martes, 22 de agosto de 2023

Desfibrilar un corazón que colapsa

Hoy es el día previo al mercurio retrógrado que acompañará mi cumpleaños y, sin ser esta la entrada tradicional de mi revolución solar, me siento fuertemente impulsado a escribir de nuevo aquí, en este espacio que tanto amo, este lugar que me ha visto llorar los instantes más dolorosos y celebrar los triunfos más grandes de mi vida, este blog que es un retrato fiel y sincero, descarnado, de mis emociones más profundas, aquellas que no se contentan con disiparse entre lágrimas, esas emociones que exigen ser asimiladas y transmutadas mediante la alquimia del texto. 

(Me da risa que ahora les hippies new age le digan revolución solar al cumpleaños, pero también entiendo que existe la revolución de júpiter y ya viví mi primer retorno de saturno, qué gonorrea el retorno de saturno, en todo caso here we are, viendo el atardecer en la panorámica del que ahora es mi nuevo hogar temporal, al fin y al cabo nuevo, al fin y al cabo hogar).

Supongo que es justo la víspera de mercurio retro el momento adecuado para observarse a uno mismo, mirar adentro, mirar atrás, no para retroceder porque volver en el tiempo es una imposibilidad física (deberías saberlo muy bien, en tanto quieres-pretendes-necesitas crear una reinterpretación de la termodinámica basada en el I Ching), sino más para hacer una pausa, descansar, agradecer el camino recorrido y sentirse bien por las dificultades superadas.

De eso va esta entrada. 

Tuve unas dos o tres semanas de fumar marihuana todos los días y ayer empecé de nuevo mi etapa de abstinencia, por lo cual mi cuerpo todavía está adaptándose a estas semanas de no recibir tetrahidrocanabinoides. Traducción: hoy me costó mucho concentrarme en el trabajo. Tanto que en algún momento esa dificultad -natural para quien ha pasado por períodos de abstinencia de THC- empezó a transformarse en inconformidad y dudas. Uno tiende a engañarse muy fácilmente y es fuerte la tentación de caer en la espiral gravitacional de una idea intrusiva. 

Tres semanas son suficientes para crear un hábito, y ese es el meollo de esta entrada, llegué de vuelta a casa y hoy no armé ningún porro, no taqué ninguna pipa (ya no tengo pipa, la boté casi accidentalmente, casi a propósito, no entiendo muy bien cómo fue el proceso intuitivo pero el caso es que no tengo pipa), hoy fue convivir conmigo mismo, sin distracciones. Pasar tiempo con uno mismo no siempre es agradable, menos con un mercurio rx tan cercano, hay ciertas situaciones en mi vida actual que me tienen inconforme y hoy me estaba concentrando un poco de más en esas situaciones. ¿Cuáles? Quizás en otra entrada de blog hablaré de esto, aquí no es el lugar y la intención no es compatible, entonces... después. 

El caso es que, en la contemplación del atardecer, que por cierto se ve magnífico desde la ventana de mi sala (mía es un decir porque pago arriendo, mía solo es la tierra que se incrusta en los raspones y se mezcla con la piel y la sangre viva cuando caigo por estar haciendo deporte) me hizo caer en cuenta del lugar en el que estoy y cómo era mi vida hace un año. 

¿Cómo era tu vida hace un año, joven padawan?

Creo que la historia está mejor narrada cuando la escribí en caliente, en la entrada del cumpleaños pasado, o quizás en la anterior, en resumen, hace un año mi vida era un comedero de mierda del que no parecía encontrar salida alguna. Fue para estos días, si no estoy mal el 17 o 18 de agosto, cuando tuve que comerme medio cartón de lsd para desfibrilar un corazón al borde del colapso. Hace un año me encontré a mí mismo en la situación en la que no tenía trabajo, ni ahorros, nadie creía en mí, estaba siendo una carga para mi mamá y ella me lo hacía saber todos los días. No lo digo en plan culparla o echarle en cara nada, simple y sencillamente la etapa en que podía ayudarle a ella a instalarse en su nuevo apartamento había pasado y yo ya no era más que una boca para alimentar, una frustración, una decepción. Tenía encima ese peso, la carga tan hijueputamente pesada de haberlo tenido todo para triunfar y haber terminado en... nada, en absolutamente nada. 

Así era mi vida antes del ácido lisérgico desfibrilador. Un día después recibí la llamada en la que me dijeron que la convocatoria había salido a mi favor y que el trabajo era mío. 

Y aquí viene el momento de agradecer:

Objetivamente, es un trabajo soñado para mí. Estoy rodeado de libros ambientales, personas que le dedican su vida al ambientalismo, investigadores de clase mundial interesades en ese trabajo teórico por el cual, durante cinco años, solo dos o tres personas en todo este planeta daban un par de centavos. Estoy rodeado de personas que me valoran, que ven mis talentos y me aconsejan para cultivarlos de la mejor forma, gente que sabe mucho sobre economía ecológica que me dice que mi propuesta es prometedora, personas dispuestas a apoyarme sin la necesidad de justificar los motivos por los cuáles decidí que el camino para mi vida era este y no otro. 

Es un trabajo que me permitió independizarme, por fin, y experimentar cómo el desprecio y los constantes y muy crueles juicios de valor por parte de mi familia se desvanecieron, transmutaron en admiración, finalmente los juicios de valor que yo mismo aprendí a hacer sobre mi percibido fracaso también se callaron y poco a poco estoy empezando a adaptarme a mi nueva vida. 

Es un trabajo que me permite dedicarme de lleno a lo que amo y lo que considero más importante en la vida: la protección de la vida en el planeta. Yo no soy activista, no sé sembrar una papa, pero se me da bastante bien la investigación y la creación de nuevas ideas vía asociación, es de hecho lo que he estado haciendo durante los últimos cinco años, crear nuevas ideas mediante la asociación y el diálogo inter y transdisciplinar. Y es lo que me permite ahora este nuevo trabajo, sí, con condicionantes y tiempo más limitado, pero hey, tengo un salario, es decir... ME PAGAN POR HACER LO QUE AMO.

Es un trabajo que me permitió conocer a mi última... digamos... traga, una chica con quien sentí una química que hace mucho tiempo, años, no sentía, alguien con quien las cosas no se dieron por motivos que escapan de mi control, alguien que vino a mi vida, compartió un breve suspiro de su existencia y se fue, dejándome agradecido por la oportunidad de conocerle, alguien que me recordó que existe amor después del amor (o de la catástrofe, debería decir), entendiendo que, igual que la cicatriz de la puñalada que me dieron hace diez años en el brazo derecho, ya sana pero todavía siendo cicatriz, la herida que empezó a abrirse el primer día de esta década, la herida que se infectó y casi acaba con mi vida, esa herida, ahora cicatriz, va a acompañarme hasta el último día de mi existencia bajo este nombre y este cuerpo. En todo caso, gracias a la vida por darme la oportunidad de conocerla, salir con ella, compartir conversaciones de horas, mutando entre temas extremadamente serios y otros triviales, principalmente fulvito...

Es un trabajo que me ha traído nuevas amistades, nuevas mentoras y mentores, abundancia de todas las formas posibles, una situación en la cual me despierto todos los días y no pesa la obligación de trabajar, lo que hago vale la pena, es valioso, ayuda a muchas personas... todavía no puedo creer que la vida me haya regalado un trabajo en el que me pagan por investigar en temas ambientales y por recomendar libros (ok también por cargar cosas, te habla tu pana bibliotecario/cotero). Principalmente, es un trabajo que me permitió volver a integrar el fútbol a mi vida, no viéndolo porque ver partidos puedo hacerlo cada fin de semana, no, este trabajo me permitió la situación por la cual ahora juego fútbol cada 8 días, a veces incluso juego unas tres horas por semana...

Es obvio que la adaptación es difícil cuando los cambios son radicales y es claro que en los doce meses más recientes mi vida estuvo repleta de cambios trascendentales de gran alcance, está bien si en el proceso de adaptación me ha costado tomar un "ritmo de competencia" con el cual pueda sentirme cómodo, satisfecho y a la vez exigido lo suficiente como para crecer sin conformismo. No ha sido fácil, pero ok, todos los días esa es la lucha y de tanto insistir a veces se logran los visajes, entonces eso, seguir insistiendo y esperar que la temporada virgo me ayude en lo suyo y que el mercurio rx sea compasivo, y que además suceda lo que deba suceder. 

Hace un año tuve que tomar medidas extremas para regresar a la vida a mi corazón roto, despedazado, colapsado y sin fuerzas para emitir un solo latido. Hoy, con sus bemoles y sutilezas, pero estoy vivo, más vivo que nunca, hoy siento la sangre recorriendo hasta el último milímetro de mis venas, lo que hace un año era un masacote lamentable es hoy un corazón funcional, fuerte, fortalecido por el hecho de que, sin importar la dificultad que debiera enfrentar, todos los días me pude levantar a entregar lo mejor de mí y todos los días me pude acostar sin la incertidumbre de no saber qué hacer al siguiente día para ganarme la vida, el respeto y el amor que merezco. 

Es cierto, hay un par de circunstancias de mi vida actual con las que estoy inconforme y sobre las que tengo poco control, pero en el panorama general, son solo nimiedades en comparación con la lluvia de bendiciones que la vida me ha regalado. 

No tengo sino motivos para estar agradecido. El desfibrilador hizo lo suyo y lo hizo bien. Esto tiene su truquito y yo lo encontré. 



lunes, 10 de julio de 2023

Lose yourself

El momento es ahora. Es ya. Por si acaso se le olvidó cuánta mierda tuvo que comer para llegar a este momento, solo dele una leída a este blog para que se acuerde de par cositas. El momento es ya. En mes y medio, en tres meses. El momento por el cual he trabajado todos los días de mi vida durante los últimos casi seis años, ese momento es hoy, es ya. 

Creo que ya no importa que, por ejemplo, mi vida amorosa en este momento sea un punto suspensivo en solitario, creo que ya no importa en realidad nada, solo la teoría. Pero no, la verdad es que toda esta situación con Ytana... ahg, ni siquiera tengo palabras, es un vacío, es como un electrocardiograma plano, las barreras son insuperables, no es el momento. 

Pará

Eso es racionalizar

La emoción no se siente así. No se siente. Pero sí se siente, siento algo por ella, no es una pasión desbordante ni un éxtasis extremo imposible de explicar, como un veneno que a la vez se siente como el más dulce de los elisssssires... no, no es así, es tranquilidad, es paz, es el conocimiento interior de que todo va a estar bien. Aunque también me conflictúa que racionalmente no me gusta una mierda que existan esos obstáculos. En fin. Así es la vida, es lo que hay, no tengo más alternativa que tragármela entera, lo detesto, pero es lo que hay. 

Intento que no importe, porque lo que importa en este momento es sacar un modelo de simulación con la idea que he estado construyendo y que ya parece bien detallada, al menos a nivel conceptual. Intento que no importe, pero luego luego sí importa un poquito. Así que no me queda más que aprovechar el día, el momento, el efímero y a la vez eterno ahora, el scrollear reels para decidir cuál enviarle, el brillo ambar que baña de calidez todo lo que se acerca a su sonrisa, no tengo más que el presente... Todo sucede en el presente. Estamos tan distraídos por las memorias y los anhelos, miedos, las ilusiones, que olvidamos que el ahora es ya y que el momento es este, siempre es ahora y es ahora o nunca. 

Porque la vida en el planeta está en peligro. 

Porque los malvados no pueden ganar. 

Somos mejores que esto. 

Mejores que el capitalismo. 

Guiados por el amor a la vida.

El momento es ya. Si hay una etapa en la vida para darla toda y concentrarse al máximo en la consecución de un objetivo, la etapa es esta. Esta es la vida que elegí vivir y las cosas están empezando a salir bien, la oportunidad que tanto he buscado quizás está cerca, más cerca de lo que creo. No lo sé. Solo sé que el momento para darla toda es ya. 

Solicito ayuda de todas y todos los Budas...