El funcionario que recibe las órdenes de pago estaba de cumpleaños. Tal vez por eso quiso ayudarme, a pesar de saber que ya había pasado el límite del medio día y que un par de formatos tenía errores en algún número pendejo. Fue muy frustrante cuando estuve en su oficina por primera vez y descubrí que, por otro error pendejo, pasaría unas semanas más viviendo entre deudas y monedas. Una semana es más que suficiente, no sé cómo he podido resistir tanto tiempo. No sé cómo lo hacen los que tienen que vivir su vida en las vecindades del cero absoluto. El caso es que fue muy videoso experimentar de primera mano lo que Orwell quiso retratar en la aspidistra. Al llegar a casa, después de recibir una muy buena noticia en una llamada mientras iba en el Transmilenio, salté de felicidad. Pero no fue la felicidad pura, esa que está reservada para escasos y eternos instantes de gloria, sino más ese tipo de felicidad que da cuando uno se libera de una carga de una tonelada en la espalda.
Se supone que iba a escribir esta entrada de blog el sábado, un día antes de cumplir años, como ha sido tradición en este y los otros blogs bazofia. Ese día hice de todo (incluyendo entrar a una sede de la cienciología a escuchar el parlazo y emborracharme con mis amigos) pero no escribí. Es muy videoso darme cuenta de que ahora escribir es mi trabajo cuando muchas veces fue la vía de escape, el medio de liberación, la catarsis, whatever. Ahora escribir estas entradas es diferente, es un poco más difícil mantener el estilo de este blog a lo bestia, violento y radical.
Anoche volví a soñar que estaba de vuelta en la Habitación 101. Me parece muy curioso que siempre que vuelvo en sueños a la Habitación 101 del Ministerio de la Eficiencia hay dos variables que configuran el sentido del sueño, siendo todo lo demás un simple escenario. La primera es la arquitectura y la locación geográfica del Minficiencia. La segunda es que siempre queda un asunto inconcluso en el sueño. No entraré en detalles de los sueños anteriores en la 101 o en otros lugares dentro y fuera de este planeta porque eso requeriría otra entrada, quizás otro blog dedicado a interpretar mis sueños, quizás algo tan privado que me gustaría escribir pero no compartirlo, no sé. Solo quiero contarle a quien quiera que esté leyendo que anoche el Minficiencia tenía una arquitectura simple, brutalista y con solo tres paredes. La cuarta pared ya no existía, fue como si alguien hubiera puesto una bomba de antimateria que la hiciera desaparecer de nuestro universo observable. Como sea, la cuarta pared ya no existía, alguna vez estuvo ahí pero ya no. Después de cerrar los asuntos inconclusos, tuve frente a mí una maravillosa vista de las luces de los postes lejanos de la ciudad, justo unos minutos antes del amanecer.
Me parece que, esta vez en particular, la interpretación es muy clara.
Antes de escribir esta entrada leí por encima un par de entradas viejas y debo decir que estoy un poco aturdido por la naturaleza del cambio, por la coevolución y por la puesta en práctica de la comprensión fenomenológica de los procesos en primera persona. Estoy aturdido por darme cuenta del poder que tienen unos simples quantums y flujos de información en nuestras vidas y en nuestra compleja humanidad. La ausencia o presencia de ciertos marcadores sematectónicos en nuestro entorno puede moldear por completo la existencia y la conciencia; parece que la epistemología reflexiva es más completa que la cartesiana. La individualidad es una ilusión, un sueño del cual es difícil escapar. Tal vez el Yoga, Tao o como quieras llamarlo, tal vez el amoracción sí es la ciencia suprema, tan satisfactoria como difícil de practicar.
En todos los procesos, la inercia puede ser la mejor aliada o la peor enemiga. En todos los procesos el cambio es inevitable. La dualidad onda-partícula tal vez está presente también en nuestra cotidianidad, tal vez hace parte de la esencia misma de la conciencia. Está muy presente en todos mis proyectos, de eso no hay duda. No se trata solamente de lo que veas sino cómo lo interpretas y qué haces con ello, cómo transformas el mundo con tus acciones, teniendo la certeza de que todas tus acciones tienen efectos, pero la mayoría de las veces sin tener idea de qué tipo de efectos tendrán. En ese sentido, vivir es una apuesta. Lo contrario de arriesgar es subsistir, mejor dicho, infraexistir. La inercia en algunos procesos es la mejor aliada, pero si se la deja actuar en otros, sin duda es la peor enemiga. Vivir implica superar la condición prenatal, salir de la matriz y de la matrix, aprender a usar la inercia y aprender a trabajar para contrarrestar sus efectos. O al menos eso pienso hoy.
El tiempo no existe sin memoria. O en otras palabras, el tiempo es una ilusión que nos ayuda a darle sentido al cambio permanente y al flujo de energía en nuestras conciencias limitadas. Nunca es ayer y nunca será mañana. Siempre es hoy. Vamos apenas unos microsegundos por detrás en la carrera entre nuestras limitaciones cognitivas y la complejidad creciente del universo que nos rodea. Aunque a veces vamos varios miles de millones de años atrás. En todo caso, siento que el tiempo es una ilusión de la energía y la memoria. Emmy Noether ya había intuido lo mismo un siglo atrás, lo escribió en lenguaje formal y, al hacerlo, allanó el camino hacia nuestra comprensión actual de nuestro universo a nivel macro y a nivel micro. ¿Por qué nadie ha propuesto usar sus ideas en el nivel de realidad de nuestra conciencia limitada? Queda esa pregunta en el aire para la próxima entrada.
Esta entrada fue particularmente difícil de escribir. El año de vida que murió antier fue particularmente difícil de vivir, creo que el más difícil de todos. Pero también fue el más formador hasta ahora. El año nuevo que nació ayer será difícil, pero también muy emocionante, tengo muchas expectativas y siento que poco a poco me estoy acercando a mi nueva mejor versión, algo que no sentía hace mucho tiempo. El tiempo es una ilusión de la memoria y las memorias de mi año más reciente son difíciles, dolorosas, pero también cargadas de momentos de gloria y felicidad pura, de cambios trascendentales en mi forma de entender la vida, el universo y todo lo demás. Estoy muy contento y confío en mi proceso. Si he confiado en los momentos más difíciles, en los que todo era oscuridad, cómo no confiar cuando la oscuridad empieza a cederle terreno al amanecer. Este cumpleaños ha ido en crescendo y la celebración aún no termina; hay muchos motivos para celebrar. El amor de mis amigos y de mi familia se siente como la cálida fogata en casa, después de varios días en la intemperie cruel e indiferente.
Aurora anuncia la llegada de Solaria.