viernes, 18 de mayo de 2018

Shiva en el cuadrilátero

El karma es el resultado de todas las acciones y omisiones pasadas. No quiero culpar a nada ni a nadie por mi situación actual, debo admitir, aunque duela, que todo esto es producto de los errores que me he esforzado en cometer y repetir. A veces suelo jactarme de que aprendo muy rápido pero me veo en la obligación de aceptar que esto no es cierto en todos los casos. Hay lecciones que me han costado mucho y en ocasiones simplemente no he querido aprender.

La tercera ley de la mecánica de Newton reza que a cada acción corresponde una reacción de igual magnitud y en sentido inverso. ¿O es la segunda? No estoy seguro y no voy a desperdiciar megabytes en corroborarlo. Una pendejada, pero ahorrar datos es ahora una necesidad. Voy en el bus hacia el cumpleaños de uno de mis mejores amigos y en este breve espacio de soledad fue absolutamente necesario escribir esto. Debo dejarlo salir para que no me afecte en la celebración de la vida de una de las mejores personas que tengo la fortuna de conocer.

Soy enemigo del mecanicismo como postura ontológica pero en este caso particular parece funcionar bien el postulado. Igual quiero replantearlo: la acumulación de las acciones genera un conjunto de reacciones en sentido inverso, tal vez no en igual magnitud, a veces en mayor o menor medida, pero siempre hay consecuencias, tal vez no en una combinación lineal, la complejidad sistémica va más allá. En todo caso, todo esto me lo busqué.

Hoy siento como si el universo entero, tan aleatorio e impredecible como es, se estuviera empeñando en hacerme entender que debo pagar el costo por mis vicios, mis omisiones, mi desidia, whatever. Esta pesadez en el alma no es gratuita, es mi recompensa, aunque de todas formas quiero pensar que esto es un regalo. A ver si de una vez por todas aprendo la lección.

Durante los últimos años mi visión del mundo ha cambiado tantas veces que ahora se me dificulta mirar hacia atrás y reconocerme a mí mismo en el ser que fui. He cambiado, el cambio es inevitable, nada es permanente. No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor porque estaría ignorando la esencia misma del cambio: la adaptación. El tiempo avanza irrevocablemente en una sola dirección, incluso la memoria está sujeta a esta cruda realidad, el prisma con el que uno recuerda el pasado también está afectado por los cambios en uno mismo. Lo que hoy recuerdo no es lo mismo que recordé ayer ni lo que recordaré mañana. Simplemente, así funciona este universo.

Cuántas veces, en el transcurso de los últimos días, me dejé llenar de rabia contra el universo por complicar hasta el extremo asuntos que deberían ser triviales y sencillos. Quise caer en la tentación de culpar de mis desgracias a la existencia misma, a una racha de mala suerte, la tentación de humanizar el devenir aleatorio e indiferente de los acontecimientos, librarme de mis responsabilidades en el desenvolvimiento de mi propia vida.

Hace unos meses escribí en este mismo blog que, si fui bendecido con un don, no se parecía tanto al de Albert Einstein pero sí al de Rocky Balboa. Hoy quiero recordar esas palabras y reconocer que la vida me está golpeando fuerte porque así mismo lo decidí, no una sino muchas veces. Me estoy rompiendo la cara y el alma a puñetazos en un cuadrilátero, luchando conmigo mismo.  Estoy pagando el costo por mis acciones y, principalmente, por mis omisiones. Detesto admitir que las dificultades económicas me están consumiendo, porque no debería ser así, no debería dejarme afectar tanto por ello. Pero las reglas del juego no las escogí yo, al igual que miles de millones de personas, no tengo alternativa, al menos no en el corto plazo.

El tiempo no se detiene, todo esto también pasará, es inevitable, pero no veo el momento de que pase ya, que quede solo como el recuerdo de una etapa muy importante de mi vida, una etapa en la que no tuve más alternativa que tomar decisiones radicales y de asumir el cambio como una misión. Sé que esta etapa es relevante, lo es, sé que todo mi futuro estará muy fuertemente influenciado por lo que ha pasado en los últimos meses. Pero mi paciencia se está agotando. También sé que la hora más oscura siempre es justo antes del amanecer. Aunque he pasado mucho tiempo en la oscuridad, no me he acostumbrado, no es fácil.

Solo espero el amanecer. No todo han sido errores y lecciones difíciles de aprender. La apuesta que hice con mi vida es una apuesta fuerte. Quisiera pensar que toda esta pesadez del alma habrá valido la pena algún día, que el aprendizaje duele y hoy me duele, pero el cambio es inevitable y el karma también. No todo han sido malas decisiones y errores. Algo bueno habrá de salir de todo esto. Solo quiero ver salir el sol de nuevo.