jueves, 1 de enero de 2026

Ñuque Mapu

Hoy es primero de enero de 2026. Estoy escribiendo esto al volver de una dosis heroica de psilocibina y no sé cómo empezar, así que lo haré de forma directa: ¡¡¡LOGRÉ CONSEGUIRLE FINANCIACIÓN AL PROYECTO Y BECA DE DOCTORADO!!!

Creo que sobran las palabras. En este blog retraté todo el camino, desde el inicio hasta hoy, hasta este sueño cumplido y esta nueva etapa. No sé si sobran o es que no alcanzan, pero las palabras no son la forma adecuada de expresar la profundidad de las emociones encontradas.

Esta victoria es tan enorme que la siento nivel ganar la Copa del Mundo, ahora esto forma parte estructural de mi ser. Soy esta victoria, siempre lo he sido y siempre lo seré. Esta es la base de todo lo que viene de ahora en adelante. ¿Qué se siente ser Luis Díaz, qué se siente ser Maradona? ¿Cómo se siente dar una performance gloriosa en medio de dificultades, obstáculos y heridas que casi te destruyen?

Si tanto me esforcé, me sacrifiqué, lo di todo, si me dejé la piel en la cancha, si el sabor que pasaba por mi boca era una mezcla de sangre, sudor y lágrimas, ahora ese sabor es el néctar más dulce y nutritivo del universo. Hubo gente y circunstancias que me apoyaron y ayudaron un montón, pero esta es una victoria silenciosa de mi esfuerzo, mi terquedad, mi determinación y valentía. Tener los putos huevos tan bien puestos como para no rendirme incluso cuando rendirme parecía la única opción. Si tanto me esforcé, no hay ninguna otra alternativa, ninguna otra posición ética válida que entregarme aún más. Ahora la vida me dio la oportunidad de dedicarme 100% de lleno y completamente a hacer realidad mi sueño. Mi deber, mi sueño, mi ansia más grande es dejarlo todo. Ahora estoy más fuerte que nunca, en la mejor posición posible para hacer realidad mi próxima gran victoria. 

Este proceso de tantos años, tantas lágrimas y tanta adrenalina por las ideas nuevas, desde 2017, desde 2015, se está escribiendo con letras doradas. Y así seguirá siendo. Pasé la prueba de fuego y ahora estoy preparado para ir a la guerra. ¡Por amor a la Madre Tierra soy y seré victorioso! ¡Yo nací para esto! ¡Estoy que me juego y el nuevo torneo empieza YA!



domingo, 10 de agosto de 2025

The Middle

Hace mucho no vengo por acá. Estoy cansado, hoy corrí 16 kilómetros y caminé otros 4. El micropunto me dio mucha energía y era necesario quemarla. Alcanzó de sobra para las introspecciones, para la reconfiguración neuronal, para fijar objetivos y dar los primeros pasos. Quedó energía para correr, aunque, algo que nunca hago, hoy decidí parar cinco minutos y acostarme en el pasto, ver el sol, tomarle fotos a los patitos. Y seguir corriendo. 

De momento empecé a llorar. ¡Salud por eso! 

VAMOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSSS

Empecé a llorar escuchando "The middle" de Jimmy Eat World. La verdad, hasta hoy que iba corriendo, ya en el parkway, kilómetro 12.5 de 13 (fueron 16 al final), fue la primera vez que detallé la letra de la canción. It just takes some time. Everything will be just fine. 

Solo el Padre Sol, la Madre Tierra y mi hermana Luna saben cuánto he sufrido para llegar hasta aquí. Desde que empecé la maestría han pasado más de diez años, desde que empecé con este sueño, Solaria-Aurora, ya casi se cumplen 8 años. Estoy seguro de que hacia agosto de 2017 empecé por primera vez a pensarlo en serio, el día que quedó en los libros es el 15 de septiembre, un día después de la muerte de mi abuelo Luis. Creo que eso ya está narrado en este blog, en algún otro lugar.

Fueron años buscando, investigando, dedicando mi vida de lleno, dejando de lado todo lo demás, renunciando a la comodidad de un presente, tragándome toda la mierda del mundo que te puedas imaginar, imaginaria persona que me lee ahora. Solo el Universo sabe cuánto sufrí durante estos años. Ya a estas alturas ni siquiera sé qué palabras servirían para describir ese sufrimiento, pero haré el intento: mientras un águila me destazaba las entrañas a diario, fui capaz de dar una demostración excelsa de concentración y aprendí la teoría del paradigma holográfico. 

Ayer vi las 4 películas de Rocky en la tarde y en la noche. En algún lugar de este blog, hacia el inicio, en alguna entrada de blog dije que mi don, si es que acaso tengo tal cosa, se parece más al de Rocky Balboa que al de Albert Einstein. Mi don es saber sufrir. A sufrir me enseñaron Buda y el Diego. Ha pasado mucho tiempo, pero esta historia apenas está empezando. 

Me enfrento a un reto muy grande, sin temor a equivocarme puedo afirmar con toda seguridad que, hasta ahora, es el reto más grande y más importante al que me he enfrentado en mis treinta y dos, casi treinta y tres años de vida. Que esto llegue justo para mi cumpleaños 33 es una coincidencia maravillosa, casi diría que no es una coincidencia sino una sincronicidad, en el estricto sentido jungiano de la palabra. Los eventos externos del universo percibido se alinearon con los eventos simbólicos del yo percibido para crear una conjunción cósmica: Finalmente llegó la hora de ser admitido.

Todos estos años estuvieron atravesados por esa duda, hacerlo o no hacerlo. Y si lo hago, ¿en dónde? No me quiero ir de Colombia. Antes tenía una excusa para no querer irme, pero una vez que la excusa expiró, me quedé con las razones válidas: el mundo se está yendo al carajo y no tengo comprada la vida, nadie la tiene. No quiero estar lejos de las personas que amo. El proceso es bastante exigente, de por sí, como para añadirle la extrema dificultad de aprender un idioma nuevo, en un país nuevo, lejos de mi hogar, de la gente que amo, de un abrazo, de un tintico de mi mamá, de un partido con los ponys... 

Ah, la duda.

Pero eventualmente todo está cayendo en su lugar. Llegó una oportunidad, llegó la oportunidad que he estado esperando desde 2017. Quizás la oportunidad estaba ahí antes, sé de 2022, aunque yo no estaba listo en 2022. Ese año estuve al borde del precipicio, literalmente, pero caí en cambio en el lugar que ahora me da de comer y alimenta mis sueños. Así que la decisión está tomada: esta es mi oportunidad, esta oportunidad tiene escrito mi nombre en letras doradas. Todas y todos los budas en las 10 direcciones, mis protectores, el cielo, mi abuelita, ayudaron para que la oportunidad se abriera.

Oficialmente, la oportunidad se abre mañana. Linda sincronicidad, justo después de uno de los mercurio retrógrado más difícil de navegar. Si no estoy mal, mientras estoy escribiendo esto, en el cielo se encuentran alineados mercurio, marte, jupiter y saturno. ¿O es venus en vez de marte? El caso es que el cielo está actuando y mi deber es actuar. Ahora suena en loop "Vive a tu manera" de Herencia de Timbiquí. Solo un camino hacia el final... 

Gracias a la vida porque no es la primera vez que me enfrento a un reto de esta magnitud. En retrospectiva, me parece milagrosa la primera vez. Para esta oportunidad, tengo la experiencia, sé cómo se juegan estos partidos, sé cómo se juegan las finales, sé que las finales no se juegan, LAS FINALES SE GANAN. 

Y eso es lo que voy a hacer. Cada una de las células de mi cuerpo, cada una de las moléculas, de los átomos, de las memorias, las ilusiones, los sueños, la totalidad de mi ser está enfocada hacia un solo objetivo. 

La Madre Tierra conoce perfectamente cuál es mi intención, no me interesa demostrarle nada a nadie. Solo hacer mi trabajo de la forma correcta y cumplir mi misión en esta vida. Para ello... PARA LLEGAR A LA GLORIA NECESITAMOS ENTREGA ABSOLUTA. GANARÉ. SERÉ CAMPEÓN DEL MUNDO.

Solicito ayuda de todas y todos los budas en las diez direcciones del espacio, porque VOY A ENTREGAR LO MEJOR DE MÍ, VOY A DARLO TODO, VOY A DEJARME LA PIEL EN LA CANCHA, SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS, VOY A GANAR. VOY A GANAR!!!! VOY A GANAR ESTA FINAL!!!!! VOY A LOGRAR LA VICTORIA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA HASTA AHORA!!!!!!! 

OM AH HUM VAJRA GURU PADME SIDDHI HUM.

domingo, 19 de mayo de 2024

Siete años en el Tíbet

LO LOGRÉ.

LO LOGRÉ.

APOSTÉ MI VIDA ENTERA A UNA CORAZONADA

Y GANÉ

LO LOGRÉ

SIETE AÑOS ME DEMORÉ 

(y si al principio, a las dos semanas, me hubieran dicho que no me demoraría dos semanas, o dos meses, sino siete años, tal vez no habría aceptado, pero como nadie me lo dijo, acepté)

Y GANÉ

LO LOGRÉ

Ahora solo nos queda el resto de la vida para hacer material lo que conceptualmente ya es real y existe.

Solo nos queda el resto de la vida 

para hacer posible lo que es extremadamente difícil, pero no imposible. 

martes, 22 de agosto de 2023

Desfibrilar un corazón que colapsa

Hoy es el día previo al mercurio retrógrado que acompañará mi cumpleaños y, sin ser esta la entrada tradicional de mi revolución solar, me siento fuertemente impulsado a escribir de nuevo aquí, en este espacio que tanto amo, este lugar que me ha visto llorar los instantes más dolorosos y celebrar los triunfos más grandes de mi vida, este blog que es un retrato fiel y sincero, descarnado, de mis emociones más profundas, aquellas que no se contentan con disiparse entre lágrimas, esas emociones que exigen ser asimiladas y transmutadas mediante la alquimia del texto. 

(Me da risa que ahora les hippies new age le digan revolución solar al cumpleaños, pero también entiendo que existe la revolución de júpiter y ya viví mi primer retorno de saturno, qué gonorrea el retorno de saturno, en todo caso here we are, viendo el atardecer en la panorámica del que ahora es mi nuevo hogar temporal, al fin y al cabo nuevo, al fin y al cabo hogar).

Supongo que es justo la víspera de mercurio retro el momento adecuado para observarse a uno mismo, mirar adentro, mirar atrás, no para retroceder porque volver en el tiempo es una imposibilidad física (deberías saberlo muy bien, en tanto quieres-pretendes-necesitas crear una reinterpretación de la termodinámica basada en el I Ching), sino más para hacer una pausa, descansar, agradecer el camino recorrido y sentirse bien por las dificultades superadas.

De eso va esta entrada. 

Tuve unas dos o tres semanas de fumar marihuana todos los días y ayer empecé de nuevo mi etapa de abstinencia, por lo cual mi cuerpo todavía está adaptándose a estas semanas de no recibir tetrahidrocanabinoides. Traducción: hoy me costó mucho concentrarme en el trabajo. Tanto que en algún momento esa dificultad -natural para quien ha pasado por períodos de abstinencia de THC- empezó a transformarse en inconformidad y dudas. Uno tiende a engañarse muy fácilmente y es fuerte la tentación de caer en la espiral gravitacional de una idea intrusiva. 

Tres semanas son suficientes para crear un hábito, y ese es el meollo de esta entrada, llegué de vuelta a casa y hoy no armé ningún porro, no taqué ninguna pipa (ya no tengo pipa, la boté casi accidentalmente, casi a propósito, no entiendo muy bien cómo fue el proceso intuitivo pero el caso es que no tengo pipa), hoy fue convivir conmigo mismo, sin distracciones. Pasar tiempo con uno mismo no siempre es agradable, menos con un mercurio rx tan cercano, hay ciertas situaciones en mi vida actual que me tienen inconforme y hoy me estaba concentrando un poco de más en esas situaciones. ¿Cuáles? Quizás en otra entrada de blog hablaré de esto, aquí no es el lugar y la intención no es compatible, entonces... después. 

El caso es que, en la contemplación del atardecer, que por cierto se ve magnífico desde la ventana de mi sala (mía es un decir porque pago arriendo, mía solo es la tierra que se incrusta en los raspones y se mezcla con la piel y la sangre viva cuando caigo por estar haciendo deporte) me hizo caer en cuenta del lugar en el que estoy y cómo era mi vida hace un año. 

¿Cómo era tu vida hace un año, joven padawan?

Creo que la historia está mejor narrada cuando la escribí en caliente, en la entrada del cumpleaños pasado, o quizás en la anterior, en resumen, hace un año mi vida era un comedero de mierda del que no parecía encontrar salida alguna. Fue para estos días, si no estoy mal el 17 o 18 de agosto, cuando tuve que comerme medio cartón de lsd para desfibrilar un corazón al borde del colapso. Hace un año me encontré a mí mismo en la situación en la que no tenía trabajo, ni ahorros, nadie creía en mí, estaba siendo una carga para mi mamá y ella me lo hacía saber todos los días. No lo digo en plan culparla o echarle en cara nada, simple y sencillamente la etapa en que podía ayudarle a ella a instalarse en su nuevo apartamento había pasado y yo ya no era más que una boca para alimentar, una frustración, una decepción. Tenía encima ese peso, la carga tan hijueputamente pesada de haberlo tenido todo para triunfar y haber terminado en... nada, en absolutamente nada. 

Así era mi vida antes del ácido lisérgico desfibrilador. Un día después recibí la llamada en la que me dijeron que la convocatoria había salido a mi favor y que el trabajo era mío. 

Y aquí viene el momento de agradecer:

Objetivamente, es un trabajo soñado para mí. Estoy rodeado de libros ambientales, personas que le dedican su vida al ambientalismo, investigadores de clase mundial interesades en ese trabajo teórico por el cual, durante cinco años, solo dos o tres personas en todo este planeta daban un par de centavos. Estoy rodeado de personas que me valoran, que ven mis talentos y me aconsejan para cultivarlos de la mejor forma, gente que sabe mucho sobre economía ecológica que me dice que mi propuesta es prometedora, personas dispuestas a apoyarme sin la necesidad de justificar los motivos por los cuáles decidí que el camino para mi vida era este y no otro. 

Es un trabajo que me permitió independizarme, por fin, y experimentar cómo el desprecio y los constantes y muy crueles juicios de valor por parte de mi familia se desvanecieron, transmutaron en admiración, finalmente los juicios de valor que yo mismo aprendí a hacer sobre mi percibido fracaso también se callaron y poco a poco estoy empezando a adaptarme a mi nueva vida. 

Es un trabajo que me permite dedicarme de lleno a lo que amo y lo que considero más importante en la vida: la protección de la vida en el planeta. Yo no soy activista, no sé sembrar una papa, pero se me da bastante bien la investigación y la creación de nuevas ideas vía asociación, es de hecho lo que he estado haciendo durante los últimos cinco años, crear nuevas ideas mediante la asociación y el diálogo inter y transdisciplinar. Y es lo que me permite ahora este nuevo trabajo, sí, con condicionantes y tiempo más limitado, pero hey, tengo un salario, es decir... ME PAGAN POR HACER LO QUE AMO.

Es un trabajo que me permitió conocer a mi última... digamos... traga, una chica con quien sentí una química que hace mucho tiempo, años, no sentía, alguien con quien las cosas no se dieron por motivos que escapan de mi control, alguien que vino a mi vida, compartió un breve suspiro de su existencia y se fue, dejándome agradecido por la oportunidad de conocerle, alguien que me recordó que existe amor después del amor (o de la catástrofe, debería decir), entendiendo que, igual que la cicatriz de la puñalada que me dieron hace diez años en el brazo derecho, ya sana pero todavía siendo cicatriz, la herida que empezó a abrirse el primer día de esta década, la herida que se infectó y casi acaba con mi vida, esa herida, ahora cicatriz, va a acompañarme hasta el último día de mi existencia bajo este nombre y este cuerpo. En todo caso, gracias a la vida por darme la oportunidad de conocerla, salir con ella, compartir conversaciones de horas, mutando entre temas extremadamente serios y otros triviales, principalmente fulvito...

Es un trabajo que me ha traído nuevas amistades, nuevas mentoras y mentores, abundancia de todas las formas posibles, una situación en la cual me despierto todos los días y no pesa la obligación de trabajar, lo que hago vale la pena, es valioso, ayuda a muchas personas... todavía no puedo creer que la vida me haya regalado un trabajo en el que me pagan por investigar en temas ambientales y por recomendar libros (ok también por cargar cosas, te habla tu pana bibliotecario/cotero). Principalmente, es un trabajo que me permitió volver a integrar el fútbol a mi vida, no viéndolo porque ver partidos puedo hacerlo cada fin de semana, no, este trabajo me permitió la situación por la cual ahora juego fútbol cada 8 días, a veces incluso juego unas tres horas por semana...

Es obvio que la adaptación es difícil cuando los cambios son radicales y es claro que en los doce meses más recientes mi vida estuvo repleta de cambios trascendentales de gran alcance, está bien si en el proceso de adaptación me ha costado tomar un "ritmo de competencia" con el cual pueda sentirme cómodo, satisfecho y a la vez exigido lo suficiente como para crecer sin conformismo. No ha sido fácil, pero ok, todos los días esa es la lucha y de tanto insistir a veces se logran los visajes, entonces eso, seguir insistiendo y esperar que la temporada virgo me ayude en lo suyo y que el mercurio rx sea compasivo, y que además suceda lo que deba suceder. 

Hace un año tuve que tomar medidas extremas para regresar a la vida a mi corazón roto, despedazado, colapsado y sin fuerzas para emitir un solo latido. Hoy, con sus bemoles y sutilezas, pero estoy vivo, más vivo que nunca, hoy siento la sangre recorriendo hasta el último milímetro de mis venas, lo que hace un año era un masacote lamentable es hoy un corazón funcional, fuerte, fortalecido por el hecho de que, sin importar la dificultad que debiera enfrentar, todos los días me pude levantar a entregar lo mejor de mí y todos los días me pude acostar sin la incertidumbre de no saber qué hacer al siguiente día para ganarme la vida, el respeto y el amor que merezco. 

Es cierto, hay un par de circunstancias de mi vida actual con las que estoy inconforme y sobre las que tengo poco control, pero en el panorama general, son solo nimiedades en comparación con la lluvia de bendiciones que la vida me ha regalado. 

No tengo sino motivos para estar agradecido. El desfibrilador hizo lo suyo y lo hizo bien. Esto tiene su truquito y yo lo encontré. 



lunes, 10 de julio de 2023

Lose yourself

El momento es ahora. Es ya. Por si acaso se le olvidó cuánta mierda tuvo que comer para llegar a este momento, solo dele una leída a este blog para que se acuerde de par cositas. El momento es ya. En mes y medio, en tres meses. El momento por el cual he trabajado todos los días de mi vida durante los últimos casi seis años, ese momento es hoy, es ya. 

Creo que ya no importa que, por ejemplo, mi vida amorosa en este momento sea un punto suspensivo en solitario, creo que ya no importa en realidad nada, solo la teoría. Pero no, la verdad es que toda esta situación con Ytana... ahg, ni siquiera tengo palabras, es un vacío, es como un electrocardiograma plano, las barreras son insuperables, no es el momento. 

Pará

Eso es racionalizar

La emoción no se siente así. No se siente. Pero sí se siente, siento algo por ella, no es una pasión desbordante ni un éxtasis extremo imposible de explicar, como un veneno que a la vez se siente como el más dulce de los elisssssires... no, no es así, es tranquilidad, es paz, es el conocimiento interior de que todo va a estar bien. Aunque también me conflictúa que racionalmente no me gusta una mierda que existan esos obstáculos. En fin. Así es la vida, es lo que hay, no tengo más alternativa que tragármela entera, lo detesto, pero es lo que hay. 

Intento que no importe, porque lo que importa en este momento es sacar un modelo de simulación con la idea que he estado construyendo y que ya parece bien detallada, al menos a nivel conceptual. Intento que no importe, pero luego luego sí importa un poquito. Así que no me queda más que aprovechar el día, el momento, el efímero y a la vez eterno ahora, el scrollear reels para decidir cuál enviarle, el brillo ambar que baña de calidez todo lo que se acerca a su sonrisa, no tengo más que el presente... Todo sucede en el presente. Estamos tan distraídos por las memorias y los anhelos, miedos, las ilusiones, que olvidamos que el ahora es ya y que el momento es este, siempre es ahora y es ahora o nunca. 

Porque la vida en el planeta está en peligro. 

Porque los malvados no pueden ganar. 

Somos mejores que esto. 

Mejores que el capitalismo. 

Guiados por el amor a la vida.

El momento es ya. Si hay una etapa en la vida para darla toda y concentrarse al máximo en la consecución de un objetivo, la etapa es esta. Esta es la vida que elegí vivir y las cosas están empezando a salir bien, la oportunidad que tanto he buscado quizás está cerca, más cerca de lo que creo. No lo sé. Solo sé que el momento para darla toda es ya. 

Solicito ayuda de todas y todos los Budas... 

jueves, 8 de septiembre de 2022

Veintinueve años y trescientos sesenta y cuatro días

El primer párrafo es aclaratorio, as always. Este blog solía, o suele, ser mi espacio para la honestidad brutal, para la catarsis, para la verdad pura e incondicionada, o al menos la aproximación burda que me permiten las palabras. La última entrada publicada aquí es de exactamente hace dos años. Eso no significa que no haya necesitado dejar la sangre en el papel (literalmente dejé mi sangre en el papel), que no haya tenido que batirme en luchas inexpresables con el texto, no significa que no haya tenido que dejarme el alma en cada párrafo, que no haya tenido que pelear conmigo mismo y contra el teclado, que producto de largas batallas y conflictos amargos la tecla equis ya no funcione bien, ahora debo oprimirla con paciencia para que me regale una cruz torcida que nunca es una sola, son siempre muchas xxxxxxxxxxxxxxx

Tengo muchas entradas de blog en borrador, incluso texxxxxxxxxtos difíciles de escribir, de leer y de releer, en documentos de word con títulos como "whatever" o "trinity and the one", texxxtos que no me atrevo a traer aquí ni siquiera en borrador, muchas disgresiones y digestiones, malestares estomacales y espirituales que se perdieron en reinicios inesperados y pantallas azules de la muerte. Dos años repletos de pantallas azules, de texxtos perdidos, de ocasiones perdidas, personas, lugares, oportunidades perdidas, dos años en los que me volví todo un experto en perder (woah, esta vez solo salio una xxxxx).

No es fácil para mi perder. En mi vida siempre he estado acostumbrado a coronar largas, épicas batallas en las que me he visto exxxigido a dejarlo todo de mí con victorias gloriosas, memorables. No soy bueno lidiando con la derrota. O no lo era, porque la vida me lo enseñó a las malas. 

Aquí un breve recuento de algunas de las derrotas más dolorosas que he experimentado en mi vida. Con la verdad por delante. Siempre la verdad por delante.

La niña del vestido amarillo.

Ya he hablado mucho de ella en este blog y en el otro (casi todo en las entradas en borrador), escribí y publiqué un cuento para decirle adiós, en el cual dije toda la verdad, de la forma en la que mejor sé hacerlo, esto es, adornada entre ficciones de ópera espacial y múltiples renacimientos. Pero aquí tengo mi otra forma de decir la verdad: descarnada, directa, de frente. Y es que en serio yo tenía muchas ganas de que mi relación con ella funcionara. En serio estaba enamorado. En serio me costó mucho dejarla ir. No la habría dejado ir de no haber sido absolutamente necesario. Pero la verdad es que en serio, a su lado sentía que me estaba olvidando de quién soy yo, ya no era yo sino una versión disminuida de mí mismo, una parodia miserable que sentía la necesidad de arrastrarse y humillarse para obtener el mínimo de atención. Quizás todo el sentido de este sueño convertido en pesadilla fue aprender por las malas que mi felicidad y mi dignidad como ser humano solo dependen de mí mismo y no de cómo cualquier otra persona me trate, sin importar si esta persona es la primera mujer de la que me enamoré en la vida. De vez en cuando, como hoy (ad portas de mercurio retrógrado en mi cumpleaños), vuelvo a repasar el desarrollo de nuestra pesadilla compartida y vuelvo a concluir lo mismo: de no ser por las mentiras horrorosas que ella me dijo, quizás habría pasado mucho más tiempo rogándole por sus migajas, perdiéndome a mí mismo para obtener una mirada suya. Yo sé que cometí errores, pero siempre fui con la verdad por delante, siempre fui transparente, mi ley de vida es la verdad. Y la verdad es que la verdad como ley de vida me da paz para seguir mi vida ya sin ella. Vivir conmigo mismo, en paz. Vivir.

Sigo pensando que el cuento que escribí para decirle adiós es el mejor que he escrito en mi vida. Incluso intenté enviarlo para ser publicado en papel en dos antologías de ciencia ficción. Pero ha pasado casi un año desde entonces y no he recibido noticias. Quizás no es un buen cuento. Aunque fue una buena historia, si "buena historia" significa "historia cargada de dolor y lágrimas". Dos derrotas en una.

O quizás tres.

Alemania. 

En marzo de 2021, cuando nuestra ¿relación? estaba en los estertores de su agonía, llegó una oportunidad inesperada para aplicar a un doctorado interdisciplinar en ciencias ambientales en la Universidad de Munich. Como siempre, con todas las decisiones importantes (como qué hacer para seguir el Tao respecto al desarrollo de la teoría), consulté al Oráculo, quien me autorizó a darlo todo e intentar un escape de película, el escape de una tusa, digno de un drama psicológico en el que el protagonista decide que la mejor forma de enfrentar a sus demonios es huir de las situaciones y los lugares que desencadenaron su manifestación en primer lugar. Sí, yo sé, suena más a la trama de Pedro el Escamoso que a un drama psicológico, pero bueno, quizás es porque mi coping mechanism era de hecho reflejar mi tusa en la de Pedrito Coral. Lo sé, lo sé, suena ridículo cuando lo escribo de esta manera. El caso es que lo di todo, vaya sí que lo di todo, me entregué con todo el corazón para preparar una propuesta de tesis doctoral digna. Un par de meses después, el correo típico, fatídico: 

"Agradecemos su participación en la convocatoria, pero desafortunadamente debemos informarle que usted debe enfrentar su tusa en casa. Nos reservamos el derecho de darle a conocer los motivos por los cuales lo rechazamos, esto con el ánimo de añadir un demonio más a su periplo infernal". 

La llorada maradoniana

En pleno pico de la pandemia, cuando las vacunas ya estaban cerca pero no lo suficiente, durante el momento más álgido del paro nacional, con el fracaso de Alemania aún reciente, la muerte de Maradona todavía pesaba junto a la tusa de la mujer que todos los días durante veinte años anhelé ver de nuevo. Además, otro final se acercaba. Mi familia se rompió con las muertes de mi abuelita y de mi tío (muertes de las que ya he hablado también en este blog), con el resultado de tener que abandonar la casa en la que había vivido desde mis cinco años. La idea no me gustaba, pero debía decirle adiós al lugar que me vio crecer. Decidí que la mejor forma de decirle adiós a mi casa, al barrio del atardecer, a la niña del vestido amarillo, a la familia que alguna vez fue y ya no fue más, era comerme medio trip y hacer veintiunas en el patio, con el balón que me acompañó en mi primera exxxperiencia significativa de fracaso en la vida. Eso hice. Y salí, tripiado, a presenciar el tropel del barrio, la nueva costumbre. Años atrás jamás habría imaginado que el tropel saldría de la Nacho y llegara tan cerca a mis seres queridos, a las calles de mi infancia. Pero ahí estaba, con medio ácido en la cabeza y media lata de lacrimógeno en la garganta, las piedras y las tanquetas mucho más cercanas de lo que cualquier psiconauta aconsejaría. Yo mismo me considero un psiconauta exxxxxxxperimentado, así que no hubo gran lío. El caso. Fue inevitable, fue poético, fue inolvidable. Lloré mucho, aquella indescriptible mezcla lisérgica de emociones, cuando la playlist me lanzó "Live is life", la canción maradoniana por exxcelencia. 

Un mes después de la llorada maradoniana

Aquí no me voy a detener demasiado. Los detalles me los guardo para mí mismo. Solo diré que un mes después, mi grupo de amigos exxxxxxxxxxxxxxxxplotó por los aires, como una bomba de hidrógeno, como las fichas de un rompecabezas que jamás sería armado de nuevo. Piezas. Ninguna imagen coherente. Solo piezas de rompecabezas. Otra vez perdí. Pa la lengua el otro medio ácido.

Astronomía para todos

Cuando se exxperimentan tantas derrotas en línea, cuando pasan meses, años sin que haya motivos para sentir felicidad genuina, uno empieza a creer que no hay futuro, que ya los tiempos de gloria y éxxito quedaron en un pasado inalcanzable, que quizás los sucesos se dieron de esta manera tan desastrosa para despertar a la cruda realidad de que uno jamás fue especial, ni excepcional (woah, una sola equis), uno empieza a convencerse lenta e inexorablemente de que todo está perdido. Entonces uno se aferra a cualquier pedazo de madera para no dejarse ahogar. Mi pedazo de madera ya había sido transformado en hojas, en libro, un libro que compré muchos años atrás durante mi fiebre de comprar libros sin saber si alguna vez los leería. En ese momento, no creía en mí mismo. Pero igual decidí leerlo y tomar notas de ese libro, en una especie de acto poético, un cierre, una rendición. Sabía muy bien hasta dónde había llegado, sabía muy bien lo que me faltaba, incluso hice un cronograma, pero ya no veía ninguna forma de seguir avanzando. Físicamente (quiero decir, financieramente) era imposible continuar. Ánímicamente no había ánimos. Simplemente me estaba acostumbrando a fracasar. Así transcurrieron los siguientes dos meses, hasta la mudanza al lugar desde donde ahora cuento esta historia. Hasta que un día, leyendo el libro, me encontré con una ecuación que me guió a una pregunta, una hipótesis, un "tal vez", un "epaaaaa y qué tal si..."

Y ese "qué tal si..." se convirtió en mi línea de vida, la cuerda que no me dejó caer al abismo. Pero necesitaba ayuda, así que seguí el conducto regular y busqué ayuda con mis papás. Convencer a mi mamá fue difícil, pero finalmente las mamás siempre creen en sus hijos. Con mi papá fue otra historia.

Pinchar en carretera a media noche

Diciembre de 2021. Ya han pasado quince meses desde que escribí la última entrada de blog. Muchas cosas han cambiado en mi vida, pero hay una que se mantiene intacta: el sueño, la necesidad de crear una teoría unificada de economía y ecología. Pensé en pedirle ayuda financiera a mi papá. Lo llamé y concerté un encuentro. Me subí en la bicicleta y pedaleé hasta Cota, subí la bicicleta en la camioneta blanca y empecé a notar algo raro, que se hizo evidente al día siguiente en Cogua. Ni los niños, ni los borrachos ni los budistas dicen mentiras. Por lo que es de esperar que una conversación entre un papá borracho y un hijo budista sea una explosión violenta de verdades, con esquirlas volando por todo el lugar, metralla que se incrusta en los ojos y en la cara y en los muslos y en el alma. No sé si fue un arranque de dignidad o de estupidez, o los dos, pero no aguanté que mi papá dejara a un lado las verdades para pasar a las ofensas con intención de hacer daño. Así que agarré mi bicicleta y emprendí el camino de vuelta. Estuve dispuesto a andar 70 kilómetros por carretera durante la noche, con la visión nublada por una que otra lágrima ocasional. Fue estúpido. Pero por la ayuda de todas y todos los Budas, pinché el neumático trasero y tuve que tragarme la dignidad para ser recogido por mi papá borracho en su camioneta. La violencia nos hizo arriesgar la vida a los dos esa noche. 

Por si faltaba algo para hacerme dudar de mí mismo en un momento extremadamente vulnerable, ahí tenía a mi papá diciéndome abiertamente que se sentía decepcionado de mí, que yo era un drogadicto, un chirrete, un vago inútil que estaba desperdiciando su vida y que él estaba muerto para mí. Regresé al día siguiente al apartamento de mi mamá. Herido, sin esperanza, sin apoyo, sin nada, humillado, hecho pedazos.

Qué es la matemática

Pero el Oráculo no me dejó rendirme. Y vaya que lo intenté. Pasaron los días, las semanas, busqué opciones, busqué trabajos, busqué freelos, busqué fuentes de ingreso, porque de alguna forma debía financiar la investigación. Ese "qué tal si..." fue una pregunta tan grande, tan poderosa, que simplemente estaba convencido de que debía hacer cualquier cosa para responderla (dentro de los límites permitidos para un budista practicante). Le planteé todas las opciones que se me ocurrieron al Oráculo y tuve fuertes conflictos conmigo mismo al ver que ninguna de estas opciones era la adecuada. Algunas lo eran, de manera temporal, pero nada que me sacara de la incertidumbre. Los primeros meses de este 2022 mantuvieron una dinámica... digamos curiosa. Debía dar lo mejor de mí mismo mentalmente y llevarme a límites que no creía posibles, exigencia máxima en medio de una situación de incertidumbre máxima (epa las equis están funcionando bien, creo que es cuestión de "mantener caliente" el teclado para que sirvan las x). De tanto en tanto aparecían vacantes laborales que se ajustaban a mi perfil, pero... lo de siempre: "lamentamos informarle que usted es un fracasado y no nos sirve". 

Así él lo ata a una mata de moras

Hubo muchos días en los que pensé bajar los brazos. No quiero negarlo. Hice de todo para no rendirme, pero el deseo fue bastante fuerte. No veía nada que me indicara que valía la pena continuar. Hubo días, semanas en las que lo único que me mantenía con vida era la bicicleta. De vez en cuando tenía ideas profundas, de vez en cuando el trabajo disciplinado de todos los días se convertía en una que otra realización importante, una conexión inesperada, un motivo para seguir avanzando. Pero el tono general era de injusticia. Sentí que la vida no era justa, que estaba esforzándome y sacrificando todo mi futuro profesional y mi carrera a cambio de... ¿a cambio de qué? ¿de una idea? ¿y cómo vas a pagar las deudas, el mercado, con ideas abstractas sobre la relación entre tus experiencias de meditación y álgebras de cuerpos numéricos construibles mediante regla y compás? ¿cómo te vas a alimentar, con el paradigma holográfico? 

Una de las líneas móviles del hexagrama 12 dice "el estancamiento toca a su fin. 'y si eso falla... y si eso falla...' así él lo ata a una mata de moras". El significado es que cuando el tiempo de estancamiento llega a su fin, es necesario intentar las alternativas que estén disponibles para ocasionar el cambio de era. Si la alternativa falla, hay que buscar la siguiente. Hay que dejarse guiar, pero hay que transitar el camino. Fueron meses muy difíciles, un tránsito que se sintió como subir el Everest enguayabado. Pero el estancamiento no dura para siempre.

The tiger is out

Mañana cumplo treinta años. Hoy tengo veintinueve años y trescientos sesenta y cuatro días de vida. Hace exactamente un mes, el 8 de agosto, el estancamiento tocó a su fin. Finalmente llegó la oportunidad que potencialmente haría que estos meses, estos años de sacrificios valieran la pena. Había mucho en juego. Naturalmente, estaba nervioso hasta el prana que compone mis huesos. Solo había algo sensato para hacer en semejante escenario: Microdosis de psilocibina y a batirnos como tigres en la entrevista. Dos semanas de incertidumbre, sin comunicación de ningún tipo en las que creí que la oportunidad estaba perdida. Ni siquiera el correo de los fracasados. Lloré, grité, pataleé, todo en secreto para que nadie me viera. Pero lloré, grité, pataleé. Incluso sentí la necesidad de un ácido que actuase como desfibrilador, pues mi corazón ya no estaba latiendo. 

Long story short: manifesté el ácido y el ácido llegó a mi vida en el momento en que más lo necesitaba. Tomé notas, decisiones, introspecciones. Le agradecí a la vida por los fracasos, por la tusa de la que me costó mucho salir, por la casa vieja, por el nuevo hogar, por la necesidad de buscar otro nuevo hogar, por los avances en la teoría, por los sacrificios, por el scudetto 19 del Milan (mi primer momento de felicidad genuina, pura y extrema en al menos tres años) y por los fractales. Di gracias por la vida, por mi vida, por este proceso. Y el día siguiente recibí la llamada: conseguí el trabajo en mi alma máter, en el IDEA, el estancamiento tocó a su fin. Había encontrado los medios para poder seguir avanzando en el desarrollo de la teoría que unifica economía y ecología, francamente, mi vida entera es esa teoría, así que básicamente, había encontrado los medios para seguir con vida. No fue una ni fueron dos. Fueron tres polas de la victoria esa noche. 

Don't give in without a fight!

Antes de esa noticia, durante el viaje en ácido, la resolución era que seguiría trabajando y entregándome hasta el 15 de septiembre, día en que se cumplen cinco años desde que tomé la decisión de dedicar mi vida entera al desarrollo de esta teoría. Antes de esa noticia, la razón para desfibrilarme el espíritu era que estaba convencido de haber llegado a mis treinta años habiendo desperdiciado, al menos, los últimos cinco años de mi vida. Después de esa noticia, el color de la experiencia cambió por completo. De repente, empezó a parecer como si todos estos años de arduo trabajo, sacrificios, humillaciones, deudas, limitaciones y pobreza autoinfligida, pareció como si todo hubiera valido la pena. Entonces, ya los treinta años no llegan con la sensación de una vida desperdiciada, de una apuesta perdida, los treinta años llegan con la sensación de que quizás algo relevante puede salir de todo este proceso. Que las cuatrocientas cuarenta y siete páginas que he escrito (y las que faltan), consignando el trabajo de los últimos cinco años, tienen un norte (un sur), un propósito, que no son trabajo echado a la basura. Que ese "qué tal si..." todavía tiene vida y corazón para seguir latiendo, que el hecho de que el camino que elegí para mi vida sea difícil no significa que sea imposible, o que sea un desperdicio, una decepción, simplemente significa que el camino es difícil. Y que tengo ayuda, que la ayuda llega cuando debe llegar, no antes ni después, sino en el momento justo, que a veces es necesario entregarse a las fuerzas que controlan la situación, pues el control individual es, en la mayoría de veces, solo una ilusión. 

Veintinueve años y trescientos sesenta y cuatro días para comprender que no hay que rendirse sin luchar.

Coda: ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!

El viernes pasado me enteré de que el 23 de octubre de 2023 tendrá lugar el congreso mundial de economía ecológica... EN BOGOTÁ. Y no solo eso, será organizado, entre otras, por la UNAL, esto quiere decir, por el IDEA, esto quiere decir, por la Profe, esto quiere decir que si todo sale bien, podré estar involucrado directamente en la organización de ese evento. Al enterarme, el cuerpo me pidió kilómetros, así que salí a satisfacerlo. Recién entrado al parque se largó un aguacero de esos que pocas veces se ve en el año, sin embargo decidí seguir corriendo. Quería experimentar la sensación de correr bajo la lluvia. Resulta que el aguacero también agarró desprevenidos a varios grupos de niños de colegio. Mientras iba por la pista, me crucé con uno de estos grupos, más o menos unos treinta niños de ocho o diez años que, al ver la escena cinematográfica de un desconocido corriendo bajo el diluvio universal, empezaron a gritarle al desconocido "SÍ SE PUEDE, SÍ SE PUEDE, SÍ SE PUEDE", con tanta fuerza y entusiasmo que lograron llenar el corazón del corredor con una convicción. De aquí al 23 de octubre de 2023 creo que puedo tener algo listo, algo digno de ser mostrado en un congreso mundial de economía ecológica. Es un reto bastante difícil. Pero los niños creen en mí. Y los sucesos de los últimos dos años, en especial de las últimas dos semanas, me hacen creer en mí, me hacen creer que sí se puede.  


The Tiger

He destroyed his cage

Yes

YES

The Tiger is out

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Una historia de cumpleaños en cuatro movimientos

Ya sé que cada tanto hago esta aclaración, pero igual siempre me parece adecuada. Este blog no es como el otro. En el otro las historias son ciencia ficción, son poesía, son verdades adornadas con finos vestidos literarios, son florituras danzantes e invasiones extraterrestres. Aquí el estilo es diferente: es desnudo, directo, sin disfraces, honestidad brutal.

Y pues simple. Esta es la entrada tradicional, la del cumpleaños. La de poner en perspectiva (fractal) un año de vida en unos cuantos párrafos. Y este año es particular porque estuvo lleno de sucesos significativos y difíciles, eventos tan desgarradores que resulta imposible salir ileso. No se puede conocer la muerte de forma tan directa sin morir un poco. Y no se puede morir sin renacer o liberarse. Recuerdo haberle dicho a Nata hace unos años que algo en mi interior me decía que yo iba a morir a los 27. Pero en ese entonces no conocía el significado de la palabra "morir". Tampoco entendía que después de todas las muertes viene un renacimiento o la liberación. 

Al principio parecía difícil escoger el tema de esta entrada. Quiero celebrar la vida. Ya conocí a la muerte. Ahora es el tiempo de la vida. Por fortuna, ayer a eso de las 10 pm el tema se reveló a sí mismo. Ayer fue un día muy especial en el desarrollo de la teoría. Muchas veces, en sentido figurado, he dicho que avanzar en la teoría suele hacerse difícil, duele. Pero ayer literalmente me dolía escribir, cada palabra plasmada en el papel era una punzada de dolor que me hacía dudar si era necesario continuar o lo mejor era dejarlo para otro día. Mi instinto habló y decidí continuar, a pesar de mi mano derecha rogando por misericordia. Valió la pena continuar y coroné el momento con la Novena Sinfonía. Otra tradición de cumpleaños que tuvo su origen hoy hace tres años.

El sábado 9 de septiembre de 2017 se celebraron los 50 años de la Orquesta Filarmónica de Bogotá con la interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven en el Auditorio León de Greiff. Ese día cumplí 25 años y parecía ser la celebración perfecta: mi obra clásica favorita, el día de mi cumpleaños y en el corazón de mi amada y doblemente gloriosa Universidad Nacional. Llegamos con mis amigos sobre la hora y ya las boletas estaban agotadas, pero por estar cumpliendo años, hicieron una excepción y nos dejaron entrar a Santiago y a mí. Fue una experiencia sublime e inolvidable presenciar en vivo los cuatro movimientos de esa magnífica obra eterna que me hace sentir exultante de vida cada vez que la escucho.

Como los tiempos de Falcadios son perfectos, para esa época empezaba a germinar la semilla de la investigación transdisciplinar que ahora es mi vida entera. La semana siguiente al concierto de la Filarmónica, dibujé el primer diagrama en la primera libreta de apuntes de investigación (hoy ya voy en la mitad de la quinta libreta) mientras esperaba fuera del León de Greiff a que salieran Juan y Andrés del grado de la maestría. Yo debía graduarme ese día con ellos, pero el universo decidió aplazarlo para el siguiente 11 de abril. A cambio de un motivo para celebrar, me dio para ese viernes 15 de septiembre la muerte de mi abuelo paterno. Ese día, en ese contexto, empezó oficialmente mi investigación. El acto inaugural fue dibujar el boceto de una célula urbana ecoadaptada, inspirada por la descripción de las ciudades en la "Utopía" de Tomás Moro, acompañada por algunos cálculos sencillos y la inscripción: 

"SOLARIA - Don't give in without a fight". 

En ese momento empezó el viaje más importante de mi vida, hasta ahora. Y nació una dinámica intertextual bastante peculiar. Cuando uno decide dedicar su vida entera al desarrollo de una teoría científica, pasan cosas extrañas, densas y videosas.

En retrospectiva, el primer año se sintió como el primer movimiento: La afinación de la orquesta se convierte en una declaración, el desarrollo de una firme resolución inquebrantable, dispuesta a todo. Lo único que tenía claro por aquel entonces era que era ABSOLUTAMENTE NECESARIO (sí, en mayúsculas) crear una teoría que unificara Ecología y Economía. Era claro que la vida me había puesto en una posición privilegiada para intentar una empresa de ese calibre y la vida misma me indicó que esa es mi misión. Sabía que el mejor punto de partida era la Ecological Economics y el enfoque epistemológico de la ciencia posnormal. La primera libreta se convirtió en una lista interminable de los temas que no conocía pero sospechaba podrían ser de utilidad. Los instrumentos se afinan, cada uno toma su posición y emerge una declaración de intenciones, una resolución inquebrantable.

El segundo año fue como el segundo movimiento: un trueno que adquiere fuerza y gracia, que se deleita en su propia evolución y, en movimientos cíclicos, deja ver el sol brillante y la tormenta eléctrica. Entendí que no bastaba con usar la teoría electromagnética de Maxwell-Faraday, que no solo se necesitaba usar la cuántica convencional ni la teoría cuántica de campos sino que era necesario ir más allá. Comprendí que el objetivo era aún más difícil de lo que imaginé al principio, pero antes que desmotivarme, eso me dio más fuerza. No solo bastaba con dedicar mi vida, era necesario cambiar mi vida. Y si yo era renuente a cambiar, la vida misma me obligó a cambiar. El trueno final del segundo movimiento fue una tormenta eléctrica para mi propia vida. 

El tercer año, el tercer movimiento: Después de la tormenta viene la calma. Una calma suave que busca estabilidad después del trueno que estremeció las montañas y el sol que quemó los campos, un lento volver a la vida después de haber visto cara a cara a la muerte. Con paciencia se gestan los compases finales que reúnen, como un holograma, el trueno y el sol abrasador, la firme resolución, la vida, la muerte y el renacimiento. Conocer la muerte es comprender la vida. Y renacer. En este punto se hizo más que real ese voto instintivo que hice algún día a mediados de 2016: si para contribuir a solucionar la crisis ambiental necesito alcanzar la Iluminación, entonces emprenderé el camino. En el tercer movimiento, en la calma que insospechadamente se reconvierte en ímpetu, entendí el porqué de ese voto instintivo, entendí la razón fundamental por la cual es necesario alcanzar y estabilizar una visión iluminada para transformar un mundo plagado de oscuridad. 

Y anoche, después de tres años y tres movimientos sinfónicos, mi mente logró delimitar la pregunta central de la investigación, el corazón, la médula en la columna vertebral del organismo vivo que es este trabajo. Al pensar en esa pregunta, tan sencilla que se puede escribir en nueve palabras, y tan compleja que requiere todos mis esfuerzos físicos, emocionales y mentales para hallarle respuestas, de manera inevitable suenan en mi mente los primeros compases del cuarto movimiento. Más que una declaración, más que el sol abrasador y la tormenta eléctrica, más que la unidad entre la vida, la muerte y los renacimientos, más que la Visión de la Naturaleza de la Mente, más que el voto del bodhisattva y el camino a la Iluminación, es todas a la vez. Simple y profunda, compleja y concreta. Un fractal. Una pregunta fractal. Como esos primeros compases del cuarto movimiento, la pregunta engloba todo lo hecho hasta ahora y permite intuir la potencialidad de lo que viene.

Quienes han escuchado esta sinfonía, saben que el cuarto movimiento es explosivo, revolucionario, inusitado e inédito, algo que nadie veía venir y que transformó la música para siempre, un éxtasis de alegría y vida como nunca hubo ni habrá en la historia del arte, una celebración de la vida por la vida misma y todas sus maravillas. 

Hoy, día de mi cumpleaños, empieza el cuarto movimiento de la investigación. Una oda a la vida, por la vida.