martes, 17 de abril de 2018

Yeah you know how I feel

Esta entrada de blog es particularmente especial.

Pensé que podría terminar el libro de Georgescu-Roegen en tan solo dos días y esa idea, que ahora descarto, es patente de que estuve pordebajeando la potencia del razonamiento del genio rumano. No porque lo haya subestimado, sino porque no imaginé que una disertación sobre el papel de la entropía en el proceso económico tuviera que estar tan sólidamente fundamentada en filosofía de la ciencia. O bueno, sí lo imaginé, si no lo hubiera visto venir significaría que el último año de trabajo fue perdido y, te lo puedo asegurar con todo lo que soy, querida/o lector(a) imaginaria(o) que el último año de trabajo fue el más provechoso de mi vida hasta ahora. Simplemente no pude dimensionar el nivel de densidad del libro, que igual tampoco es taaaan denso, pero sí exige tomarlo con calma pues, en palabras del gran Clovis Cavalcanti, ese libro te hace hervir el pensamiento. Ya pasó una semana desde que me prometí, de forma absurda, terminarlo antes del grado, o mejor, como regalo de grado. Que igual lo viene siendo, aunque también vino un libro que me tiene casi igual de ansioso, un regalo de un amigo de los de vieja data, de los del primer semestre del pregrado.

En estas breves líneas puedo evidenciar de alguna forma lo que siempre he sospechado desde que empecé a escribir: el libro que uno está leyendo influencia el estilo literario a la hora de la verdad, cuando uno está frente a la hoja en blanco y las manos están ansiosas por sacarle fuego a la tecla. Ese extraño fenómeno hace que la elección de los libros por venir sea de relevancia fundamental para cualquier escritor yanoamateur casicasiprofesional como su humilde servidor. Sí, ya no me considero taaaan amateur como cuando empecé a escribir este blog y los otros blogs que lo precedieron, aunque este texto grite lo contrario. Ya estoy en otro nivel, se supone. De alguna forma y más allá de las ceremonias, las fotos, los brindis, las palabras, la fiesta, la embriaguez de gloria, de whisky y de aguardiente, me siento en un nivel diferente.

Esta entrada de blog es particularmente especial. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo aquí sin estar triste, desanimado, deprimido, con el corazón roto, tremendamente confundido, con ganas de mandarlo todo a la mierda, de nadar en mierda o de simplemente buscar el camino para poder vivir hablando mierda sobre este mundo de mierda, desesperado buscando una salida de mi océano de mierda... Esta es una entrada especial, extraña, diferente. La palabra es diferente. Lo puedo notar en cada golpe que dan las yemas de mis dedos al teclado de mi computador viejo, lo puedo notar en el estilo, en las palabras que fluyen, en cómo fluyen. Es altamente evidente que este texto carece de lo que se ha convertido en la marca característica de este bien querido blog bazofia: el estilo taciturno, las figuras rebuscadas, las constantes distorsiones de la gramática, la incorrecta redacción (no, la incorrecta redacción se mantiene, pero hoy es diferente) y las ideas oscuras, fluyan mis lágrimas dijo el policía. No. Hoy no tengo ideas oscuras. Hoy tengo ideas arbóreas.

Estuve más de un año atascado en arenas movedizas, el coronel es un genio pero vio demasiadas cosas y vamos a ejecutarlo en aguas peligrosas. Pasé días y noches sin descanso, sobreanalizando las contradicciones del capitalismo, principalmente en relación al doble rol de la alienación de la mano de obra en los procesos de producción y consumo, usándome a mí mismo como conejillo de indias. Fui mi propio sujeto de investigación y, por algunas falencias en el diseño experimental, maté a mi rata de laboratorio. No fue fácil renacer, no fue un proceso indoloro, muchas veces pensé estar finalmente listo, tan solo para recaer, llorar de desesperación y darme cuenta de que no era así, siempre faltaba algo. No sé qué era. Pero faltaba algo. Tal vez lo que faltaba era deshacerme en lágrimas una vez más, esta vez frente a (casi) todos mis amigos cercanos, tal vez lo que faltaba era la ceremonia, el protocolo, la catarsis etílica y el guayabo más feliz de mi vida hasta ahora. En todo caso, ya no falta nada. O eso creo. Me siento... diferente.

Hoy tuve una especie de déjà vu. Volví al año 2014 y me vi en mi primer día de trabajo como profesional, inexperto, callado, en una reunión, haciendo nada más que comentarios obvios y anotando todo cuanto escuchaba en mi libreta (no la de ideas arboreodisruptivas sino otra, ahora tengo varias libretas). Pero no fue un déjà vu, fue algo diferente. Hoy no estaba en el primer círculo del infierno escuchando el veredicto del mismo Satanás que recitaba cada uno de mis pecados, evitando mencionar los castigos que me esperaban ansiosos en los otros círculos, pues la incertidumbre era el primer castigo. Hoy fue diferente, hoy me sentí tranquilo, con las ideas muy claras, expectante, centrado, hoy no estaba en el infierno. Al parecer, descubrí el secreto para hacer que la alienación funcione en mí. La respuesta, la mejor solución que pude encontrar después del indecible sufrimiento resultó siendo sorprendentemente sencilla: la clave fue encontrar un hobby con salario que me permitiera enfocarme en el trabajo que realmente deseo hacer aunque nadie me pague por hacerlo.

La verdad es que, dicho así, suena bastante fácil, pero créeme que no lo fue. Créeme que casi pierdo todo lo que soy tratando de encontrar esa respuesta. Casi podría atreverme a decir que hoy tuve éxito por primera vez en la práctica del yoga de la acción. Casi podría atreverme a decir que lo de hoy fue una pequeña muestra de... ¿felicidad? No. Esto no es felicidad, es algo... diferente. Podría llamarlo "paz interior", sabiendo que no lo es exactamente, pero se acerca. Como sea, creo que ya sé cómo decirlo.

Stars when you shine, you know how I feel. Rivers running free, you know how I feel...

sábado, 7 de abril de 2018

All-in (o la vida medida en mundiales)

Estoy en una etapa de la vida que solo puedo catalogar como irreal. La próxima semana será el grado, ¡por fin el grado! Luché tanto por este momento que, al repasar el camino que me trajo hasta aquí, solo puedo describir el proceso como algo irreal, fuera de cualquier atisbo de seguridad o estabilidad. Nadie sabe por todo lo que he tenido que pasar para llegar hasta aquí; la expresión "ganarlo a pulso" no hace honor a la verdad, se queda demasiado corta. Ha sido un camino repleto de saltos arriesgados al vacío y apuestas al todo o nada, de esfuerzos y de lágrimas en todo el espectro de emociones que puede experimentar un ser humano. Me volví un especialista en jugar all-in y no perder, aprendí a ganar incluso cuando tuve que perder. A pesar de que esta entrada de blog parezca decir lo contrario, me cuesta mucho verbalizar las sensaciones. El proceso, mi realidad inmediata, el contenido de mi última conversación, todo parece salido de otra vida. Pero no, esto es lo que busqué, esto es por lo que he luchado los últimos cuatro años, esto es lo que soñé. No. Corrijo. Esto es mejor. 

Todas las personas que me conocen de cerca me han escuchado hablar al menos unas diez veces sobre las contradicciones entre el modelo económico hegemónico y las dinámicas de los ecosistemas, la crisis ambiental, los escenarios de futuro, la necesidad de una revolución, el tiempo que se agota. Ese tema ha ocupado toda mi capacidad mental y mi fuerza espiritual, ha marcado mi vida desde que se jugó el último mundial, cuando decidí jugármela por la defensa de la vida en este planeta. Hace cuatro años me sentía perdido y lo único que tenía claro era que la vida que estaba siendo forzado a vivir se encontraba demasiado lejos de lo que soy como persona, de lo que quiero, de lo que creo que es justo, lo que creo que debe hacerse, muy lejos de lo que soy capaz. 

Así que salté al vacío.

Han pasado cuatro años de aprendizaje inconmensurable e invaluable, de riesgos necesarios disfrazados de decisiones estúpidas, cuatro años de experiencias maravillosas, de salones de clase en los que aprendí y de salones en los que pude compartir con mentes brillantes y un poco más jóvenes las inquietudes, ideas, pasiones y preguntas que no me dejaron dormir en incontables noches. También han pasado errores, malas decisiones, riesgos innecesarios y oportunidades perdidas, saltos vacíos al vacío y pasos en falso, meses de encierro en cárceles voluntarias y un par de ocasiones en las que mi vida estuvo en riesgo por mis propias decisiones. Este blog me ha ayudado a retratar algunas etapas clave en el proceso, aunque debo decir que otras muy importantes han quedado por fuera. Ya vendrá el tiempo de contarlas todas. Como sea, le tengo un cariño especial a este espacio, mi espacio para la honestidad brutal que probablemente a nadie más importa, solo a mí. 

Jugar al todo o nada, ir all-in detrás de lo que uno cree que es correcto y debe hacerse, por más utópico que sea, por más imposible o estúpido que parezca, es en sí mismo un riesgo innecesario, una decisión nada fácil de tomar y un salto inevitable al vacío. También es una paradoja y un cliché, pero como he dicho ya en incontables ocasiones, nada es un cliché cuando lo tienes que vivir en carne propia. "All-in" es una expresión que cobra un significado bastante práctico cuando has decidido trabajar en libertad (de tiempo y de salario), cuando no tienes un solo peso en tu billetera pero a cambio tienes una libreta que llenas día a día con ideas disruptivas, revolucionarias, extremadamente novedosas e innovadoras, pero inconclusas y aún inconexas, ideas que te han costado noches de sueño, ideas que te han exigido renunciar a algunos placeres inmediatos que solías creer necesarios, a la seguridad que dan los números en una cuenta bancaria, ideas que, en un sentido muy literal, te han costado sangre, sudor y lágrimas. Mira tú, otro cliché vivido en carne propia.

Comprendí qué significa realmente jugar "all-in" cuando me vi endeudado con todas las personas e instituciones con las que me fue posible adquirir deudas, lo entendí en la vergüenza de pedir otros diez mil pesos prestados, lo entendí cuando tuve que pedirles paciencia a todas las personas que conozco pues cambiar el mundo es una tarea titánica que debe acometerse con paciencia, disciplina, cuidado, conocimiento profundo, preocupación, concentración, amor y movimiento. Debo reconocer que llamé la atención, pedí que los focos se posaran sobre mí y fallé en la soberbia de una excesiva seguridad infundada. Pero sé que también Maradona falló algunos penales.

Después de mucho tiempo y esfuerzo, de observación metódica y de meditación activa, de intentar entender e interiorizar ideas altamente disruptivas que me obligaron a replantear mi forma de ver el mundo, no una sino muchas veces, en ocasiones incluso varias veces en el mismo día durante muchos días seguidos, después de verme ante la ineludible necesidad de destruirme por completo y empezar la reconstrucción desde cero, después de años enteros intentando comprender la naturaleza, de amarla y de dejar muchas cosas de lado para acercarme tan solo un poco a una mejor comprensión, a veces descuidando mi apariencia, mis saldos en rojo y otros aspectos básicos de mi propia vida, después de un ejercicio reflexivo que me llevó a conocer lo peor de mí mismo, y también lo mejor, después de sacrificios inconmensurables, de negaciones y de muchos errores, después de cuarenta (¿o cincuenta, o mil?) noches meditando bajo un árbol...

La naturaleza me ha contado al oído algunos de sus secretos más profundos.

Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, el universo es un fractal. Los árboles son como los imanes y la dualidad onda-partícula también existe en los ríos y en los centros comerciales. No es casualidad que los rayos en una tormenta eléctrica se parezcan a las neuronas y a la última foto que subí a mi Instagram. La termodinámica está incompleta y el experimento de la doble rendija puede ser constructal. Los ecosistemas son redes neuronales y su intercambio material y energético está regido por un componente real (exergía) y un componente imaginario que depende del observador y su funcionalidad sistémica (emergía). La contaminación puede ser entendida como quantums de energía que no pueden ser reintegrados al ciclo adaptativo y por tanto se convierten en ruido. La acumulación de capital y poder opera de forma similar a la gravedad y, por tanto, demasiada acumulación crea agujeros negros que impiden que escape la luz-conciencia. El Demonio de Maxwell es la Conciencia. El suelo es un horizonte de suceso, un amplificador de ondas-partículas. La Ecología y la Economía pueden ser unificadas a partir de la Física Cuántica. Deben ser unificadas. ¿La identidad de Euler tiene algo que ver en todo esto? Es claro que phi, euler, pi e i son números muy importantes en la naturaleza, pero... ¿la identidad de Euler tiene algo que ver? 

Debo ser claro y honesto conmigo mismo y con el proceso. Los secretos que me ha revelado la naturaleza, en su mayor parte, solo son conjeturas. Algunas las puedo sustentar muy bien de forma observacional y con literatura científica. Otras son sospechas, golpes de intuición, ideas producto de mi imaginación, imágenes que he podido dilucidar a partir de las fichas de un rompecabezas que aún no termino de armar y cuyas piezas no he terminado de encontrar. No he logrado respuestas definitivas, solo preguntas más significativas, nuevas dudas que no me dejan dormir por las noches, nuevos experimentos que logro efectuar en el mundo onírico, pues al parecer estoy aprendiendo a usar mis sueños como laboratorio. Nikola Tesla estaría orgulloso.

No he llegado al final del camino, apenas lo he encontrado, apenas estoy empezando a transitarlo. Este camino es por lo que he estado luchando los últimos cuatro años de mi vida. Quizás desde mucho más tiempo atrás. Es un sueño hecho realidad. No. Es incluso mejor y apenas está empezando. Se viene otro mundial. Vendrán nuevos saltos al vacío, nuevas decisiones estúpidas y riesgos necesarios, nuevas apuestas. Pagaré mis deudas y seguiré jugando al todo o nada, se me dan bien las apuestas all-in. Sueño con alzar la Copa.