sábado, 30 de noviembre de 2013

Día 1: De bruces en la propia tierra

Baja de su nave. Carga consigo todo el peso del Universo que minuciosamente se ha dedicado a explorar durante solitarios años. Sus ojos se resisten a aceptar el brillo de la tarde, su piel enrojece, todo su organismo rechaza el calor solar, sus cabellos se resisten a ser despeinados. Pero su espíritu (si es que acaso existe tal cosa) ha esperado con obligada paciencia este momento; obligada por el confinamiento insoportable. Trastabilla y con ansiedad recorre el horizonte con la mirada, sus ojos aún entrecerrados encuentran un pequeño prado. Se dirige hasta allí, saboreando cada torpe paso, disfrutando el olor de la tarde y la sinfonía de los árboles. Acaricia el pasto y se deja caer de bruces en la tierra, en su propia Tierra. Está de nuevo en casa.


Mis primeras incursiones en la literatura fueron más bien fortuitas. Cuando empecé a escribir, lo hice porque de alguna forma quería darle un orden a mis ideas, tener un registro de los sucesos importantes en mi vida y arrebatárselos a la tiranía del hipotálamo. Con los años, uno suele olvidar ciertas cosas, incluso cosas que uno no quiere olvidar. Ese fue el objetivo inicial de mi primer blog, ser una especie de bitácora del capitán (donde la nave piloteada es mi propia existencia). 

Fue con el paso del tiempo y por procesos a los que aún no logro encontrarles lógica alguna, que me lancé a las aguas violentas de la creación literaria. Cuando menos me di cuenta, mi segundo blog (que empezó con la misma intención del primero) se llenó de cuentos, relatos cortos, experimentos narrativos, e-te-cé. Ha sido un proceso que me ha ayudado a crecer como persona más que ningún otro en mi vida, tal vez desde mis épocas de futbolismo adolescente (ahora me doy ciertas licencias para deformar el idioma). Pero ahora mi blog es de dedicación exclusiva a la creación literaria, cualquier otro tipo de entrada allí simplemente desencajaría. Tengo también ciertas expectativas con él, ya no me atrevo tanto a experimentar como lo hacía hace unos meses. No me pienso dar el lujo de publicar una mal entrada allí. 

Pero... ¿Qué hacer?

Crear un nuevo blog, sin presiones ni expectativas, sin alardes ni miramientos, un lugar donde pueda escribir libremente, practicar con confianza y frecuencia, mejorar en mi oficio. Un campo de entrenamiento donde pueda hacerme bueno en una actividad que, de a pocos, se ha convertido en el leit motiv de mi vida. Así que aquí está mi nuevo espacio; es un poco volver a los inicios. Mi idea es escribir tantas veces como pueda, tal vez diariamente, sobre temas variados, cotidianidad, básicamente cualquier cosa.

El cliché dice que la práctica hace al maestro, y pienso que este es el momento para dejarme guiar por uno o dos clichés. No voy a dejar de escribir  En fuera de lugar; al contrario, creo este espacio para escribir mejor allá. 

Aquí estoy, de bruces en mi propia tierra.