, ella dio con una hoja de papel de hace cuatro años, un cuestionario, parte de un ejercicio en una capacitación en mi empresa-infierno, un intento de lavado cerebral -de esos que tanto abundaban en mi habitación 101- que les salió mal. 

Una hoja de papel en la que escribí con el alma más que con las manos, con la sangre saliendo fuerte de un corazón que late adolorido pero con vehemencia, más que con la tinta de un esfero; una hoja que cambió mi vida para siempre, una hoja de papel que me impulsó a tomar la que es hasta ahora la decisión más importante que he tomado en mi vida, la decisión que hace que el día de hoy haya sido posible y tenga sentido.

Hoy fue inevitable pensar en Catalina, en la hoja de papel, en un koala y en la causalidad que se disfraza de casualidad. Por lo que está escrito en esa hoja, por lo que pasó en los últimos cuatro años y por lo que pasó hoy, siento la irremediable necesidad de transcribir esa hoja a este, mi blog. Y como es mío, simplemente, lo haré. Ahí va. Literal. 

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EJERCICIO 4.

A QUÉ QUISIERA DECIRLE BASTA? 

En nuestras vidas hay múltiples situaciones que a pesar de generarnos incomodidad, insatisfacción e incluso dolor, siguen estando presentes en nuestra vida. Piensa en alguna de esas situaciones, puede ser algún descuido con tu salud (fumar, comer en exceso), alguna relación que te afecta y es tóxica para ti, algún comportamiento que permites a otros y que te hace sentir mal, o cualquier otra situación a la que tu quisieras decir un BASTA!!!! Este puede ser un espacio que te des a ti mismo(a) para reflexionar sobre esto. Las siguientes preguntas pueden guiarte en ese camino. Esta reflexión es para ti y no tendrás que compartirla con nadie; por lo tanto esta es una invitación para que vayas a tu interior.

1. Describe muy brevemente la situación: Siento que fue un error muy grande haber elegido Ingeniería Industrial como carrera.

2. Qué efectos negativos tiene sobre ti? Me siento frustrado, desinteresado, triste y con miedo, miedo al futuro y a no lograr ser la persona que quiero ser. Siento que estoy desperdiciando todo mi potencial.

3. Haz (sic) intentado alguna vez ponerle un BASTA? Qué te lo ha impedido? Sí. Me lo ha impedido la inercia, la costumbre; de cierto modo me habitué a vivir con ello y lo acepté como si fuera una triste e ineludible realidad. 

4. Desde la posición del protagonista

a. Qué papel has jugado tu para que esta situación se mantenga? He sido pasivo, no he tomado acción, me convencí a mí mismo de que esto fue lo que me tocó.

b. Qué beneficios o ventajas obtienes (así no sean evidentes) al mantener la situación? Me mantengo, como la canción, comfortably numb.

c. Qué te gustaría que pasara? Convertirme en la persona que quiero ser. Investigador y escritor. Trabajar por y para mi especie. No habría llegado a estos sueños de no ser por mi carrera.

d. Qué puedes hacer para que esto ocurra? Ponerme la camiseta, atreverme, tener coraje, valor, dedicación; pensar en que ya he logrado lo imposible antes y que lo puedo volver a lograr. Y por encima de todo, hacerlo.

e. Qué aprendes de este ejercicio y de esta situación? Soy el protagonista de mi vida. 
Mi vida será lo que yo esté dispuesto a hacer de ella. 

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Todo esto tiene sentido porque hoy estuve en la doblemente gloriosa Universidad Nacional y cumplí con el último requisito para recibir el próximo 11 de abril mi título de Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo. Hoy soy investigador y escritor. Hoy trabajo por y para mi especie y todas las demás. No habría llegado a estos sueños, ni a los nuevos, de no ser por mi carrera, por las decisiones que he tomado desde la posición del protagonista y por la hoja de hace cuatro años. 




miércoles, 24 de enero de 2018

El Demonio de Maxwell

No me da vergüenza admitir que las ecuaciones me intimidan. No las simples, las que uno ve en el colegio, esas son fáciles de entender y nadie necesita memorizar una ecuación si entiende un concepto. Pero después de un tiempo en la formación de cualquier estudiante de ciencias exactas o ingenierías, llegan expresiones más complejas, conceptos abstractos que se intentan volver concretos y que demandan un esfuerzo adicional de la imaginación para ser entendidas; a veces el esfuerzo adicional se convierte en titánico, en tarea casi imposible. Perder materias como Cálculo Multivariable, Ecuaciones Diferenciales, Física de Ondas o Modelado Matemático es un cliché en nuestro medio. Soy enemigo de la memorización por el simple hecho de memorizar, esa técnica funciona si lo único que uno quiere es pasar el parcial. A los tres días uno olvida las ecuaciones que memorizó y los conceptos, con mucha suerte, logran sobrevivir como vaguedades perdidas entre las lejanas brumas de los recuerdos. A veces el alcohol acelera el proceso de olvidar. De memorizar una ecuación o una técnica matemática para olvidarla tres días después, a ser un loro que repite sonidos sin saber qué significan, pues no es que haya mucha diferencia.

También es un cliché para los estudiantes de Ingeniería que el acto de recibir el cartón y el título profesional sea la ceremonia de liberación definitiva del terror de las ecuaciones y los parciales. El "mundo real", como muchos suelen llamarlo (odio que lo llamen así) no necesita tanto de teorías ni ecuaciones pero sí de soluciones prácticas, de innovación y de utilidades. Principalmente de utilidades. Nada más que utilidades. La rueda ya se la inventaron y lo único que necesita el ingeniero es copiar su diseño y convertirlo en dinero para alguien más. Y si por azar del destino y si Excel lo ha consumido lo suficiente, el ingeniero duda que el área de un círculo es pi por radio al cuadrado, pues siempre está Google para recordárselo. Y de nuevo está Excel para memorizar lo que el profesional no quiere. Si hablamos de algo más complejo, pues venga, que existe Wolfram Alpha, Mathematica, R, calculadoras de todo tipo que te solucionan integrales que nunca en la puta vida habrías podido solucionar en un parcial. No soy enemigo de Wolfram Alpha, solo siento que el modelo educativo avanza a paso de mula en medio de un circuito de Fórmula 1. La educación básica y la del pregrado, claro está, la que es servil al "mundo real". La investigación es otro mundo. A veces.

Soy enemigo del "mundo real". Esa expresión tremendamente estúpida significa "el mundo construido por el capitalismo, el mundo de consumo donde las ideas nuevas no tienen ningún lugar, a menos que puedan ser traducidas en jugosas utilidades para los todopoderosos inversionistas". Detesto eso y llegué a detestar la Ingeniería por eso. Quise ser Ingeniero Industrial por una insaciable curiosidad y el impulso de querer saber cómo se hacen las cosas que nos rodean, cómo llegan a nuestras manos, qué pasa cuando las soltamos, a dónde van a parar y cómo se coordina todo el proceso. Una especie de ecología a escala social, le dije hoy a la recién conocida. Cuando recibí mi diploma y mis papás lloraron de orgullo porque su hijo era un Ingeniero Industrial de la mejor universidad del país, yo lloré al comprender que todo, absolutamente todo en el proceso de fabricar lo que nos rodea, ponerlo en nuestras manos y desaparecerlo de nuestra vista cuando ya no queremos verlo, está mal, está podrido hasta la médula. El "mundo real" es un mundo construido sobre mentiras, dolor y sufrimiento. Aprendí que el "mundo real" exige una sumisión religiosa y sin cuestionamientos al Dios Capital, a sus iglesias del consumo y a sus rituales, a pagar por breves y efímeros segundos de un paraíso fabricado, falso, podrido, con la moneda de una eternidad en el infierno. Venderle el alma al diablo es un cliché. Pero nada es un cliché cuando eres tú quien está firmando el contrato.

Después de mucho analizar la cuestión, días, semanas, meses, años... he llegado a la conclusión de que cualquier intento de limpiar toda la podredumbre que nos rodea, de derrumbar el castillo de mentiras que llamamos "mundo real", necesita sí o sí de varias ecuaciones de esas que no me da pena admitir que me intimidan. De esas que ni siquiera existen aún. Discursos y palabras se han dicho bastantes ya, algunas más sensatas que otras, pero se han dicho bastantes. Ecuaciones, ninguna. La mentira fundamental que le dio tanto poder al arquitecto del dolor que carcome este mundo real, el verdadero mundo real, es una ecuación. Bueno, de hecho, dos ecuaciones muy simples y un concepto incuestionable, la mentira que todos debemos tragarnos y amar como si fuera una verdad absoluta, el traje nuevo del Emperador que todos nos vemos obligados a contemplar y admirar aun sabiendo que no está ahí. Las peores armas que ha construido el ser humano, los jinetes del Apocalipsis cabalgan en defensa de la mentira escondida en dos ecuaciones y un concepto hoy por hoy incuestionable. Los discursos desmienten discursos y esta tarea ya se ha hecho varias veces, pero nadie ha desmentido las falsas ecuaciones con más ecuaciones. A un demonio solo lo vence otro demonio y el corazón del demonio a derrotar es un par de ecuaciones bailando en eterno y falso equilibrio, pues el único equilibrio en los sistemas termodinámicos se alcanza al final, en la muerte. Los discursos son la piel y los músculos, las ecuaciones son el corazón.

El demonio entrópico del equilibrio termodinámico puede ser derrotado por el demonio de Maxwell. La información, bien entendida, puede revertir la entropía. No la simple memorización, sino la comprensión. Tal vez... En todo caso, considero que no hay más alternativa y el tiempo se agota, el "mundo real" está destruyendo la vida en el planeta real. La vida en sí misma es un proceso antientrópico. Quiero intentar un golpe directo al corazón del demonio entrópico... Así que empezaré a explorar sus debilidades desde las ecuaciones de Maxwell y veré a dónde me llevan. No me importa si al principio me intimidan, no me da vergüenza admitirlo. He pasado los últimos años de mi vida intentando entender los conceptos que justifican esta exploración, este viaje, mi viaje, mi salto a lo desconocido, un salto que ya di sin darme cuenta, el viaje que me llevará a la Luna, los planetas y las estrellas distantes. Mejor las estrellas distantes que el infierno del consumo, no volveré a venderle mi alma al diablo. Y si para evitar venderle mi alma al diablo necesito crear al Demonio de Maxwell... ¡pues que así sea!

Este texto es una declaración.

jueves, 11 de enero de 2018

Más de cinco razones para volver

No sé cómo empezar este post y no precisamente porque no sepa qué decir. Al contrario, si volví al blog bazofia es porque la vida me dio más de cinco razones para volver, no solo al blog sino a la vida misma. Pero no supe cómo empezar porque están desafiladas las espadas del texto y esa es de hecho la primera razón para volver. No en orden de importancia, prioridad, relevancia, no. Simplemente fue la primera que se me ocurrió para darle una estructura a este texto igual de bazofia que todo lo demás que he publicado en este bien querido blog bazofia que me ha sabido acompañar en los momentos más difíciles, en los cambios más radicales, en los giros de la tómbola que es la vida, la vida que quiero vivir a lo Maradona el del guante blanco calzado en el pie del lado del corazón, y también cuando se esfuerza la máquina, de noche y de día, me llaman calle, calle baldosa la revoltosa, bala perdida... 

La última vez que pasé por aquí vine después de un concierto y una noche de sueños muy intensos y dirigidos; me vi forzado a escribir de nuevo aunque había pasado un buen tiempo sin darle a la tecla más que en ocasionales noches de piano-teclado-sintetizador o cualquier palabreja que me venga en mente para evitar la terrible "organeta". Detesto esa palabra, aunque no tanto como la llama mi viejo, "pianola". Llama mi viejo, casualmente (el universo tiene una forma bien curiosa de tejer su entramado) e interrumpe esta disertación que más parece divagación sin origen ni destino, un montón de palabras a la deriva y es que esa es la segunda razón que me dio la vida para volver. Perdí el rumbo hace tanto tiempo que si volviera a pasar por el momento fatídico simplemente no lo reconocería. Muchos años los desgasté viviendo un engaño... on the outside I was the greatest guy but I was dead inside... y sí, si me estoy robando el título de esta entrada de una canción pues por qué no robar frases de otras canciones, como si no lo hubiera hecho un millón de veces ya. Meh. No me importa. No importa porque de nuevo siento que tengo un rumbo y un montón de razones, más de cinco razones para volver...

Muchas veces dije que la autodestrucción consciente era una de las armas más poderosas para luchar contra el sistema de mierda que nos rodea y nos permea hasta la médula del hueso, el sistema de mierda que mata el alma y la convierte en un número y un signo pesos dólares euros yenes yuanes whatever, tú me entiendes, yo me entiendo. Pero la autodestrucción debe parar cuando ya no hay nada más por destruir, cuando se ha cavado tan profundo que no quedan más que el minúsculo relicto de alma que el sistema aún no ha podido podrir y un montón de desperdicios alrededor de lo que alguna vez fue un sujeto admirable por fuera y admirablemente muerto por dentro. En ese instante, cuando el alma queda desnuda, puede empezar la reconstrucción y debo decir que si la autodestrucción es titánica tarea evadida por todos hasta el cansancio, hasta la náusea y el vómito, hasta la embriaguez de los licores fáciles e inmediatos, pues la reconstrucción es el verdadero reto, es el Himalaya, y esa es la tercera razón para volver y querer conquistar los ocho mil ochocientos cuarenta y ocho, pues la vida me dio más de cinco lecciones pa' no seguir y otras cinco razones o más para vivir...

La penúltima vez que esta página en blanco convirtió mis sentimientos en letras me había quedado con las ganas de querer en mis labios, en los suyos, en mi alma, en la suya, en mi corazón abierto al suyo y en su corazón cerrado al mío vaya a saber quién sabe cuál dios por qué demonios. Pero ya está, nadie que está muerto por dentro puede querer sin hacer daño ni hacerse daño. Eso explica de cierta forma que todos mis intentos por querer a mi mujer favorita de turno hayan resultado, tarde o temprano, en estrepitosas caídas al abismo sin saber por qué, culpando siempre a la suerte y al universo por mis errores. Recién ahora entiendo lo que significó el fin del mundo de los mayas, recién entiendo que con ella no pudimos salvar el mundo aquella vez porque no quise y recién logré perdonarme porque recién descubrí el que fue mi error, mi mejor acto de sabotaje, mi ceguera autoinducida. Aquí está la cuarta razón para volver y querer volver a querer querer pues alguna vez leí que querer es un estado volicional de segundo grado o simplemente que uno quiere querer y ya está, aunque es putamente difícil dejar de querer querer y si no lo crees pues dilo tú que, si por obra de todos los dioses del Olimpo estás leyendo estas frases absurdas, ya debes estar harta de que quiera derrumbar la Muralla China entre los dos. No puedo o no quiero dejar de querer quererte o tal vez sí o simplemente no lo sé y me acostumbré mal, me gusta cuando estás y me gusta si te vas, no sé de qué manera me gusta más. Tengo más de cinco razones para quererte y sé que quise decir tu nombre cuando mi primita me preguntó a quién quería querer... si pudiera elegir sabría qué decir, no quiero estar solo nunca más (otra vez robando frases de canciones). Ahora tengo tanta vida que quiero volver a querer y para querer es necesario volver... 

Ni siquiera un choque eléctrico con esas máquinas de los hospitales que usan para revivir a los aspirantes a cadáver (y cuyo nombre no quiero googlear pues prefiero admitir que esta vez me falló el dizque extenso vocabulario) habría funcionado con el zombie que hasta hace poco fui. Necesité estar en el centro de una tormenta eléctrica y por un segundo pensar que ya no solo estaba muerto por dentro sino también por fuera, necesité ver el flash que lo cubre todo de blanco por siempre, aunque esa vez fue solo un segundo que duró una eternidad, necesité fundir todas mis sinapsis y volver a conectarlas desde cero, una a una, en un viaje al interior de mi mente y fuera del universo, necesité esforzar la máquina hasta el máximo para volver a sentir la vida que fluye por mis venas en ríos multicolor, entre vibraciones excelsas, gloriosas, que me hicieron celebrar como la más grande de todas las victorias el simple hecho de estar vivo por dentro y por fuera y sentir la vida de nuevo en cada célula. Necesité canalizar toda mi energía en un solo punto como el más poderoso láser, como el arpa que es capaz de perforar la estratósfera con sus notas y romper las costuras de la Tierra con su vibración para darme cuenta de que la vida me dio más de cinco razones para volver. Se esfuerza la máquina de noche y de día, me llaman calle y ese es mi orgullo no me rebajo ni por la vida...